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jueves, 8 de enero de 2015

Me cago en el hombre



BANSKY

Hace 25 años yo quería ser periodista. Hace 30, escritora. Hace 35, feliz. Está claro que las expectativas que tenía de mi misma fueron decreciendo hasta que cuando contaba con 41 decidí invertir el orden de los factores para que me cuadrara mejor el resultado y el presupuesto. Hoy escribo para ser feliz entre otras cosas. Mi padre me presentó a dos personas que habían estudiado la carrera universitaria de periodismo y trabajaban de otra cosa. Uno de fotógrafo en un medio que odiaba. La otra de profesora en un módulo que no la hacía muy feliz tampoco. Les conocí y me pegó un bajón como dicen hoy en día que no veas. Si me pasase hoy le metería un block a mi padre que se iba a enterar y luego le desbloquearía pasadas las 24 horas de rigor porque le quiero mucho y aunque lo hizo por mi bien, por eso de "conoce la realidad que te espera", el hablar con esas personas fue un antes y un después en mi decisión de estudiar Ciencias Exactas en la Autónoma de Madrid. Vueltecicas que da la vida.

Esta mañana de enero, heladora como pocas en los últimos meses, pero como casi todas las mañanas de enero de mi vida, me he levantado con el alma en los pies y con el corazón agujereado por la pena. Todo lo atrasado lo he pospuesto más aún. Y me he ido a picar cebolla. Y dos ajos. Y un pimiento verde. Y tres tomates. Y con ese aceitico bueno genuino de Jaén me he puesto a sofreirme la congoja. Mientras meditaba mirando la sartén he escrito este texto. Ahora toda la casa huele a lentejas haciendo chupchup mientras intento conjurar a los lobos de Caperucita para sacarla feliz de la casa hacía el bosque antes de que se vaya a trabajar donde Willie Wonka.

Yo ya no creo en Dios. Ni en el de aquí ni el los de los otros,claro está. Ni un poco. Ya no me duele ni me saca los colores. Ya no me justifico ante los míos porque antes creyera y ahora no. Ya me importa un comino. Si hubiera puesto de título "Me cago en Dios y me llevo dos" aparte de plagiar a una tuitera que se llama Sor Furcia, hubierais empezado a leerme de otro ánimo. Con más o menos enfado u ofensa o risas en la boca.

Yo hoy no me río. Y eso es una pena. Ayer mataron a 12 personas que dibujaban, creaban, opinaban, voceaban, trabajaban y respiraban por nosotros. Al menos por mi lo hacían. Por eso me siento tan tocada hoy. Tan próxima a ellos. A los que les lloran. A los que se rebelan. A los que sacan la lengua por el culo ante la nueva barbarie del hombre. Y muchos son capaces de volver a hacer humor para mostrarles a los monstruos terrenales que de todo nos podemos reír. De absolutamente todo. Y ¿sabéis por qué? Por que la risa no mata. La risa eleva y hace eco hasta más allá de la existencia. Porque esas personas no están pero sus seres queridos siempre sonreirán al acordarse de ellos. Porque lucharon por la libertad de todos nosotros. Para que yo pueda decir me cago en Dios y quedarme así de ancha. Como si me hubiera tragado dos.

Dice el cómico Ricky Gervais "Toda persona tiene derecho a creer lo que quiera.... Y todas las demás personas tienen el derecho a encontrarlo ridículamente estúpido". Brindo por ello. Por mi derecho a discernir. Incluso por el tuyo a no compartir mi texto. Y si te ofendes al leerlo, como decía Rhett Butler "Francamente, querida, me importa un bledo".

Amen. Siempre. Sin tilde. Y... nos vemos en los bares.  



domingo, 23 de noviembre de 2014

Domingo castañero


El escribir relajando las yemas desde la cama con el portátil entre las piernas le da mucho gusto a sus orejas, si, pero más gusto le da a mi muslamen. Esta mañana ha empezado 4 horas antes de lo previsto. No he descansado en el sobrevalorado sueño pero si en mi ninguneada mente. ¡Pam! me han hecho los ojos. ¡Pim! me ha hecho el corazón. La he buscado, la he hallado y me he lanzado a la ducha sabiendo que podía adelantar la cita con mi pixtu vascuence una hora más.

Todo se engalana en castaño la mañana de mi domingo de otoño. Al llegar a la plaza se me ha acelerado el pulso cuando he recordado el mini doctorado a la hora de dar abrazos. Corazón con corazón no basta, doctor. Los abrazos hay que darlos con el alma y esperar como lluvia en mayo que vuelva otra alma en retorno con ellos. Me acordé del martes. Dos veces pisé la plaza de la castañera, dos veces me saltó la tripa en caliente. La primera con media docena de castañas calentitas para mis dedos helados, dos boniatos dulces para mis huesos y una patata asada y no cocida para variar. La segunda con una lección de sonrisas y una propuesta de cervecita en terraza indiscutible. Barcelona se regala en noviembre y a mi este noviembre se me viene muy regalón.

Al doblar la valla que protege las obras del carrer de los abuelos fisgones he intuido las aspas de El Molino y la he buscado con los ojos ¿Dónde está mi castañera? ¿Dónde, que no la veo? El agua le salpicaba las piernas mientras frotaba un boniato contra el otro. Con razón me supieron tan ricos al inicio de la semana. El frotarse con amor es lo que ganas. He pensado en llevarme más de todo por el gusto de mirarla a los ojos y decirle buenos días! con entusiasmo pero no puedes presentarte a aperitivear con unos boniatos envueltos en noticias de diario bajo el brazo

¿Porqué no? ¿Porqué no se puede lo que no se puede? Lo único que no podemos hacer es aquello que nos vemos incapaces de afrontar. Por el resto de las cosas terrenales, de la tierra media y de más allá del muro, lo único que nos incapacita para actuar es el no querer.

Piénsalo otra vez cuando te cruces en verde con mi sonrisa. Qué gusto que me devolvieras la tuya.

Buen atardecer. Fargo me espera con displicente y frío acento invernal. Love it. Allá vamos. 

  

jueves, 13 de noviembre de 2014

El escorpión y la ranita verde


Ayer entró Monseñor Ricard (nombre ficticio para preservar la intimidad del personaje) en la tienda. Una de las múltiples cosas que hago en la vida es ser la feliz asistente de Willy Wonka en su fábrica de chocolate (no digo nombres por contrato). Venía acompañado por un pequeño monseñor en ciernes. Los dos muy señores "bien" de mi Barcelona. Los dos con una planta que ya quisieran muchos productos de Adoptauntio. Le saludo muy educadamente, porque una lo es, porque a una la pagan por ello y porque no tengo sangre de ser displicente con él y mira que a veces salen ocasiones y temática social para serlo. Mr Wonka aparece y les saluda alegremente.

En un momento dado se dirige a mi y empieza a comprar. "Es mi cumpleaños" le dice a mi Willy. Yo,pensando en las musarañas me digo "Vaya, Escorpio". "Si" se gira interesado él. "Ya, ya lo parece". Y ahí decide hacerlo. Me la clava y me lanza "¿Y como lo sabes?" "Conozco muchos Escorpios". Se me caen los pequeños Willy Wonkas por el mostrador. Decide no clavarme de más y suelta una risotada. "Y vaya como los conoces" A partir de ahí no doy bola hasta que se van. Mr Wonka saca cava. Brindamos y yo ya parezco un ratón de campo. Monseñor se ha dedicado a pastelear conmigo con un morro que no veas. Pienso "Este cura tiene muchos tiros pegaos" y que Dios me perdone, que seguro que me lee que para eso está en todas partes.

Sagitario es otro que se las trae. Pero Sagitario te dispara y aunque siempre acierta no te remata. Demasiado compasivo. Le salva la parte caballar del centauro. Puede dejarte escapar arañada. Dolida. Incluso indignada. O tocada en herida mortal. Pero te deja escapar. Escorpio no. Escorpio te clava y te mata. Te clava y disfruta en ese segundo en el que lo decide. Puede que no quiera clavarte, que no le intereses lo más mínimo, entonces, Escorpio pasará a tu lado totalmente indiferente. Eres de cristal. Peor aún. Eres de viento. Pero ay! si le interesas un ápice allá irá con toda la caballería armada. Hasta que caigas si o si. Con su fuerza, su inteligencia, su verdad y toda su pasión. ¿Entonces porque después de clavarte te mata? Bueno, es la historia de la rana y el escorpión. Él le pide a ella que le ayude a cruzar el río porque no sabe nadar. Ella se resiste pero poco. Es una pobre rana desgraciada. Hace un último intento de queja "Si te cruzo me matarás" "Si te mato me ahogo" sentencia él. Ella le cree. Le carga a sus espaldas. Empieza a nadar. En mitad del río siente el aguijón. "Pero.... ¿Porqué lo has hecho????" Solloza hundiéndose. Mientras él se ahoga le dice "No he podido remediarlo, preciosa. Está en mi naturaleza"

Ir mirando por las aceras esos ojos de fuego. Seres anodinos en apariencia se transforman en lo más oscuro y lo más maravilloso del universo. Que os lleguen alguna vez. La clavada en el alma indica que eras una ranita que estaba viva. Menos mal que las libras somos Ave Fenix y yo además tengo un ascendente fantástico que me protege cara a la galería. Soy Escorpio.

Feliz y maravilloso jueves de en medio

sábado, 8 de noviembre de 2014

Mis amores, sin spoilers


Heidi, Marco, Galáctica, Norte y Sur, V (la original), Anillos de Oro, Verano Azul, Falcon Crest, Sensación de Vivir, El Equipo A, El príncipe de Bell Air, Twin Peaks, Canción triste de Hill Street, Corrupción en Miami, Juncal, Rosseane, Los Simpson...

Cada una de ellas me transporta a una especie de capitulo de Cuéntame (jamás he visto esta por cierto) entre 1978 y los 90´s. A un sábado mañanero desayunando galletas Maria en un vaso con colacao o una tarde de diario. Al momento en el que la repusieron o a la primera vez que me impactó. A la música de inicio y la música de transición. A el gusto de ver con quien las veía, o con quien las comentaba. A si a mi me dejaban ver más allá del primer anuncio o si, por el contrario, en Hill Street Blues, me mandaban "alacama". 

Friends fue la primera seríe que empecé a ver en grupo. La primera serie con la que usamos las cintas de vídeo para grabarla en vez de grabar peliculas. La primera que volvimos a ver y remirar cuando las series se miraban y no se visionaban. La primera que daba igual que capítulo daban, de qué temporada ni en que orden. No importaba que Rachel y Ross "were taking a break" o aún no se hubieran dado ni el primer beso. Si Chandler estaba con Mónica o con "ohmygod" Janice. Si Phoebe y Joey tomaban café en el Central Perk Café. Recuerdo las múltiples risas con Patricia Gomez Serrano en nuestra casa de Padilla cuando se presentaba con los DVD´s comprados en la FNAC bajo el brazo y hacíamos sesión maratoniana de temporadas enteras. Nunca pensé que una serie me iba a gustar más o enganchar tanto. Jamás. Nada lo superaría. Fue mi primer amor de adulta. No era plenamente consciente que algún día dejaría los thirtysomething atrás y que siempre hay gente soñando. Gente como yo. Gente que no muere ni desaparece. Siempre hay más luz al acabarse el túnel. Siempre hay creadores.

Empecé a ver Lost por Robert Sancho. Eduard ya lo veía desde hacía un año en momentos del día que yo trabajaba mucho, pero ¿un avión que se cae en una isla, no mueren todos, no los localizan, humo blanco, y un oso ¿polar?, y de verdad que los tíos están muy buenos te va a encantar? No pensaba ver esa mierda. De burra que me puse me negué a verla incluso después de haber visto por aquí y por allí fotos de Sawyer (the gretest mother fucker alive on earth!,coño tenía que decirlo). Pero un día hablando con Robert, super fan de Friends, se atrevió a decirme que Lost era mejor. ¿Queeeeeeeeeeeeee? Y la vi en una reposición de Cuatro, un verano, todo del tirón cuando iban por la tercera temporada. Carmen y Fernando ya se bajaban los capítulos en inglés antes de que los estrenaran en España. Nosotros no. ¿Qué es eso de ver series en el ordenador? ¿Estamos locos o que? Lloré lo indescriptible en varios momentos de aquella serie, pero siempre tendré en la memoria a Sawyer y Juliet delante de la maquina de las chocolatinas. Mi pareja favorita. Lo he buscado en el bendito youtube para escribir este post y me he vuelto a pegar un panzón de llorar.  

Me negué a ver más series y disfrutarlas. Rollo duelo en negro por un marido muerto. En plan viuda fiel decía que no a unas y otras hasta que me encontré con un amigo y su "Tienes que ver Breaking Bad". ¿De qué va? Un profesor de química que le diagnostican cancer y el seguro no le cubre el tratamiento y se pone a cocinar meta para traficar con ella. WTF?. Me niego Carlitos. Yo esa mierda no la veo. Y en fin. Super fan de Walter White y Jesse Pinkman. De BB me gustó hasta el pollo de los pollos hermanos siendo vegana, la música, la meta azul,las muertes locas y sin sentido, las recaidas de Jesse, mi adorado Mike, la mujer estúpida,vaya no lo es tanto, el HP de W.W., la coñoneta (parafraseando a Quentin) para cocinar, el color lila de Marie, la colección de piedras de hank, el dinero cocinandose y evaporándose, el bacon troceado en el desayuno del día del cumpleaños y la mosca. Me encantó hasta el delirío el capitulo de la mosca.

Le guardé un luto de exactamente un mes y me enganché con Juego de Tronos. Ahora me creo que soy un día Ayra Stark y al siguiente Tyrion Lannister who always pays his debts. Pero me durará poco. Tengo a fargo en la recámara y tantas otras. 

Bienvenidas a mi, amores de mi vida. Le dais esa salsa a los sábados tarde en el futbol. Poder discutir con Robert sobre si Daenerys Targaryen, la mega Khaleesi, encierra de por vida a sus hijos dragones como castigo o para matarlos y que él lo dude y lo tenga que buscar en google no tiene precio.

Que vengan muchas más. Cómo los amores. El corazón no se agota de disfrutar. Demosle cancha. Winter is coming!

Foto robada en el Face de Albert Traver Garriga un día que se volvió loco porque vió cinco moscas del tirón

miércoles, 26 de febrero de 2014

El cine, mi vida


Una tarde invernal mancuniana típica y gélida de 1997 caminaba con mi amigo Diego De La Guardia por Oxford St y me dirigí sin dilación hacia el Cornerhouse. "Chacha, ¿donde vas? no es por ahí" "Pues al Cornerhouse. Claro que es por aquí" "Wonderpretty, bonita, Titanic es de Odeón, no es de Cornerhouse" "Ay, Diego, yo pensaba que tú eras de Cornerhouse y no de Odeon" "Nadie es perfecto linda". Me guiñó el ojo, me puso esa cara sonrisona que sabe hacer taaaaaan bien el maldito y para Cinemas Odeon que nos encaminamos yo arrastrando el alma y los pies y él saltarín y resoluto encantado de la vida de ver al Di Caprio. Me reí mucho. Me gustó cero pelotero. Pero estaba pasando la tarde con Diego y su alegría contagiosa y, a veces, no se le puede pedir mucho más a una tarde de invierno en Manchester.

El Cornerhouse fue mi vida cálida y cultural durante los fríos años que pasé en Inglaterra. El sonido Mancunian del que tanto se chotea mi amigo Ivo estaba en su momento más floreciente pero nunca he sido de ir sola a bares musicales o conciertos. No tenía ni una pound de normal. Y si tenía alguna iba destinada íntegramente al cine. Hice piña con los incondicionales del bello edificio (se rumoreaba que antigua casa de putas) reconvertido en cine y nos empezamos a citar para ver cine-cine. En versión original. En sonido y olor original. Sin putas palomitas. Compartiendo previo a la película un te con un carrot cake en la planta de arriba cuando el dinero se podía estirar o tenías una cita con ese chico que te gustaba tanto o esa amiga que te querñia regalar conversación. Mis acompañantes a todo tipo de emociones y películas fueron Mario Yarto, Kris Garate, Marco Aurelio Cristancho Ardila (ese nombre-hombre inolvidable) Xavi Bech de Careda y mi hermana Cris, pollico, Cruz. Recuerdo entrar muy emocionada el estreno de Trainspotting, no entender una mierda del inglés y salir casi llorando pues llevaba mil años viviendo pegada a escocia, joder. Recuerdo los "Spanish Film Festival" donde durante una semana nos ponían las películas patrias, las de estreno de ese año y clásicos también. Comprábamos el pase semanal y echábamos la tarde entera (sobre todo Mario y yo, los demás no se tragaban tantas películas sin importar el tema, solo por el gustazo de hacerlo). Una tarde hicimos una mes redonda con Fele Martinez en la cafetería del Corner. Éramos diez personal. Acabábamos de ver Los amantes del cirulo polar y yo estaba literalmente loca de atar por Fele. Mi novio, inmortalizó aquel momentazo revelando la foto muy a regañadientes. Aún hoy mi cara es sencillamente indescriptible. La de Fele es de angustia vital tras el chorreo de preguntas de fan loca que le solté minutos antes. 

Esta mañana me he encontrado con la foto que ilustra este post en la revista que recibo cuatrimestralmente de Triodos, mi banco. Y el corazón me ha hecho bum en la barriga. Es Enric Pérez. La mirada que veis aquí es la misma que vi yo cuando le conocí. Pasión por el cine. Pasión por su trabajo. Amor y disfrute. Cuando llegué a Barcelona detrás de mi amor fotógrafo me instalé en una ciudad fría, desconocida y sobre todo no muy amigable. No conocía a nadie. No tenía mi pandita de Corner para ir a ver cine. Tenía unos horarios anormales para los mortales corrientes pues trabajaba en la recepción de un hotel. Tardé muy poco en sacar cabeza y averiguar donde estaban los Renoir Cuatro Caminos (Madrid) y Cornerhouse (Manchester) de mi vida en esa nueva ciudad. El barrio de Gracia me conquistó por la calle Verdi. El Verdi (sobre los Renoir de Floridablanca o los Icaria de la Villa Olimpica) me conquistó por dos motivos. Pertenecían a Europa Cinemas (como el Corner) y me regalaron la anécdota más cálida y bonita de mi primer año de vida en Barcelona.

Me dirigía al cine sin saber lo que echaban. Paseaba por el hall y recogía las preciosas hojas (ahora ya no te las puedes llevar con lo que me gustaba coleccionarlas) que explicaban el argumento, entrevista al director, filmografía, datos curiosos, influencias externas, de las películas en exhibición. Me iba al bar de al lado y decidía cual iba a ver.  Una tarde un hombre deambulaba por el carrer Verdi. Parecía alguien como yo. Alguien que va solo al cine y hace tiempo disfrutando en las cercanías de la emoción de la anticipación del disfrute cinematográfico. Entabló conversación conmigo y me acabó preguntando que como es que iba sola al cine. "¿No tienes ningún chico que te acompañe?" Preguntó risueño. Yo le contesté que al cine iba sola porque quería y que no necesitaba de nadie para disfrutarlo. Muy en mi estilo estúpido cuando una pregunta me pilla con la guardia baja. Aquel particular día me sentía muy sola en Barcelona y ese chico no había querido ir conmigo. Sonrió y me dió dos entradas. "Toma. Para cuando quieras venir con alguien. O para venir dos veces más sola" La película que yo estaba por ver empezaba ya y me tuve que precipitar dentro del cine. Él se quedó fuera y retrocedí para preguntarle a la taquillera "Perdone, ¿Quien es ese hombre?" "El propietario de los cines" contestó sonriendo ella.

Volví dos veces sola con aquellas entradas. Me lo encontré tres o cuatro veces más. Hablábamos o nos saludábamos. Me dió un par de entradas más alguna vez. Y luego, los novios, el niño, la vida, me fue alejando de ese cine. Este verano he vuelto a ir cuatro veces con  tres personas distintas y una vez sola. Inaguré mi retorno a los Verdi con la maravillosa Searching for Sugar man, tan grande que volví un mes después acompañada para volverla a disfrutar con un amigo. ¿Carisimo el cine? Lo carisimo sería quedarme sin el amor que saco de cada película que ha iluminado mi vida desde esa y otras pantallas

Feliz de volver a estar. Feliz de ser. Feliz de haber vuelto a estar y ser. Gracias por leer, disfrutar de los miércoles de en medio de las vidas.   

Foto de Enric Pérez sacada de la entrevista http://www.triodos-elcolordeldinero.com/entrevista_det.php?id=11

viernes, 24 de enero de 2014

Free for lance and for love


Etimológicamente hablando, la palabra freelance (o freelancer), deriva del precioso término medieval inglés free-independiente y lance-lanza aplicado a los mercenarios. Es decir, caballeros que no servían a ningún señor en concreto y cuyos servicios podían ser alquilados por cualquiera.  Hoy en día significa exactamente lo mismo. Tan orgullosa de ser uno de ellos que estoy por tatuarme la palabra sobre las tetas con letras góticas.

Los freelance y los mercenarios siempre han sido mirados con desprecio por los asalariados y los fieles a los amos. Se han creído mejores que nosotros porque su amo, el dinero, venía de un solo destinatario mientras el nuestro nunca se sabía de donde venía. ¿Qué es lo mejor de mi condición? Las cuatro primeras letras. Ese free se traduce en poder decir que no. Con todas las consecuencias, con todos los riesgos, sin saber lo que hay mañana, en caída libre por supuesto, sin paracaídas. El ser temerario y audaz no ha tenido ninguna recompensa en la sociedad. El ser valiente y decidido solo conlleva resquemor y odio por los que no lo son, pero, ¡ay!, y tanto que lo quisieran ser.  La recompensa de la audacia es personal, privada e intransferible. Ni siquiera la pareja te acompaña. Ni los hijos. Ellos no quieren patear aeropuertos y hangares de autobuses. No quieren empujar a 2.200 personas dentro del Museo Nacional de Arte de Cataluña, darles de comer y beber, divertirles, obligarles a hacer una absurda flashmove, despojarles de sus abrigos, volverselos a dar dos horas después sin perder ni uno y sacarlos planchaos en los autobuses correspondientes a sus hoteles antes de la medianoche para que a las 07.00 am del día siguiente estén listos para batalla en la Fira 2, la de Gran Via, no la otra.

Sólo te comprende otro freelance. Otro que tenga la sangre como tú. Roja. Si es de horchata no aguanta un World Mobile Congress en Barcelona con 75.000 asistentes. Ojos de halcón. Corazón de águila. Piernas de potranca. Garras de pantera y corazón de pan. La cabeza normal. No tienes que tener el cerebro de un ingeniero de la NASA ni falta que te hace. Pero todas las demás cualidades son exactamente igual de necesarias, justas y obligadas.

La energía la sacas de la experiencia y de los compañeros. Sin esos mercenarios locos como tú situados a tu costado más débil no eres nadie. Cada batalla son diferentes. Unos vienen y otros van. Unos valen más oro que otros. Unos te ganan por el pan del corazón y otros por sus garras. Todos son necesarios ante la avalancha de dos aviones con grupo de ucranianos y rusos coincidiendo en tiempo y espacio en la estrecha linea de conductores de la T1- La sonrisa de los ojos de mis mercenarios son mi aliento. Por esa sonrisa y la promesa de 20 minutos compartidos en la cantina entrego gustosa mis 12 horas de rigor del puto full day del aeropuerto.  

Hoy estoy en el sofá después de diez días del tirón. Pensando en qué no hacer para recuperarme de tantas horas de desgaste físico, intelectual, emocional y neuronal. Tantos desajustes de horarios. Tantas comidas escasas y abundantes. Tantos nombres y tantas caras. Tanta sociabilización impuesta. Tanto ir y venir. Tanta exposición buscada y encontrada. Tantas subidas y tantas bajadas. Tanta alegría y tanto cansancio. Es el reajuste a la realidad cotidiana, el volver a ser persona humana después de diez días de Superfreelancemasterdelputouniverso. 

Som la polla, que diría aquél.

Dedicado con mucho amor a todos los que son, los que van y los que vienen y en cariño particular (sin menospreciar a nadie) a mis favoritos por carácter afín que ellos saben los que son por que yo lo soy de ellos y en el humor y las heridas de guerra y amor nos reconocemos. Deseando que llegue WMC para morir por Samsung y por Ericsson

Fotografía tomada por mi en el aeropuerto la semana pasada. Es amor del clásico y bueno. Sin alardes y con silencios. Con detalles como las galletas veganas y los buenos horarios. Como asignar y ceder en turnos, compañeros de servicio y hoteles. Amor de la T1. Porque los freelance, aunque no nos casamos con nadie, también amamos.

Feliz fin de semana merecido.

domingo, 1 de diciembre de 2013

High Fidelity en el corazón


Se plantea el elocuente Nick Hornby en su libro "Alta Fidelidad" a través de Rob, su protagonista, si la melancolía que siente en su vida es debido a las canciones que escucha o elige ese tipo de canciones porque es un melancólico incurable. Añade:

"Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgraciadas que yo he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop."

Nos va el rollo. A los compositores, cantantes y escritores y a los oyentes y lectores. A los románticos y a los que van con el corazón en la mano. "Es lo que hay mamá" me diría mi hijo Luc. 

Tengo un hijo adoptado cibernéticamente que ronda los veinte y vive en Argentina. Alexis me llama "iberomadre" y nos adoptamos mutuamente una tarde/noche de mi verano y su invierno.  Entre Alexis y yo hay 5 horas y 2 estaciones del año de diferencia con lo que nos comunicamos, edad, jerga hispánica y generaciones aparte, en dos universos un poco paralelos, tan distantes y cercanos como cualquiera de los dos queramos. Alexis es músico y es un romántico empedernido. Es de esos que cualquier madre querría para su hija. Cualquier hija de veintitantos querría de mejor amigo. Y cualquier mujer de 30 o 40 mataría por conseguir como amor de su vida (una vez que él hubiera alcanzado, o casi, esa edad y siguiera siendo exactamente igual que cuando rondaba los 20 solo que un poco más maduro). 

Lo que puedo hacer como iberomadre, ya que a mi me escucha y, supongo a su madre biológica no, aunque muy probablemente ella ronde mi edad, es quererle y quitar hierro al asunto. Quererle es muy fácil. Por lo que veo en sus interacciones con los demás navegantes cibernéticos, es un bombón de niño. Con grandes amigos, divertido, rápido en la palabra, respetuoso e inteligente. Lo mejor de todo su gran corazón. Y de remate: No le importa que los demás le vean el corazón.

Cuando está eufórico lo muestra. Cuando está hundido lo muestra. En los dos casos sin grandes aspavientos ni pena excesiva y ni gratuita. Es un tierno y cuando son las 3 de la mañana y está escuchando la radio porque no puede dormir y de repente suena esa canción y piensa en ella y se quiere morir, entonces, va, y nos lo cuenta. Lo comparte de un modo exquisito. Te hace sonreír. Te hace partícipe. Te acuerdas de ese mismo y reconocible dolor en forma de punzada que te rajaba las entrañas cuando tú tenías 20 años.

Un día comentó que jamás podría volver a oír una determinada canción sin pensar en ella para el resto de su vida. Sonreí acordándome de instantes en mi vida en los que había pensado exactamente eso. "Vaya, ya se me jodió esta canción para los restos de los restos". Sin ir más lejos este año en el que musical y emocionalmente hablando he estado melancólica en extremos de vomitar pensando en mi misma. Tan pesada con ciertos discos a los que, tras el paso del invierno y primavera, ahora 6 meses después puedo empezar a plantearme en rescatar. O no, a lo mejor aún es pronto, pero sé que podré. Y sonreiré. Porque cuando pasa el tiempo y te superas a ti mismo y a tu tristeza, entonces esas canciones que asociabas a una persona y un tiempo duro se convierten en diamantes que representan tu poder sobre tú propia melancolía. Al fin y al cabo los hechos siguen iguales, esa persona te hizo sentir en aquel momento realmente miserable, pero el aderezo de pena lo puso tu mente junto a una banda sonora determinada.  Al superarlo, esa banda sonora llega a hacer, tiempo después, que una sonrisa y una paz suba de tu corazón a tu boca. Y vuelve a ser maravilloso escuchar a ese autor con todo tu corazón entero otra vez.

Los escritores y músicos hacen lo mismo con sus obras. Alexis lo hace de modo anónimo hacía su amada. No se quien es la niña de sus suspiros. Supongo que o no es de su circulo de amistades cibernéticas o ella desconoce el dramón que lleva él por dentro. El caso es que a mi me encanta que lo haga. Te identificas, él se alivia y desde mis 40 puedo decirle diciendome: no pasa nada Alexis, tendras amigos, tendrás amor, tendrás amigos....

Feliz domingo melancólico y musical. Por cierto, ahora estoy oyendo de la mano de mi hermanica Cris a Jack Johnson y su nuevo disco "From here to now to you" que es un pastelico, la verdad, pero me encanta....

Gracias por leer

Fotografía tomada de la página web http://www.ramiroelena.com/presentacion


jueves, 26 de septiembre de 2013

El tremendo encanto de lo sencillo

Comiendo con mi siempre amado amigo Xavi salió a colación lo simple. “Perdona” se interrumpió así mismo en la conversación “Quise decir sencillo”. Le sonreí. Me sonrió. Añadió: “Lo sencillo no es siempre simple. A veces es bastante complicado de conseguir”.

Conseguir. Desear. Anhelar. Atrapar. Las canciones más hermosas y conmovedoras son aquellas que sencillamente te tocan el corazón o la parte inferior del vientre, donde nacen las mariposas.  “Give peace a chance” (Dad una oportunidad a la paz) no puede ser más sencillo, pero, es obvio que no es simple. Treinta años después de escrita siguen sin hacerlo. No le dan la oportunidad. Las películas, los cuadros, las emociones, las personas, las matemáticas, la gastronomía…. El dos y dos son cuatro. Si, pero no siempre. Si, es verdad, pero cuando son solo cuatro y nada más (y nada menos) es una autentica maravilla. En ese cuatro descansas. Confías. Te relajas. Disfrutas de la neutralidad. Del ser y del estar. De que sea una roca. De la estabilidad. No es a veces tres y otras cinco. No. En el sencillo sistema decimal, dos más dos siempre serán cuatro. Sencillo y nada simple.

Conversábamos Xavi y yo, que hacía casi un año que no lo hacíamos cara a cara en una cafetería cercana a Paseo de Gracia, de este tremendo 2013 para cada uno de nosotros.  Él ubicado en su India donde cada día se despierta pensando ¿Qué pasará hoy?  Yo plantada en mi Gavá descubriendo en el pueblo nuevos rincones con flores lilas.

A mí me ha pasado que, con toda la vorágine de acontecimientos soportados y provocados, ocurridos sin orden ni concierto, a veces como auténticos maremotos, y otras como una perfecta calma tras la tormenta de una manera que no podía ser otra y sino esa; me ha pasado, pues, que lo sencillo ha sido el único nudo de desenlace. Lo complicado se me atascaba. Lo farragoso se ponía cuesta arriba. Lo que era fuego, desbarataba. Lo que brillaba como acero, dolía. Lo que se prometía oro, fue hojalata. Pero al final, al descansar y cerrar los ojos, la madera resultó ser eso: Madera. Las manzanas, manzanas y las peras, peras.

Una manzana es muy sencilla. Crece en cualquier parte. De mil variedades y formas. En todos lados hay manzanas. Las hay insípidas. Tontucias. Brillantes pero secas y sosas. Rojas engañosas. Arenosas. Ácidas y cabronas. Pequeñas y mezquinas que no dan su zumo a torcer. Pero, ay!, cuando una manzana te sale redonda…. Se te planta en el bajo vientre, allá donde nacen las mariposas y quieres que sea eso, una manzana. Que te refresca desde el primer mordisco. Y te sacia al acabarla. Y te llena de agua. 

Y cada bocado está más bueno que el anterior. Y te comes la piel y las pepitas y hace falta. Y no se te clava en las encías. Y te hace clack en la boca y en la cabeza. Y, lo mejor de una manzana, es que no va de piña tropical. Una manzana es una manzana y encantada de la vida de servirte. No te la comas con mucha ansia o te sentará mal. Pero, ahí no es la manzana. Ahí eres tú. El tempo de lo sencillo, su deleite y paladeo no corresponde a la manzana. Corresponde a quien la recibe. Siendo un regalo tan perfecto solo puedes actuar de un modo. No lo compliques. No lo analices. Disfrútala. Mañana no tendrás manzana. Habrá otras. Otras frutas. Mañana quizás ya no estés tú.

Be nice. Be easy. Don´t be simple (Se amable, hazlo fácil, no seas simple). Feliz jueves de pecado.   

martes, 2 de julio de 2013

El árbol de la vida


Al empezar a escribir este post en mi corazón hace unos días pensé en dos imágenes muy recurrentes para mi en este 2013. Una era "el Megane en la puerta". La otra era "El árbol de la vida". Creo que el público en general entenderá mejor el símil del árbol que el del coche y, honestamente, el cuadro de Klimt, a mi, me quita la respiración.

Cuando nacemos las ramas de nuestro árbol están muy cercanas al tronco y muy poco ramificadas. Por muchos familiares que uno tenga nuestros contactos con el mundo externo son las ramas de los otros. Básicamente de nuestra madre y de nuestro padre. Mi hijo Luc tuvo que ir a la guardería el día que cumplió 4 meses de vida. Tuvo que ir porque le llevé yo. Él jamás se hubiera separado de mi si le hubieran preguntado. Aún hoy me duele el corazón al pensar en aquél día que le dejé. Cómo el destino es mágico (a mi madre le pasó lo mismo conmigo, me dijo ella) quiso a bien regalarme a Luisa Rodriguez Tejero. Luisa fue la primera rama fuerte en la vida de mi hijo. Durante todo aquel primer año ella fue la mujer que me sustituyó en el corazón de mi hijo cuando yo no estaba. Tantas horas pasaba con ella que pensé si la llegaría a querer más que a mi. Mi cosmos quiso que Luisa fuera una sonrisa primero y muchas caricias después. Que fuera firme y divertida. Que tuviera carácter torero y alma gitana. Que me aconsejara de nutrición mejor que mi propio médico. Que se enamorara de Luc. Que fuera yo en morena y que conectáramos desde el primer día en que nuestros ojos y nuestras sonrisas se cruzaron.

Hay gente a la que amas sin saber porque y sin entender el motivo. Mucha gente me sonríe, me habla con atino, me hace grandes favores, me mima, me protege, me escucha y me entiende. Pero, de pronto, con algunos, hombres y mujeres, me encuentro amándoles locamente. Miss Lui fue uno de esos amores. Aún hoy cuando me la tropiezo por Facebook se me ilumina la cara. Miss Lui y yo íbamos dando vueltas por el mundo chocando con unos y otros y en un momento dado nos encontramos. Una dejó en la otra trocitos de su esencia. Nunca lo he hablado con ella, y debió conocer a mil mamás en aquellos años de guardería. Pero sé que fue así. A partir de ella confié en las personas que poblarían las ramas del árbol de la vida de mi Luc.

Mi árbol es otro cantar. Durante muchos años me dolía en el alma cada vez que una rama fuerte y bien afianzada en mi árbol dejaba de estar físicamente. Cuando era pequeña no me dolía. Entonces yo era mucho más espiritual de lo que llegué a ser una vez fui adolescente. No entendía donde había ido a parar "todo aquello" si la conexión había sido tan grande. ¿Acaso no lo sentíamos igual? Pensaba yo. ¿Acaso me engañé y no supe ver el sentimiento real?. Me pasaba con novios y amores (obvio) y con amigas y hasta profesores. Entonces, esas, eran las ramas que me tocaban. Crecí y se juntaron más amores románticos, compañeros de trabajo, de fiesta, amigos de amigos, compañeros de piso, enemigos, familiares de amigos.... De cada grupo tengo ejemplos de gente con la que choqué cósmicamente. Yo les dejé a ellos parte de mi yo y ellos me dejaron a mi un poco de su alma. Si la vida nos ha vuelto a juntar en la tierra o en el espacio virtual energético genial, nos hemos disfrutado con los ojos y nos hemos reconocido.

Creciendo, poco a poco dejé de analizar el porqué. Dejé de intentar entender y comprendí que todo ocurre porque si. Que es precioso y preciso que ocurra y que al crecer llevaría parte de todos ellos conmigo. Que me hacían el viaje más ligero y me apuntalaban el camino. Tan espiritual como racional, tan inteligente como burra, tan fina como zafia me movía en un mar de aguas bravas disfrutando mucho, mucho y sufriendo otro tanto, tanto. Mis bandazos llegaban a otros y algunos salían mal parados. Y yo me fustigaba por ello ¿soy mala? ¿que ha pasado? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?

Ahora en el principio de mi asumida madurez, cuando ya no quiero ser más esa niña caprichosa y si la divertida y entusiasta, en ese estado de serenidad, asumo mucho mejor a la gente que viene y va. Asumo peor  a la gente que no me deja ir y venir, pero ese es el cantar del otro. Disfruto del momento porque es lo que tengo y no lo que tuve o tendré. Y como mi actualidad no tiene nada que ver con mi pasado no me valen las experiencias anteriores para puntuar y actuar. Solo me vale el corazón. De él me guío. No pregunto más porqué. Ahora es. 

Ya no espero el Megane en la puerta. Voy caminando a donde quiero ir. Si tú estás en mi camino déjate ver. Con una sonrisa me pagas. Con dos te pago yo. Cuando te toque marchar vuelve a sonreírme. Me será mucho más fácil dejarte ir.

Con amor a mis dos niñas Canceres en el mes de sus cumpleaños. Mis ángeles que tanto han hecho por velarme.

martes, 14 de mayo de 2013

"El amor en los tiempos del cólera" Gabriel García Márquez


"Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera." (p. 73)

Corría el verano del 93 y mientras él corría, yo dormitaba y vagueaba en la piscina de mi Mari de mi alma. Mis apuntes de Cálculo III y Física II en mi maleta, los suyos de primero de Economía en su dormitorio. Un libro recomendado por Pepito Gutierrez gran amigo de mi padre me había acompañado hasta la árida sierra madrileña. Era "El amor en los tiempos del cólera". Tardé unos días en abrirlo. La recomendación de un señor que te lleva 25 años cuando tú estás en los insolentes 20, no es de las recomendaciones a las que te tiras a corazón abierto.

Llegó el día soporífero. La siesta soñada para unos. La película esperada para otros. Y quedé sin nada ni nadie a mi vera en la casa. Recuerdo el calor. Recuerdo que él no llamaba. Recuerdo que me había escapado a Moral para que él no me localizara. Estando en cura de salud emocional, me entregué al García Marquez conocido pero aún por descubrir enteramente. "Si no has leído el amor en los tiempos del cólera no sabes porque que te gusta García Márquez" Me había dicho días antes Pepito Gutierrez.

El primer párrafo me arrancó la sonrisa. Los olores que marcaban el libro y el estilo del escritor me dieron en la nariz nada más empezar. Muerte, amor contrariado y amistad. Inteligencia en el  ajedrez. Antillano guerrero transformado en artista. Salvarse del amor con oro. Aunque fuera de cianuro.

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro."    

Devoré el libro en apenas días. Lo dejaba con desgana para ir a comer y le quitaba horas al sueño (que no a  las nocturnas con mi Mari) para levantarme bien temprano y conseguir seguir en la agonía de Florentino Ariza tras Fermina Daza.  Florentino le jura a Fermina amor eterno y ese juramento se convierte en el amor tormentoso de su vida entera. Fermina se deja querer con curiosidad pero Florentino no es el tipo de hombre que a ella le conviene. La niña se casa con el doctor Urbino y Florentino Ariza debe esperar más de cincuenta años para cumplir su promesa. Con la sensación de que la vida se le va escurriendo entre los dedos sin su amor, Florentino, se dedica en cuerpo y alma a ser el hombre y el amante apropiado para su diosa coronada. Fermina fantasea con un amor que no conoce, al que no probó y con el que no puede comparar su realidad de esposa del doctor. Lo anhela en sueños. Se le desesperan las entrañas. Y así van pasando los años y las hojas del libro, esperando y temiendo, unos y otros, el final.

Yo lo temía. No quería que llegara. No quería que acabara. Se me acababa la vida a mis veinte recién estrenados. Con mi sabiduría de amor de andar por casa. Con mis novedosos impulsos poco probados. Con mi corazón en la mano y mi alma salida del armario. Mataría por un amor así. De puro y de duro. De que tan parecido al cólera te matara y te murieras por él. El libro se acabó y el final me mató. Esperaba aún más. No se el qué pero más. Siempre espero más.

Supuse, aquel verano, que tendría toda la vida por delante para que el fuego me arrasara y conseguir arrasar a alguien solo con mi mirada. Con los años me di cuenta que el fuego que a Florentino no carbonizaba, incombustible en su amor, a mi, me quemaba y dañaba. Y que los libros, libros son, y la vida es mejor que la ficción. ¿O no? ¿O si? ¿Cual de las dos vidas fue la mejor? ¿La de Florentino esperando a Fermina entre amores de colores? ¿La de ella en casa de su doctor, anhelando lo que no sabía que tenía?

"-contéstale que sí- le dijo-, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no." (p. 83)

Buena y maravillosa lectura a los que tenéis el placer de evadiros con los libros. Feliz martes azul. 

domingo, 21 de abril de 2013

Pudor e Intimidad


Creo que el nivel de intimidad y pudor con el que uno se siente cómodo, viene de impronta genética y la actitud de tus padres, familiares, sociedad o momento histórico en el que toca vivir, lo pueden alterar más o menos. Hay personas muy pudorosas con su desnudez y la de los demás pero sin ningún pudor para la sanguinolencia, el sufrimiento y la violencia verbal o física, gratuita o justificada (si es que existe la violencia justificada). No siempre va de la mano el ser o no pudoroso y el tener cuidado o no de tu intimidad y la de los demás.

En el caso de ser pudorosa yo lo soy cero. No me altera lo más mínimo mi desnudez o la desnudez de los demás. Muy natural me parece, aunque la desnudez no es habitual. No ando en bolas por la calle por dos razones. La primera que me quemaría o me enfriaría en exceso. La segunda que aquí, en España, sería detenida por escándalo público. En cambio, lo de Cospedal, Barcenas, Pantoja y demás no debe ser escandaloso aunque es público y notorio lo que han hecho. Matices del diccionario de última generación. No me apetece quemarme o enfriarme (aunque, a veces, si me apetece ser detenida, por lo de ir contra el sistema que últimamente me tiene más quemá que la pipa de un indio). Voy, pues, con ropa. 

El la playa no me pongo tal cual llegué al mundo tampoco y en este caso lo hago por los otros. Por "respeto". Lo que si que hago muchas veces es cuando estoy sola nadando mar adentro me quito el bikini y me lo ato a la correa de las gafas de bucear o a una pierna. La última vez que lo hice iba nadando con mi hijo Luc y además estábamos en una playa textil que permite el nudismo. Ya había entrado en el agua sin la parte de arriba y en seguida me quité la de abajo. Le dije a Luc que se quitara el bañador que le quedaba tan apretado a finales del verano pasado que el pobre parece Burt Lancaster en "El nadador". Dijo que no mama, pero se dejó hacer. Siempre se deja hacer. Es tan buen nene. Ais...

Pensé que al contacto de la mar salada con su cuerpecico, sus gafas viendo los peces de la Costa Brava y sentir la libertad que da la desnudez absoluta, el pudor le desaparecería. Pero no. Me pidió el bañador de vuelta. "Hijo, pero ¿no te da mucho gustico?" "Si mami" me replicó "Mucho gustico me da. Pero yo quiero que me devuelvas el bañador ya". Muy serio, lanzándome su mirada de pocas-bromas-mami, mano estirada sobre las olas. Mientras me desataba su bañador de las gafas (parecía yo un tenderete de ropa de chiringuito de playa) pasó alguien cerca. Le dio vergüenza y se zambulló con todo el culo blaquísimo en pompa. Pobre hijo mio.

En la desnudez yo soy igualita a mi madre (desnudas no, eh, no jodamos). Tengo que aprender que mis ojos no son los del mundo y que mis gusticos no son los de los otros. Mi falta de pudor acaba donde empieza la de los demás.  Todo esto viene por que hay amigos míos que no entienden mi pudor a la hora de no querer ir al baño con miembros de mi familia (hermanas y pareja, no más allá, por favor) pero ni hermanas, ni pareja ni amigas cuando teníamos ambas 15 años. Nunca he soportado hacer pis delante de otro. Cuando Luc me cerró la puerta del baño en las narices un buen día, pensé "Bueno menos mal. Un trago que me ahorro". Ahí, para mi, pasamos a la linea de la intimidad. Eso del pis es intimo. Pues para ti. No me necesitas para nada. Ni para dar conversación, ni para sujetar la puerta por si entra alguien. 

La intimidad en la red es otra cosa. "Chica, que cosas cuentas". Me dicen algunas. "Yo no podría". Claro, hija, porque a ti no te pasa nada digno de ser contado. ¿O si?. A tooooodos nos pasa exactamente lo mismo. Cuanto más mayor me hago más cuenta me doy. Pastaditos todos. Clavados en las penas y las alegrías y las alergias. De pronto, a alguien lo secuestran (un horror) o a alguien le toca la lotería (un alegrón) pero, vamos estos dos casos, no son nada, nada habituales. Andrés, mi hermano pequeño, se ríe diciendo que se parte con mis estados de Facebook porque, a veces, tienen un montón de "me gusta" y está seguro que la mayoría no sabe que es lo que estoy poniendo realmente. "Lo mejor, Ana, es que a ti te da igual. Tú estado es tan enrevesado como tú. Y suele expresar algo que es solo para ti o tal vez para alguna persona como la Marquina y ella lo sabe y los demás no y de pronto tienes 10 "me gusta". Escribes ese estado exactamente igual que piensas y, bueno, eso mola. Tú eres así y te importa un pito lo que puedan pensar los demás". 

Odio la gente parásita en general y más en Facebook. Los que viven de absorber las vidas de los demás sin entregar nada a cambio. Si tú quieres saber que tal bien o mal me va, chafardero, a mi me gusta también saber que tal bien te va ¿no?. Por eso me cambié el nombre. Solo quiero que me encuentre quien yo quiero que me encuentre, no alguna imbécil que no me hablaba en el cole y ahora me cotillea y me merienda en la intimidad de su casa. Quid pro quo, que decía Anibal Lecter. Yo te doy, tu me das.  De todos modos si no entiendes mi estado es que no era para ti. Que retorcida, Ana, y por que no se lo dices a quien se lo quieres decir en privado. Porque me lo paso tan bien cuando de esas 10 manitas diciendo "me gusta" una es para quien lo puse. Cuando lo que escribo es para mi, me pongo "me gusta" yo misma. Lo hago al cabo de los minutos o cuando entro a las horas y lo leo. "Ah, que era para mi. Que bonica fui y que bien me sentía hace dos horas y ahora que mal me siento. Bueno. Me pongo un me gusta. Pobre"

Mi intimidad es mía. La intimidad de los míos, por muy míos que sean, es suya. Luc aún no sabe de su fama on line. Con el tiempo me puede reclamar, pero, mientras, me la voy jugando con él. Total, lo que pongo solo lo entienden unos pocos y además está escogidito para no hacerle pasar mucha vergüenza el día que lo descubra. De mi pareja no cuento nada por que tiene 36 amigos en Facebook y yo no soy una de ellos. Con eso digo todo. Y mis hermanos ya no me cuentan nada porque "Ana, hija, eres una bocazas". De ellos tampoco hablo. Solo muy de tarde en tarde y en clave Re.... Ma.... ;)

Por cierto la foto que tenía en bolas me la han censurado los de blogger. Una pena. Os quedáis con esta tan aséptica del inicio de Facebook. Feliz semana para todos.





domingo, 24 de marzo de 2013

Me enamoré de John Irving


Cuando tenía 17 años me enamoré de un yanki de 24. De lo más destacable era ser licenciado en matemáticas, ex jugador profesional de wrestling y con el sueño de ser “high school coach” (profesor de gimnasia de instituto) o hacerse el Ted Danson y montarse un bar tipo Cheers (en aquel momento en pleno auge en EEUU donde le conocí). También era muy destacable su pasión por mi que me tenía más bien entre incrédula y altamente emocionada. Su salario se lo cobraba del ejército americano pues era teniente de aviación de la famosa USA NAVY.  Cuando iniciamos nuestro idilio él estaba realizando un curso a lo Top Gun en Florida y yo haciendo el año final del High School en Missouri. Soy consciente que la descripción suena totalmente inventada pero juro que es verdad. Tampoco él era Tom Cruise ni yo, obvio, soy la Mcgillis, no nos pongamos tontos. En este blog, a veces oculto, pero nunca miento. Con todos estos antecedentes y siendo yo una niña recién llegada de las Españas, os imaginareis que tuve muy pocas oportunidades de que la historia floreciera más allá de unas semanas. Pero no, tuve suerte y me aguantó el tipo cuatro meses idas y venidas desde Florida a Missouri en coche cada fin de semana que tenía libre, además de un intenso carteo postal (no había email ni Facebook en la época) y de aprender por mi parte inglés inteligente, mordaz y sarcástico a toda máquina. No me quedaba otra para conquistarle. A los cuatro meses se cansó de la virgencita Española reacia a dejar de serlo y no pudiendo ser mi cuerpo suyo, echó a volar a pesar del amor que tenía por mi mente (palabras textuales del teniente).

Cuento todo esto no por el USA NAVY si no por el escritor John Irving. Descubrí a John pocos años después de esta no-tórrida historia de amor, con su libro “El mundo según Garp” y me enamoré como una autentica loca. Los rescoldos de las brasas que había dejado el teniente Thomure se avivaron desde la página uno por las similitudes. Ya se sabe que las relaciones mal cerradas dejan ventanas abiertas. John Irving es de New Hampshire y en sus novelas siempre usa unos toques y “clichés” descaradamente autobiográficos que no se molesta en ocultar. El protagonista de todas sus novelas, o uno de los protagonistas, es escritor (como obviamente lo es John). Ha sido o es profesor de lucha libre en el instituto o a veces es jugador en su juventud (como lo fue John). Divorciado, vuelto a casar y con hijos (John lo es). Con historias emocionales tremebundas (a John se le intuyen) donde el hombre recibe más cera de la que puede soportar entre América y Europa (vivió en Viena como estudiante). Algún muerto muy principal siempre cae en el medio del libro desbaratando la trama. Hay infidelidades, amores eternos a lo Guadiana que van y vienen (suelen ser libros en los que se desarrolla la vida del protagonista desde su infancia hasta la vejez), amantes fugaces e imaginativas historias no consumadas (de este tema, sobre John, no sé nada aparte de su ya mencionado divorcio). Sus protagonistas, habitualmente masculinos, siempre tienen un marcado compromiso político y social. Son intransigentes con la intransigencia hasta puntos de locura (muy yo misma). Respetan y valoran a la mujer dejándose la vida en comprenderla a lo largo de la novela entera y no siempre consiguiéndolo pero amándolas de una manera poco vista en un escritor/hombre estadounidense. Padres comprometidos, entregados y amorosos, siempre precoces en su paternidad (como lo fue el propio John). En cada nuevo libro suyo que empiezo, John, es mi hombre.

A estas alturas de mi vida me he leído todos los que había escrito antes de que yo cumpliera los ventipocos y desde entonces cada vez que publica uno a las semanas lo tengo devorado. El último publicado en España es del año 2010: “La última noche en Twisted River”. En mitad del libro me paré a escribirle la carta. Las lectoras (y lectores asumo) de John le han escrito mucho a lo largo de su vida. Ellas también salen en sus novelas. Casi siempre hay un escritor escribiendo una novela dentro de la novela integrada de una manera magistral. Quieres leerla y sabes que no puedes, que John nunca la acabará. Entonces aparece una fan chalada declarándole su amor siempre por carta, siempre más joven que él y a veces se cartean y la relación no llega a más o se conocen y él le pone los cuernos a su mujer de turno, o inician una siempre tórrida relación que nunca va más allá de unas cuantas páginas.

El que no vaya a ir más allá (si me meto en un jardín me intento llevar las flores) y que el hombre haya nacido en 1942, es lo que me ha detenido durante casi 20 años a escribirle la carta. La verdad es que pensándolo en frío es más mayor que mi padre y ahora tiene que estar el hombre bastante más desmejorado que cuando empecé mi idilio mental con él. Desmejorado y poco apto para las acrobacias que describe en sus libros. Tenía que haberle escrito antes, que tonta, cuando mi inglés era lo suficientemente bueno como para impresionarle. Desde el ciber espacio, John, que sepas, que me traes loca. Que gusto saber que te puedo releer cuantas veces quiera e imaginarme que escribo de nuevo esa carta, con delirios de adolescente amorosa. Mientras, esperaré a que publiquen aquí tu última novela "In one person", y así, poderme enamorar otra vez de ti.


lunes, 25 de febrero de 2013

La mejor pizza del mundo


Cuando yo era niña en las casas Españolas no se cenaba pizza. La comida china para llevar (tampoco se decía “take away”) y los cafés clasificados de cien maneras imposibles y desayunados en la oficina en vez de en la cafetería, eran signos inequívocos de que estabas en una peli americana y, generalmente, la oficina era un buffet de abogados o una comisaría de policía.  Yo soñaba con el sabor del interior de esas cajas de cartón, con comer con palillos directamente de ellas y con cual me pediría yo si el teniente negro e irlandés (viva la mezcla patria yanqui) me espetaba “Cruz, ¿A ti de que te lo pedimos?”.

Mis primeras pizzas me las hacía yo de adolescente con la base congelada tamaño mediano de la marca Findus, tomate frito Orlando, lata de atún, quesitos El Caserío y orégano, mucho orégano.  Si no pones orégano no es una pizza.  El quesito tenía que estar cortado en trocitos pequeños porque, de otro modo, se quemaba la parte del piquito de arriba y no lo podías aplastar después para hacer que se pareciera a la mozzarella. Éramos cinco hermanos y mis pizzas, recuerdo, eran celebradas con grandes ovaciones. Digo recuerdo porque no lo sé a ciencia cierta. Si alguno de los cuatro que me leen pero no me escriben salivan al leer las líneas de arriba que me lo diga y así certifico junto con los suyos un recuerdo mío más.

Durante muchos años ante la pregunta “¿Cuál es para ti la mejor pizza del mundo?” hubiera contestado sin dudarlo: “La del restaurante de Gandía”. Tenía 20 años, experiencia gastronómica la Cruz-Morci (buena pero limitada), manía para hacer “rankings” gracias a “Los 40 Principales” y deseos de expresar mi opinión cada dos por tres. La semana santa de 1991 me fui con unos amigos a Gandía. Primera vez que mis padres me dejaban (bueno mi padre seguro que no me dejó.  Le veo con su gesto torcido de “A mí nadie me ha preguntado mi opinión”) salir de casa con amigos a pasar siete días de juerga supina. Mi padre torcía el gesto por mi novio. No es que no fuera fantástico, genial, el Príncipe Felipe, que decía mi abuela por la época, y educado hasta decir basta (con el tiempo y un bizcocho en el ranking de hombres de mi vida está muy bien situado en los primerísimos puestos del top cinco). No. El problema era que, para mi padre, no había “Príncipes Felipes” suficientemente buenos para su hija la mayor.

Aquella noche que nos tomamos libre Ricardo y yo (este nombre no es ficticio y como los hombres de mi vida no leen no hay riesgo que al pobre Richie le salgan los colores de la cara. Creo que estar en el top cinco le hace merecedor de una muy especial mención) de los amigos, decidimos ir andando sin rumbo fijo hasta que un restaurante nos llamó la atención. La dueña era francesa. Pocas mesas ocupadas en aquella ventosa semana santa Española. Pequeño y discreto el lugar. Para mirarse a los ojos y cogerse las manos por encima del mantel. Para sonreírse y decirse cuan enamorados estamos y que gusto tener toda la vida por delante para demostrárnoslo.

La masa era fina, fina y crujiente. En los bordes se adivinaba la mano del cocinero por ser irregulares. Tomate cocinado con un punto de azúcar para quitar la acidez. Aceite de oliva en mi nariz, un huevo frito y orégano del fresco, de aquel en el que a la hoja le ves los nervios de la vida.  Supongo que tendría algo más que el huevo frito pero solo me acuerdo de eso. Y de que me lo pedí porque nunca había tomado un huevo en una pizza y era lo más raro de la carta. Siempre arriesgo con la gastronomía. Con eso puedo arriesgar. Siempre me sorprenden las experiencias en el paladar diferentes.  Para bien o para mal, siempre es novedoso e irrepetible por ser la primera vez.

Sentenciamos que era la mejor pizza de nuestra vida e hicimos volver a todos otro día para certificarlo. Algunos no vinieron. Con 20 años no te gastas dinero en semana santa en un restaurante. Con Ricardo descubrí el placer de descubrir y de hacer “nuestros” pequeños restaurantes de Madrid.

Mirando aquella escena con retrospectiva y muchos años encima, me doy cuenta que lo importante no fue la comida sino la compañía. Habiendo sido una de las cenas más memorables de la que no tengo ni un solo recuerdo auditivo y si muchos olfativos, visuales y gustativos, llego a la conclusión que todo depende del cristal con el que se recuerde y que comer compartiendo intimidad gastronómica eleva el acto cotidiano a categoría superior.

Como no voy a tener otro niño para acompañar a mi Luc en sus desayunos, desde aquí me comprometo a sentarme con él cada mañana mientras paladea su tostada con aceite y sal y escuchar sus pensamientos a las 07.45 recién despertado, mientras yo me tomo el segundo te de mi mañana bañándome en sus ojos y en su Cola Cao.

Salud para disfrutar y calor para amar.

lunes, 11 de febrero de 2013

Fanática de Quentin Tarantino


Ayer fui a ver la última de Quentin. Yo por Quentin MA-TO, así que si no te gusta pues no me leas. En los tiempos en los que ir al cine era mi pasatiempo favorito semanal, cuando no bi-semanal, las películas de Quentin las veía el día del estreno o casi. Yo era la que les contaba a los otros que tal estaba, bien o mejor y si tal otra era sencillamente sublime. Desde que mi “novio” Luc apareció en mi vida y se plantó con sus pocos años y su escaso intelecto para el cine, mis prioridades han tenido que cambiar y mis visitas al cine de adultos se han espaciaaaaaaaaaaaaaado. Ahora mi madrina, mis primas, hermanos y mis amigas me recomiendan ir a verla semanas después de su estreno.

Estas navidades fui sola a ver la última de Cesc Gay “Una pistola en cada mano” exclusivamente por qué me la recomendó mi amiga Silvia y por el plantel de buenorros nacionales que salían en el cartel (especial mención a mis deseados Noriega y Sbaraglia y mis amados Tosar y Darín). Fui sola porque mi marido se tragó la última de Disney (nos vamos turnando) y yo, más a gusto que un arbusto, me deslicé en la negrura de la sala mientras ellos dos me decían adiós con la mano desde detrás de un happy meal con muñequito.   

Quentin es el Dios.  El Dios de los desgraciados, de las mujeres fuertes y de los cineastas.  En sus historias pasan las cosas que te gustarían que pasaran, o que gustaría que hubieran pasado cuando las sitúa en un contexto histórico como en “Malditos Bastardos”. Con la música exacta que te gustaría que estuviera sonando mientras esas historias pasan. Y con los personajes concretos.  Los actores están tan bien elegidos y los muertos tan apunto resucitados.  El renacer de John Travolta en “Pulp Fiction” legándonos la mejor interpretación de su vida fue gracias a ser Quentin un fan de “Sábado noche”.  Luego, Travolta, se convirtió en un subnormal pero con no ver el resto de sus películas desde entonces, asunto zanjado.  El baile de Vincent Vega con Uma Thurman (incluido el momento que coge el micro y dice su nombre) y la conversación con Samuel L Jackson sobre los masajes de pies son dos joyas que valen la película entera. Mi otro renacer favorito fue el de Daryl Hannah como enfermera asesina.  El plano partido y la canción que acompaña mientras se pasea con todo su cuerpazo de antigua sirena y su parche en el ojo por el hospital, no tienen precio.  

Me encanta sus guiños a lo europeo, lo latino, lo negro, lo políticamente no correcto y lo asiático, sin quitarle ni un ápice de Made in USA a sus películas.  Esas películas tan lejos de "Armagedon" o finales del mundo apocalípticos.  En el cine de Quentin hay mucha vida por vivir aunque se mueran hasta el apuntador y Quentin mismo cuando sale. Durante años fui tan purista que solo admitía como pelis de mi Quentin “Reservoir Dogs” (vista y vista, y revista, en inglés) y “Pulp Fiction” (lo mismo del inglés). “Jackie Brown” no era Quentin y "Death Proof" menos. Odio a Kurt Russell. Con "Kill Bill" me relajé y me volví a enamorar y fue gracias a Uma que sólo me había gustado en toda su vida en "Pulp Fiction".  Desde entonces no le he sido infiel y si alguien habla mal de él delante mio: MA-TO. El inicio de "Kill Bill" con mi Uma por los suelos ensangrentada clamaba una venganza tal que hasta el propio Quentin anunció que haría una tercera parte.  Yo la vi en el cine Niza de Barcelona con mi amiga Esther embarazada de 8 meses.  Sufrí muchísimo por ella y al salir le pregunté si estaba bien, si la peli le había afectado.  Sonrió diciéndome que se había quedado dormida. 

De "Malditos Bastardos" rescato la delicia de lo importante de saber como dicen 3 los alemanes y los ingleses con los dedos de las manos. De "Pulp Fiction" mi super Bruce diciéndole a Maria "Zed is death, baby, Zed is death" (yo quiero que me llamen baby así, por favorrrrrrrr) y Quentin en albornoz en la cocina de su casa regañando a John y a Samuel con la gloriosa frase "Do not fucking Jimmy me". De "Reservoir" el señor Naranja cantándole a la oreja del policía y la discusión sobre si dejar o no propina a la camarera. De "Kill" la salida de la caja de pino a base de concentración de Uma y la pelea en la cocina cuidando que la niña no sufra. De "Django" hay tantos momentos que os estropearía la película a los que no la habéis visto, pero probablemente lo que más me gusta es lo larga que es.  Cuando crees que se acaba, aún hay más y mejor.

La violencia de Quentin da tanta risa en su última película como en todas las demás. Hay escenas muy duras pero siempre con giros inesperados y un toque de humor tan corrosivo que no es ácido, es casi mala baba española. Ayer le dí mucho la paliza a la pobre que le tocó estar a mi lado.  Mi marido me daba con el codo en el costado para que dejara de reír o lo hiciera de un modo más contenido. Al final, al liberarse él y la estirada de al lado con la risa de toda la sala, pude liberarme del codo y de mis preocupaciones.  ¡Qué disfrute!, coño, ¡Qué peliculón!. ¡Qué manera de ganar los desgraciados y las féminas! Pocas chicas para ser una película suya, pero por el resto, Quentin al 100%.  Si te gusta no te la puedes perder.  Y en pantalla grande por favor.  Volved al cine.

viernes, 8 de febrero de 2013

El día de la marmota


El dos de febrero es el día de la marmota.  Para los de mi quinta y los grandes peliculeros, este día está unido sin remedio a las peripecias del feo de Bill Murray con la preciosa (y sosa) Andie MacDowell.  Bill se ve atrapado sin querer por un hechizo que no se acierta a explicar en la película al levantarse cada día de su vida en ese 2 de febrero en un pequeño pueblecito sitiado por la nieve.  Ni morirse puede, porque al día siguiente de intentarlo vuelve a ser 2 de febrero y está vivo y coleando. 

Esta película junto a "50 primeras citas" de Adam Sandler y Drew Barrymore, son mis películas absurdas favoritas cuando entras en el bucle del tiempo. Las dos son películas americanas de humor ácido con ese toque naif de ellos que chirría en nosotros taaaaaaan europeos pero que nos emboba como niños de 6 frente a una esponja que vive en una piña en el fondo del mar.  Lo compramos.  En la segunda no hay ningún conjuro inexplicable. Drew ha tenido un accidente y solo tiene memoria de 24 horas.  Ella cree que siempre es el día anterior al accidente y su padre y hermano la mantienen en esa duda.  Un día Adam se enamora de ella y se dedica a tener 50 primeras citas con la mujer de su vida. Encantador. Si tenéis oportunidad visionarla y disfrutarla.

Estoy inmersa en mi mes de la marmota.  Durante 21 días trabajaré en el mismo sitio, con el mismo horario y la misma gente.  No variaré ni gastronomía, ni horario de entrega, ni compañeros de reparto.  Así está contratado y así lo he dispuesto yo misma (que me podría haber dado fiesta algún día).  Cada mañana cojo la furgoneta, la cargo en el centro de producción y me encamino hacia Avinyonet del Penedés.  La foto que ilustra este post la he tomado en el mismo sitio cada día desde el 4 de febrero.  Me sigo parando con la furgoneta en medio de una loma y la sigo haciendo.  Me fascina Montserrat.  Las viñas peladas y con aspecto raquítico de febrero.  El vientazo que hace estos días en la zona. El sol brillante y espectacular que no calienta en este segundo mes del año pero ciega si conduces sin gafas de sol.

Por primera vez desde hace 14 años sé lo que voy a hacer a ciencia cierta cada día a no ser que me ponga mala o me estrelle en la nacional 340. Generalmente sé que voy a hacer cada día de mi vida laboral pero, como soy autónoma, hay mañanas que me levanto y me dan unas ganas terribles de hacer lavadoras, o de surcar peligros junto al pabellón 4 del Garraf, o comer un cocido con mi hermano Andrés, o mojarme los pies en la playa respirando muy adentro para llevármelo de vuelta a casa.  Ya os gustaría a muchos, ¿verdad?.  Pero una gran libertad implica una mayor responsabilidad y eso, a mi, me lo inculcaron a fuego lento tu mirada.

La libertad de "Tu verás lo que haces" en mi caso siempre se ha traducido en sopesa, analiza, busca pros y contras y si encuentras que lo puedes hacer mejor, cómpralo.  Por eso es tan importante para mi, que soy tan analista, cuadriculada, responsable y controladora, que otra persona (un cliente) haya tomado en mi lugar la decisión de como va a ser, quiera yo o no, mi mes de febrero.  Estoy feliz como una perdiz.

Cada día tengo dos horas de camino en furgoneta entre ida y vuelta. Y eso es lo mejor de este mes. Por nacional a la ida y por carreterilla comarcal atravesando el Garraf a la vuelta.  He ido con gran selección de música propia y escuchando la música en la radio moderna.  No queriendo saber nada del mundo exterior he dejado de lado las noticias que siempre he escuchado en la SER o en RAC1 para centrarme en las arbustos del camino, los giros de la carretera, los bares de menús adosados a el arcén, las ropas intimas secándose con los camiones al pasar y los tractores pesados que se atraviesan.  Me deleito con los giros de volante, las rayas mal dibujadas, los almendros en flor y el firme de la carretera con barrigas.  Todo me hace sonreír.  En la radio suenan canciones de hoy (no escucho M-80, que es lo que suelo escuchar) y me regocijo escuchando temas en los que las letras dicen exactamente lo mismo que decían los cantantes cuando yo tenía 15 años.  A todos nos pasa lo mismo.  Todos somos iguales.

Mi mes marmota me asemeja a la gente con rutina.  Me encorseta y me obliga a centrarme para no salir de ese momentáneo corsé.  Me gusta por que hace que me fije en la variedad del día, en cuantos zumos servimos hoy y si en los italianos toman muchas cocacolas zero y los franceses no.  Cuantificar un día del otro en parámetros medibles me reconforta y yo ¿soy otra? ¿soy mejor o peor? ¿soy más o menos mamá o profesional?.  Yo soy la suma de mis momentos y de los momentos de los que interaccionan conmigo.  Por eso en mi rutina no tengo que tomar decisiones y, por un mes, me puedo dejar llevar. Que gustico da....
     


sábado, 19 de enero de 2013

Huevos

A veces pienso que tengo los huevos en la cabeza. Justo al lado del hipotálamo, la parte que controla los sentimientos.  Tengo el corazón en el estómago, la caja de ahorros en la cabeza y el botiquín de primeros auxilios en la aurícula izquierda, que es la parte tan conocida del corazón que controla el amor.  Pensaréis que no tengo huevos, pero os equivocáis.  Si creéis eso es que no me conocéis.  Los tengo.  Muy bien puestos y de los de dos yemas cada uno.

Si he empezado diciendo que a veces creo que los tengo situados así, es porque a veces lo siento de otro modo.  En mi el pensar y el sentir están siempre liado el uno con el otro.  Los confundo y pienso lo que siento y acabo sintiendo lo que estaba pensando.  Con mi cabeza reconduzco los sentimientos en vez de dejarlos fluir.  De pequeña esto me aterraba.  Que emociones y sentimientos dieran la cara mostrando un yo que a mí no me gustaba. Un yo que no estuviera a la altura de las circunstancias y de las personas.  Un yo débil.  Tímido.  Apocado.  Cobarde.  Por eso me crecieron huevos con yemas en el hipotálamo y tiré para adelante.

Los huevos fueron centro de energía y, de las cuestiones amorosas, pasaron a ocuparse también de asuntos laborales, económicos, sociales, familiares… Pasé a hacerlo todo por huevos con mejores o peores resultados, me daba igual. Pero por mis huevos.

En los últimos meses amigas diversas han acudido a mi (debe ser que el blog de Pere Gila se parece cada vez más a la puta consulta externa de la señorita Elena Francis, y digo externa porque me lo cuentan fuera de aquí) para hablarme de las  jaquecas económicas que tienen en la cabeza, los partos de estomago por amor y las sombras de enfermedad negra en el corazón.  Esas conversaciones hacen que cuando acaban yo me siento seca, miserable y “renegría” como una pasa de las duras, no las de Corinto.  Pocas horas antes yo era una súper uva a punto de explotar por no aguantar más.  Mis Vodafones particulares eran autenticas nimiedades al lado de las batallas que ellas estaban pasando.

Los hombres también me hablan, pero no se muestran tan verdaderos.  Les puede el macho alfa que todos llevan dentro y se guardan cosas por si acaso. ¿Por si acaso qué, coño, si mañana nos hemos muerto todos?  Ellas se desnudan en pelota picada cual Eva en el paraíso y en dos palabras me plantan su verdad.  Yo me maravillo por que recordaba esas conversaciones cuando tenía 17 años pero las había dejado aparcadas durante una eternidad.  Puede que a mis amigas no les gustaran mis huevos de machito alfa y las tirara para atrás.

En marzo del año pasado descubrí la diferencia entre sentimiento y emoción y descubrí lo que mi mente y sus yemas estaban haciendo en mi corazón.  Descubrí que tenía los órganos vitales muy a la latina, pero no demasiado.  Creo que cuando te pasas de rosca es cuando te vuelves visionaria.  Ahora los huevos son ya huevitos y van camino de convertirse en ovarios y anidar donde siempre tenían que haber estado.  Aún les queda un largo camino que recorrer pero tengo la enorme suerte de contar con amigas doctoras de la vida que me quieren lo que no está escrito y me lo demuestran sin pudor.  Gracias a ellas por el camino recorrido y por mostrarme su corazón.

Tengo que pensar en lo que tengo que pensar y tengo que dejar fluir los sentimientos de amor, odio, ira, tristeza, coraje, impotencia, temor…  sin dirigirlos yo.  El control tiene que escapar de las manos y siendo la mayor de cinco hermanos eso me cuesta… un huevo y parte del otro. Respirar y sosiego, mucho sosiego (que dice siempre mi padre hasta la eternidad, aunque a él se le enquisten mucho los sentimientos también, pero con la edad menos) debe ser la misión de este 2013.  Debe.  ¿Veis? Otra vez mis huevos floreciendo…. Vamos a ver si lo conseguimos.

Este post va dedicado a mí, hija, porque se te olvida todo lo que sabes.  Léetelo de vez en cuando y respira, respira.  Tu Pere Gila que te quiere una jartá.

miércoles, 16 de enero de 2013

De profesión: Tabernera


En mi oficio, lo que siempre me gustó más, es el vacile de la barra. El calor de hacerle sentirse bien a alguien al mirarle a los ojos y servirle una copa.  Tenía 19 años la primera vez que me puse detrás de un grifo de cerveza junto a mi amiga Marian. Fue todo una casualidad.  O no.  Aquel día Borja se puso enfermo y no se encontró otro sustituto a tiempo.  El destino nos es propicio y nos pone delante piedras para que aprendamos a saltarlas.

Cuando era pequeña era muy torpe. Aun hoy lo sigo siendo.  No coordino bien, lo que se dice físicamente.   Mentalmente soy otra cosa. Tengo unos amigos (catalanes cachondos) que me llaman "Ana Pum" porque siempre me caigo.  Tropiezo. Y me levanto. El ser camarero, para mi, era más inalcanzable que ser astronauta de la NASA.  Ese llevar la bandeja con una sola mano.  Ese pegar el codo a las costillas en angulo de 90 grados. Desenroscar la Larios con la mano libre y servirla con alegría.  Sin salpicar.  Sin medrar.  Sonriendo a la concurrencia.  Con el piropo a punto en los labios y la gracia en la lengua.  Con la memoria de las copas pedidas y la asignación siempre correcta de las mismas.  Me maravillaba con 10 años, con 13 y con 19.

Aquel día un novio tabernero me dio la oportunidad (lo mejor que me enseñó en toda nuestra relación) y nos puso a mi Mari y a mi detrás de la barra del único bar que estaba abierto (como en una canción de Sabina).  Yo lo pasé fatal.  Mari, que es una inconsciente, supongo que menos. Lo mejor, pasado el susto inicial y desbordando más de una coca-cola y muchas cervezas, fue que, el tabernero, nos pagó.  Lo habríamos hecho gratis.  Pensamos. Lo sé, se adelantó él. Me habéis salvado el pellejo con mucha gracia y esto es lo que vale.   

Quedé bautizada y probé otras barras.  Desde entonces hasta ahora más de 20 años han pasado.  He sido maitre, responsable de sala y friegaplatos, pero siempre, siempre, incluso hoy en día, la barra es mi perdición.  Pasar la bayeta cuando alguien te incomoda y ves una mancha donde no la hay es mi gran manera de hacer mutis por el foro.  Servir bien.  Servir rápido.  Regalarme en cada trago.   Para que te lleves un Dyc-cola y una de mis sonrisas junto con la promesa de darte más si vuelves.  Y mis clientes vuelven.  Ya lo creo.  Es mi gancho.

Será mi ego, pero en eso lo tengo muy inflado. Porque yo lo valgo.  Porque yo lo puedo.  "Soc la crack" de las barras del lugar y hoy.... hoy... abriría una taberna...

Post dedicado en la noche a una estrella que me anhela.  No es tú tema pero es mi beso de buenas noches para ti, mi Lady. 

Foto tomada en el Pabellón del Espejo, Madrid el 16 de enero de 2013