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jueves, 30 de enero de 2014

Bye, bye love


"Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira las estrellas" Antoine de Saint-Exupéry

Corriendo como loca al dejar al niño en el cole, mis ojos se han desviado al siempre pletórico, maravilloso, cautivador y deseado escaparate de la librería Arc Voltaic de Gavá, mi pueblo. No había libros. Me he parado en seco y he visto a Marta al fondo del local entre sus papeles, los libros y el ordenador. No ha levantado la vista, quizás ya no espera a nadie. He dudado unos segundos (las prisas, las cosas pendientes por hacer, la mañana que se te escapa entre los dedos, el último trimestre del 2013 aún por cerrar...) y me he dicho que me merecía esa conversación intuida. Por los sueños de mis padres sobre abrir una librería cuando eran jóvenes, por haber fantaseado yo misma con esa idea, porque siempre hay que comprar al comerciante de tu pueblo y porque ella me dijo hace un par de años cuando entré a comprar "No, tú no. No te compres 50 sombras de Grey. Haz que te lo presten anda". 

Hoy me ha dicho que no se sentían con fuerzas para afrontar el Sant Jordi de este año. Llevan, Marta y su hermana Mª Carmen, ocho años con la librería a su nombre. Ahora, cuando acabe enero, Arc Voltaic cerrará después de llevar culturizando más de veinte años a Gavá. No ha sido la crisis, me dice, ha sido el libro digital. Y ni siquiera ha sido el libro digital, ya que un libro que te puede costar en digital 12€ te puede costar en papel 18€ y hay gente que por el gusto para la diferencia. Pero, si te lo puedes descargar gratis, ahí ya hablamos de 18€ de diferencia. Y en este país somos unos piratas me ha dicho Marta. Editoriales como Acantilado, Rayo Verde, Ático de los libros o La Campana no editan en digital. Ella cree que son la única esperanza. Sus libros, si los quieres, los tienes que leer en formato papel. ¿Qué pasará cuando las editoriales sigan bajando en las ventas? ¿Los autores de gran renombre se autoeditarán? ¿Solo escribiremos blogueros que lo hacemos por el placer de escribir y como terapia? Porque, como bien me ha hecho ver ella, entre otras cosas, las editoriales españolas ya no pagarán a un traductor para traducir al español a John Irving o a Murakami. No nos harán llegar esas obras de la literatura universal. No será negocio. El gobierno no está  (jamás ha estado) por la labor de asumir esa entrada de cultura fresca y diversa. Yo podré volver a leer en inglés pero nunca, jamás, lo podré hacer en japonés. Me hubiera perdido a mis imprescindibles e increíbles francesas Anna Gavaldá, Irene Nemirovsky y Muriel Barbery.  

Sin editoriales no les hubiera llegado el boom hispanoamericano a los coreanos ni a nosotros la saga del desaparecido Stieg Larsson. Nadie las hubiera traducido. Pensar en todo esto la próxima vez que os descarguéis un libro. ¿Donde queréis estar dentro de 20 años? Yo quiero estar leyendo, seguro. Soñando con otros mundos, imaginándome que estaré allí, que sentiré así, o que nunca querré estar en su lugar y teniendo cuidado para no caerme al lado oscuro.

Conversábamos, Marta y yo, con el tiempo parado en esta mañana de enero, de nuestros inicios en la lectura. En el modo que cada una comenzó y con los comics y libros que lo hicimos. Tan diferentes, tan iguales. Los libros y sus lecturas te igualan, te hermanan a desconocidos, te hacen vibrar junto a ellos, te reconoces en las sonrisas y en los destellos de los ojos. Hemos sonreído recordando querer ser internas en Torres de Malory, adorar al pequeño Nicolás más allá de lo virtual, querer merendar galletas de jengibre y pastel de carne y mojarlas con cerveza de jengibre como hacían los del club de los cinco y su perro Tim sin saber que era el jengibre ni haber visto en nuestra vida un pastel que no fuera de cumpleaños, emocionarnos al recordar Suite francesa, vibrar con cualquiera de las páginas del Amor en los tiempos del cólera ¿Verdad que se puede abrir al azar y disfrutar de cualquier párrafo? Verdad. 

Hay libros que no son historias. Son vida. Son emociones que te acaban provocando sentimientos. Hay libros que te evaden del día a día. Sin conexión con tú realidad y ese mundo virtual del ordenador (por eso sigo leyendo en papel). Gracias a los libros, me decía Marta, conseguí que muchas ventanitas se me abrieran y escapar del grisor de los días. Estabas en Macondo, en Japón, en la campiña francesa ocupada por los Alemanes, en Exeter (New Hampshire) con John....

Me ha encantado poder decirles suerte mirándolas a las dos a la cara en vez de solo pensarlo al pasar por la puerta. A veces, al no guardarnos nuestras emociones en el alma, las mañanas de los jueves, nos regalan perlas de vidas ajenas a la tuya. 

Feliz jueves de pecado gente, gracias por leer  

domingo, 1 de diciembre de 2013

High Fidelity en el corazón


Se plantea el elocuente Nick Hornby en su libro "Alta Fidelidad" a través de Rob, su protagonista, si la melancolía que siente en su vida es debido a las canciones que escucha o elige ese tipo de canciones porque es un melancólico incurable. Añade:

"Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgraciadas que yo he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop."

Nos va el rollo. A los compositores, cantantes y escritores y a los oyentes y lectores. A los románticos y a los que van con el corazón en la mano. "Es lo que hay mamá" me diría mi hijo Luc. 

Tengo un hijo adoptado cibernéticamente que ronda los veinte y vive en Argentina. Alexis me llama "iberomadre" y nos adoptamos mutuamente una tarde/noche de mi verano y su invierno.  Entre Alexis y yo hay 5 horas y 2 estaciones del año de diferencia con lo que nos comunicamos, edad, jerga hispánica y generaciones aparte, en dos universos un poco paralelos, tan distantes y cercanos como cualquiera de los dos queramos. Alexis es músico y es un romántico empedernido. Es de esos que cualquier madre querría para su hija. Cualquier hija de veintitantos querría de mejor amigo. Y cualquier mujer de 30 o 40 mataría por conseguir como amor de su vida (una vez que él hubiera alcanzado, o casi, esa edad y siguiera siendo exactamente igual que cuando rondaba los 20 solo que un poco más maduro). 

Lo que puedo hacer como iberomadre, ya que a mi me escucha y, supongo a su madre biológica no, aunque muy probablemente ella ronde mi edad, es quererle y quitar hierro al asunto. Quererle es muy fácil. Por lo que veo en sus interacciones con los demás navegantes cibernéticos, es un bombón de niño. Con grandes amigos, divertido, rápido en la palabra, respetuoso e inteligente. Lo mejor de todo su gran corazón. Y de remate: No le importa que los demás le vean el corazón.

Cuando está eufórico lo muestra. Cuando está hundido lo muestra. En los dos casos sin grandes aspavientos ni pena excesiva y ni gratuita. Es un tierno y cuando son las 3 de la mañana y está escuchando la radio porque no puede dormir y de repente suena esa canción y piensa en ella y se quiere morir, entonces, va, y nos lo cuenta. Lo comparte de un modo exquisito. Te hace sonreír. Te hace partícipe. Te acuerdas de ese mismo y reconocible dolor en forma de punzada que te rajaba las entrañas cuando tú tenías 20 años.

Un día comentó que jamás podría volver a oír una determinada canción sin pensar en ella para el resto de su vida. Sonreí acordándome de instantes en mi vida en los que había pensado exactamente eso. "Vaya, ya se me jodió esta canción para los restos de los restos". Sin ir más lejos este año en el que musical y emocionalmente hablando he estado melancólica en extremos de vomitar pensando en mi misma. Tan pesada con ciertos discos a los que, tras el paso del invierno y primavera, ahora 6 meses después puedo empezar a plantearme en rescatar. O no, a lo mejor aún es pronto, pero sé que podré. Y sonreiré. Porque cuando pasa el tiempo y te superas a ti mismo y a tu tristeza, entonces esas canciones que asociabas a una persona y un tiempo duro se convierten en diamantes que representan tu poder sobre tú propia melancolía. Al fin y al cabo los hechos siguen iguales, esa persona te hizo sentir en aquel momento realmente miserable, pero el aderezo de pena lo puso tu mente junto a una banda sonora determinada.  Al superarlo, esa banda sonora llega a hacer, tiempo después, que una sonrisa y una paz suba de tu corazón a tu boca. Y vuelve a ser maravilloso escuchar a ese autor con todo tu corazón entero otra vez.

Los escritores y músicos hacen lo mismo con sus obras. Alexis lo hace de modo anónimo hacía su amada. No se quien es la niña de sus suspiros. Supongo que o no es de su circulo de amistades cibernéticas o ella desconoce el dramón que lleva él por dentro. El caso es que a mi me encanta que lo haga. Te identificas, él se alivia y desde mis 40 puedo decirle diciendome: no pasa nada Alexis, tendras amigos, tendrás amor, tendrás amigos....

Feliz domingo melancólico y musical. Por cierto, ahora estoy oyendo de la mano de mi hermanica Cris a Jack Johnson y su nuevo disco "From here to now to you" que es un pastelico, la verdad, pero me encanta....

Gracias por leer

Fotografía tomada de la página web http://www.ramiroelena.com/presentacion


jueves, 3 de octubre de 2013

Yo nunca


¿Habéis jugando alguna vez al "Yo nunca"?. Yo jugaba cuando tenía 19 años (estoy muy pesada con los 19, lo se, pero como dice mi amiga Susan Karpp los 40 son los nuevos 20, por eso que me tiro todo el rato de allá para acá para tomar conciencia de mi actualidad.... creo yo). El juego cumplía dos requisitos juvenilmente impecables. El primero que los otros bebieran y tú no mucho (para pillarles con la guardia baja). El segundo que confesaran algo que o bien tú sabías y querías que se hiciera público, o tú intuías y querías saber a ciencia cierta.

Si habías perdido en la anterior ronda empezabas tú. Cogías el litro de alcohol (corren por mis venas mujer....) y decías muy seria y en tú papel de Pachamama de la fiesta "Yo nunca...." Y ahí decías algo que nunca habías hecho. Empezabas con algo del estilo "Yo nunca me he ido a la cama con las lentillas puestas". Pasabas el litro y todos los que tenían gafas, menos algún friki de la higiene, bebían. Según se bebía o la gente se picaba (a las 3 rondas más o menos) empezaba todo a coger un cariz personal. Tú querías que bebiera "ese" que se había escapado en la ronda anterior, o alguien que estabas segura que había hecho algo escabroso y no lo quería decir.  Para no ser muy evidente atacabas a tu compañera de la vida que te las perdona todas. Tenías que buscar algo que tú no hubieras hecho y ella si. A veces era bastante difícil. "Yo nunca lo he hecho en el mar". El litro iba pasando de mano en mano con comentarios de "¿Nadie va a beber?" y ahí, tú compañera de la vida te miraba con cara de "Te vas a cagar hijadeputa" pero bebía, se reía y aumentaba el nivelón por la connotación sexual que tomaba el juego. Se dejaba de jugar cuando alguien con pareja decía "Ah ¿si? y ¿con quien?, ah pues si te gustaba bien callado que te lo tenías!" Y había que cambiar ipso facto de juego.

Me acordé del "Yo nunca" el día que me leí el último libro de Mara Torres, "La vida imaginaria". A Nata la deja Beto. Real y habitual como la vida misma. El libro arranca así. Tal cual. Pero Nata tiene una cabeza y una mente en la que cabe todo. ¿Que hubiera pasado si? ¿Que pasaría si?. En fin. La mente y la cabeza que tenemos todas. ¿Todos?. No. En eso los hombres son radicalmente distintos. Yo me he sentido tan escalofriantemente identificada con Nata (y con Mara que es la que lo escribió, no lo olvidemos) durante la lectura del libro que llegué a pensar que me habían grabado en mi día a día si no fuera por que no era mi vida realmente la que narraba sino la que yo me había imaginado muchas tardes y muchiiisimas mañanas. Lo hablé con mi hermana y con mi Mari y nos reímos mucho con las anécdotas comunes. Mi hermana había leído el libro en un momento personal muy distinto al mio. Mari no lo había leído pero se lo conté de pe a pa y ya es como si lo hubiera hecho. 

Nata se imagina que habla con Berto. Y se hace la conversación entera. Lo que ella le dice, lo que él le contesta. Ah, no, esa respuesta no le gusta. Volvamos atrás. Encarrilemos la conversación. Y cuando no la consigues encarrilar (aquí ya habla Nata/Mara y yo todas a una Fuenteovejuna) él te mira, tu le miras, le pones cara de "anda ven-acá-pa-cá" y él... él te tumba de un besazo mortal. Se te corta el aire (en la vida imaginaria y en la real). Se te para el mundo, que te quieres bajar. La gente aplaude, vitorean, jalean. Qué envidia de beso, hija. Y sonríes feliz y abres los ojos y estás en el dormitorio de tu casa en medio de un montón de ropa pensando que te pones por si lo ves. Que no le vas a ver, pava alelá, si vives en una ciudad de tres millones de habitantes y él está en la otra punta en diagonal de la  tuya. Chimpum. Me reí lo no escrito con ese momentazo. 

Nata tiene muchos "yo nuncas", como todos, claro está. Son cosas que ella jamás haría. Algunas por convicción, otras porque jamás se imagina que le podría pasar a ella. Es glorioso el momento en el que hay una persona que empieza a aparecer en su vida y de pronto él se presenta a la cita que tiene con ella ¡Con una camiseta de la selección Española de futbol!. Yo nunca saldría con un tipo que no solo tiene una camiseta de la selección Española de futbol si no que encima SE LA PONE! y no como camiseta para ir a dormir o andar por casa, NOOOOO, se la pone para salir con una tia!!. Tremendo. Nata. Yo tampoco. Yo tampoco saldría nunca con un tipo así. No os cuento como acaba por si lo queréis leer. Niñas, sobre todo, merece la pena.

Algunos de mis "yo nuncas" confesables: Yo nunca hablaría español con palabras en inglés como si se me hubieran escapado y fuera gilipollas (lo mismo para el catalán). Yo nunca sería tan intransigente para dejar de comer algo (huevo y leche sobretodo) por una cuestión de conciencia si no fuera por un tema de salud. Menuda gilipollez. Yo nunca haría yoga. Me pone de los nervios esa gente con su Ong, y su olor a incienso y su "te quedas relajadisimo". Relajadisimo de qué?. Yo nunca haría planes con otros padres solo porque mi hijo quiere estar con su hijo. Si hombre!, que mi hijo se adapte a mis amigos. Yo nunca querría a un perro como si fuera de mi familia. Un perro no es una persona. Yo nunca daré mi opinión a alguien sobre algo personal si no me la piden. Yo nunca me haré amiga de alguien en Facebook si no lo conozco en la vida real. Yo nunca le diré a mi hijo "porque lo digo yo y punto pelota". Yo nunca pondré una foto de Iker Casillas en mi perfil por mucho que España gane la Eurocopa. Antes muerta. Yo nunca me engancharé a una serie de zombies. Yo nunca cobraré en B. Yo nunca cambiaré en mis convicciones más básicas.  Yo nunca iré al psicólogo. Yo nunca te fallaré. Yo nunca tropezaré en esa piedra tan gorda dos veces seguidas. Yo nunca bailaré el Gangnam style. 

Alguno de mis "yo nuncas" que a día de hoy sigo cumpliendo: Yo nunca mataré a un ser humano. Yo nunca votaré al PP.

Feliz delirio de semana. Sed buenos y amables con vosotros. Con los demás os reflejareis.   

martes, 21 de mayo de 2013

Personas como yo


- Como dice Porcia: "El don de la clemencia no se impone" Acto IV, escena 1 de El Mercader de Venecia (...) - dijo Richard Abbott.

Yo me puse del lado de Shylock. el parlamento de Porcia sobre la "clemencia" era insulsa hipocresía cristiana (...). En tanto que Shylock da en el clavo: el odio hacia él le ha enseñado a odiar. ¡Y con toda la razón!. "Soy judío" dice Shylock, acto III, escena 1. "Un judío, ¿no tiene ojos? Un judío, ¿no tiene manos, órganos, miembros, sentidos, deseos, emociones?" ¡Me encanta ese parlamento! (...)

-¿Qué dice Shylock?- Pregunté a Richard Abbott. (Yo sabía muy bien qué decía Shylock, y Richard había entendido hacía tiempo hasta qué punto me identificaba yo con eso.)

- "Si nos pincháis, ¿no sangramos?", pregunta Shylock. "Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos?. Si nos envenenáis, ¿no morimos?"

- De acuerdo, Bill, ya lo sé, ya lo sé. Eres uno de esos que reclaman su "libra de carne"- dijo Richard. 

-"Y si nos ofendéis" -proseguí con las palabras textuales de Shylock-, "¿no vamos a vengarnos? Si en lo demás somos como vosotros, también lo seremos en eso"- 

"Personas como yo" John Irving p (344)

La frase recurrente de mi adorado John sale justo en la página 343 "Eres intolerante con la intolerancia, ¿o no, Bill?".  Tan identificada estaba yo en el pasado con esa frase que se repite libro tras libro desde el Garp de "El mundo según Garp" que hasta estaba orgullosa de ella y la hacía un poco mía: "Hola soy Ana Cruz, mucho gusto. Intolerante-con-la-intolerancia, me llaman". Sé que no es nada de lo que estar orgulloso. Es bien estúpido ser un pavo real de una cosa como la intolerancia. Al final te conviertes en el carnicero que no quieres y cargas tus ascos y tus miedos contra los gatos en vez de contra las ratas (nazis versus judíos). Te conviertes en uno de ellos al reclamar tu libra de carne.

Siempre amiga de las minorías, de los grandes grupos mundiales me clasifico en al menos dos. Soy mujer (versus hombre) y soy del sur (versus norte). De los otros grupos me incluyo no en la mayoría, pero si en la reinante en este planeta.  Soy heterosexual, soy blanca y soy europea. Estos grupos no los he elegido. Me gusten o no, yo soy así. Si pudiera elegir probablemente sería homosexual y seguramente sería bisexual y decididamente no sería Europea. Pero, ya he dicho, no se puede elegir. Si no se puede elegir ¿porque miramos con odio y resquemor a los que están en otro grupo sin elección? ¿Y si fuese por elección? ¿Porqué la suya, Real Madrid-Barça, es más deleznable que la nuestra?  

Con el tiempo y una caña (la edad, ¡ay! ese si es un divino tesoro y no la hormonal juventud) he aprendido que la intolerancia no se puede pasar por alto, pero que no se frena siendo intolerante. Me enervan hasta la ebullición de mi sangre blancucha europea grupos políticos de representación ciudadana como el de Josep Anglada de Plataforma per Catalunya con frases públicas como "Nos va a tocar a los valientes expulsar a los musulmanes de nuestro país. [...] Un moro por el simple hecho de hablar en nuestra lengua podría convertirse en catalán [...] Y yo digo que nada de eso, ¡que un musulmán siempre será un musulmán! [...] Aquí ya no cabe ni un solo inmigrante más, hay que expulsar de una vez por todas a todos los inmigrantes ilegales.". La respuesta a este señor no es mi sangre bulle que te bulle. Es no votarle. Es entrevistarle con inteligencia. Es desarmarle. 

Para desarmarle (como hizo Michael Moore con Charlton Heston en Bowling for Columbine), para entrevistarle con inteligencia (como hace Jordi Évole en su programa semanal "Salvados") y para no votarle, lo mejor que podemos hacer es leer. Leer. Beber de la historia.  Tener memoria. Contarnos unos a otros lo que pasó. Explicarlo con palabras tiernas a los niños. Con dibujos de ratas, con números de economistas, con diarios de la época, con películas y documentales. Saber que de aquellas lluvias, aquellos lodos y que si a Alemania no la hubieran machacado tanto económicamente tras la primera guerra mundial, a lo mejor Hitler no habría tenido necesidad de querer cobrarse su "libra de carne". Bien se la cobró. Para acabar sepultado bajo un montón de escombros atrapado en un bunker como una rata.    

Pensemos antes de odiar. Amemos sin pensar. Sintamos que todos somos iguales, por que lo somos. Si nos pinchan, sangramos y si nos hacen cosquillas, reímos, como dijo William Shakespeare hace más de 400 años. Todos. De las mayores proezas y de las peores bajezas. ¿Quien quieres ser?

Imagen del libro-comic "Maus" de Art Spiegelman sacada de la web http://www.casadellibro.com/libro-maus/9788439720713/1139973

martes, 14 de mayo de 2013

"El amor en los tiempos del cólera" Gabriel García Márquez


"Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera." (p. 73)

Corría el verano del 93 y mientras él corría, yo dormitaba y vagueaba en la piscina de mi Mari de mi alma. Mis apuntes de Cálculo III y Física II en mi maleta, los suyos de primero de Economía en su dormitorio. Un libro recomendado por Pepito Gutierrez gran amigo de mi padre me había acompañado hasta la árida sierra madrileña. Era "El amor en los tiempos del cólera". Tardé unos días en abrirlo. La recomendación de un señor que te lleva 25 años cuando tú estás en los insolentes 20, no es de las recomendaciones a las que te tiras a corazón abierto.

Llegó el día soporífero. La siesta soñada para unos. La película esperada para otros. Y quedé sin nada ni nadie a mi vera en la casa. Recuerdo el calor. Recuerdo que él no llamaba. Recuerdo que me había escapado a Moral para que él no me localizara. Estando en cura de salud emocional, me entregué al García Marquez conocido pero aún por descubrir enteramente. "Si no has leído el amor en los tiempos del cólera no sabes porque que te gusta García Márquez" Me había dicho días antes Pepito Gutierrez.

El primer párrafo me arrancó la sonrisa. Los olores que marcaban el libro y el estilo del escritor me dieron en la nariz nada más empezar. Muerte, amor contrariado y amistad. Inteligencia en el  ajedrez. Antillano guerrero transformado en artista. Salvarse del amor con oro. Aunque fuera de cianuro.

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro."    

Devoré el libro en apenas días. Lo dejaba con desgana para ir a comer y le quitaba horas al sueño (que no a  las nocturnas con mi Mari) para levantarme bien temprano y conseguir seguir en la agonía de Florentino Ariza tras Fermina Daza.  Florentino le jura a Fermina amor eterno y ese juramento se convierte en el amor tormentoso de su vida entera. Fermina se deja querer con curiosidad pero Florentino no es el tipo de hombre que a ella le conviene. La niña se casa con el doctor Urbino y Florentino Ariza debe esperar más de cincuenta años para cumplir su promesa. Con la sensación de que la vida se le va escurriendo entre los dedos sin su amor, Florentino, se dedica en cuerpo y alma a ser el hombre y el amante apropiado para su diosa coronada. Fermina fantasea con un amor que no conoce, al que no probó y con el que no puede comparar su realidad de esposa del doctor. Lo anhela en sueños. Se le desesperan las entrañas. Y así van pasando los años y las hojas del libro, esperando y temiendo, unos y otros, el final.

Yo lo temía. No quería que llegara. No quería que acabara. Se me acababa la vida a mis veinte recién estrenados. Con mi sabiduría de amor de andar por casa. Con mis novedosos impulsos poco probados. Con mi corazón en la mano y mi alma salida del armario. Mataría por un amor así. De puro y de duro. De que tan parecido al cólera te matara y te murieras por él. El libro se acabó y el final me mató. Esperaba aún más. No se el qué pero más. Siempre espero más.

Supuse, aquel verano, que tendría toda la vida por delante para que el fuego me arrasara y conseguir arrasar a alguien solo con mi mirada. Con los años me di cuenta que el fuego que a Florentino no carbonizaba, incombustible en su amor, a mi, me quemaba y dañaba. Y que los libros, libros son, y la vida es mejor que la ficción. ¿O no? ¿O si? ¿Cual de las dos vidas fue la mejor? ¿La de Florentino esperando a Fermina entre amores de colores? ¿La de ella en casa de su doctor, anhelando lo que no sabía que tenía?

"-contéstale que sí- le dijo-, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no." (p. 83)

Buena y maravillosa lectura a los que tenéis el placer de evadiros con los libros. Feliz martes azul. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Me enamoré de John Irving


Cuando tenía 17 años me enamoré de un yanki de 24. De lo más destacable era ser licenciado en matemáticas, ex jugador profesional de wrestling y con el sueño de ser “high school coach” (profesor de gimnasia de instituto) o hacerse el Ted Danson y montarse un bar tipo Cheers (en aquel momento en pleno auge en EEUU donde le conocí). También era muy destacable su pasión por mi que me tenía más bien entre incrédula y altamente emocionada. Su salario se lo cobraba del ejército americano pues era teniente de aviación de la famosa USA NAVY.  Cuando iniciamos nuestro idilio él estaba realizando un curso a lo Top Gun en Florida y yo haciendo el año final del High School en Missouri. Soy consciente que la descripción suena totalmente inventada pero juro que es verdad. Tampoco él era Tom Cruise ni yo, obvio, soy la Mcgillis, no nos pongamos tontos. En este blog, a veces oculto, pero nunca miento. Con todos estos antecedentes y siendo yo una niña recién llegada de las Españas, os imaginareis que tuve muy pocas oportunidades de que la historia floreciera más allá de unas semanas. Pero no, tuve suerte y me aguantó el tipo cuatro meses idas y venidas desde Florida a Missouri en coche cada fin de semana que tenía libre, además de un intenso carteo postal (no había email ni Facebook en la época) y de aprender por mi parte inglés inteligente, mordaz y sarcástico a toda máquina. No me quedaba otra para conquistarle. A los cuatro meses se cansó de la virgencita Española reacia a dejar de serlo y no pudiendo ser mi cuerpo suyo, echó a volar a pesar del amor que tenía por mi mente (palabras textuales del teniente).

Cuento todo esto no por el USA NAVY si no por el escritor John Irving. Descubrí a John pocos años después de esta no-tórrida historia de amor, con su libro “El mundo según Garp” y me enamoré como una autentica loca. Los rescoldos de las brasas que había dejado el teniente Thomure se avivaron desde la página uno por las similitudes. Ya se sabe que las relaciones mal cerradas dejan ventanas abiertas. John Irving es de New Hampshire y en sus novelas siempre usa unos toques y “clichés” descaradamente autobiográficos que no se molesta en ocultar. El protagonista de todas sus novelas, o uno de los protagonistas, es escritor (como obviamente lo es John). Ha sido o es profesor de lucha libre en el instituto o a veces es jugador en su juventud (como lo fue John). Divorciado, vuelto a casar y con hijos (John lo es). Con historias emocionales tremebundas (a John se le intuyen) donde el hombre recibe más cera de la que puede soportar entre América y Europa (vivió en Viena como estudiante). Algún muerto muy principal siempre cae en el medio del libro desbaratando la trama. Hay infidelidades, amores eternos a lo Guadiana que van y vienen (suelen ser libros en los que se desarrolla la vida del protagonista desde su infancia hasta la vejez), amantes fugaces e imaginativas historias no consumadas (de este tema, sobre John, no sé nada aparte de su ya mencionado divorcio). Sus protagonistas, habitualmente masculinos, siempre tienen un marcado compromiso político y social. Son intransigentes con la intransigencia hasta puntos de locura (muy yo misma). Respetan y valoran a la mujer dejándose la vida en comprenderla a lo largo de la novela entera y no siempre consiguiéndolo pero amándolas de una manera poco vista en un escritor/hombre estadounidense. Padres comprometidos, entregados y amorosos, siempre precoces en su paternidad (como lo fue el propio John). En cada nuevo libro suyo que empiezo, John, es mi hombre.

A estas alturas de mi vida me he leído todos los que había escrito antes de que yo cumpliera los ventipocos y desde entonces cada vez que publica uno a las semanas lo tengo devorado. El último publicado en España es del año 2010: “La última noche en Twisted River”. En mitad del libro me paré a escribirle la carta. Las lectoras (y lectores asumo) de John le han escrito mucho a lo largo de su vida. Ellas también salen en sus novelas. Casi siempre hay un escritor escribiendo una novela dentro de la novela integrada de una manera magistral. Quieres leerla y sabes que no puedes, que John nunca la acabará. Entonces aparece una fan chalada declarándole su amor siempre por carta, siempre más joven que él y a veces se cartean y la relación no llega a más o se conocen y él le pone los cuernos a su mujer de turno, o inician una siempre tórrida relación que nunca va más allá de unas cuantas páginas.

El que no vaya a ir más allá (si me meto en un jardín me intento llevar las flores) y que el hombre haya nacido en 1942, es lo que me ha detenido durante casi 20 años a escribirle la carta. La verdad es que pensándolo en frío es más mayor que mi padre y ahora tiene que estar el hombre bastante más desmejorado que cuando empecé mi idilio mental con él. Desmejorado y poco apto para las acrobacias que describe en sus libros. Tenía que haberle escrito antes, que tonta, cuando mi inglés era lo suficientemente bueno como para impresionarle. Desde el ciber espacio, John, que sepas, que me traes loca. Que gusto saber que te puedo releer cuantas veces quiera e imaginarme que escribo de nuevo esa carta, con delirios de adolescente amorosa. Mientras, esperaré a que publiquen aquí tu última novela "In one person", y así, poderme enamorar otra vez de ti.


sábado, 5 de enero de 2013

¿Nos gusta el sexo?



Cuando eramos jovencitas mi Mari y yo teníamos una eterna conversación-discusión con nuestro amigo Monchete y él nos recalcaba una y otra vez allá por el año 1992 que las mujeres y los hombres no sentimos igual y que el sexo para nosotras no es lo mismo que para ellos.  Nunca nos acostamos ninguna con Monchete (para su desgracia) y nunca se lo pudimos demostrar, pero Mari y yo hemos hablado de sexo muchas veces (no, tampoco me he acostado con Mari.  Somos muy amigas como para fastidiar la amistad, ya se sabe)

Yo no estoy en la mente de un hombre (ni ganas que tengo del eco-eco que debe haber por allí) para saber lo que piensan pero si sé que ellos no están en la mente de una mujer y que por mucho que hablen con nosotras al final se cruzan miradas complices unos con otros y, displicentemente, se vienen a decir sin palabras que no, que para ellas no es lo mismo que para ellos.  Vamos que a nosotras no nos gusta tanto el tema. 

Hace unos días salio otra vez esta conversación, más recurrente que la independencia de Cataluña en los círculos de cuarentones, con amigos mios,  hombres y mujeres, y ellos sacaron la misma conclusión que Monchete y alguna de nosotras dijo que si, que es verdad que ellos son mucho más.... tú ya me entiendes ¿no?. Osea que 20 años después seguimos en las mismas.  Espero poder llegar a explicárselo bien algún día a mi hijo y que le sirva para su vida sexual y su vida general. Que la disfrute plenamente ya que tendrá que convivir con hombres y mujeres.  No siendo él una mujer, que al menos las conozca bien.

El libro famoso de las "Cincuenta sombras de Grey" (deberían prestároslo pero no os lo compréis por que no merece la pena como para tenerlo en un sitio de honor de vuestra librería.  En la mía al menos no cabe) rula de mano en mano por Gavá y el ancho mundo mucho más que ruló los de Harry Potter. Mamás, hermanas, amigas y mujeres de todo tipo y experiencia se sonríen cuando me reconocen que lo han leído a las que curiosas preguntábamos desde Septiembre, que qué fenómeno literario era ese.

Yo soy anti fenómenos declarada.  Así que tuvo que llegar el día que había acabado con los dos últimos libros que me compré y me encontré en casa de mi hermana cotilleando su librería con la trilogía delante de mis narices.  Jesús, ¿los tres?.  La llamé y me dijo que si, que lo podía coger. Cogí uno.

Me lo acabé en pocos días. Me salté varias partes y lo leí muy en diagonal.  Ahora mismo escribiendo este post me acuerdo que él se llama Grey (fácil...) y ella... ¡¡No lo sé!! con lo memoriona que soy yo.  Dice mucho del calado que me ha dejado.  Los personajes son irreales total y las situaciones dan mucha risa.  Y con todo lo que promete el tema, enseñar, a mi, no me ha enseñado nada que no supiera, ni siquiera terminología.  Sería entendible si fuera un libro enfocado a veinteañeras, la edad de la protagonista  pero no, resulta que las que lo compran y comentan son cuarentonas.  No tengo muchas veinteañeras a mi alrededor pero creo que les va más el rollo Crepusculo.

Varios amigos me han confesado que están encantados de ver el libro en la mesita de noche de su mujer porque así se pone más a tono y está más predispuesta cuando lo que realmente le hace estar predispuesta a una mujer es que la amen, la deseen y el hombre que ella ama esté dispuesto a hacerla la reina de su cama, o de su cocina, del sofá del salón, o de la ducha.....

Cuando unos y otros nos creamos eso, los látigos de terciopelo, los helados de nata, las esposas blanditas, las correas sutiles, los tacones de aguja, las frutas en la boca, las vendas oscuras, la cera tibia, los aceites de almendras, los disfraces de colegiala, los pedacitos de hielo, los juguetes de cromo, los monos de butanero... todo eso, no serán más que motivos para hacer que el sexo sea más divertido y el amor no se ponga tan intenso.

Amaros los unos a los otros y disfrutad, joder, disfrutad que la vida es muy cortita 

Cuadro del pintor manchego y tio mio Agustín Úbeda. Imagen sacada http://www.nolde.es/obra_artista.asp?P=1&A=21

jueves, 29 de noviembre de 2012

El invierno del mundo, de Ken Follett



Yo, a Ken Follett, lo tenía atragantado.  Para empezar ese nombre, Follett, que no haré las gracias facilonas pero todos lo tenéis en mente (menos los catalanes ya que follet es un duende).  Y Ken es un nombre varonil al que, gracias a nuestra amiga Barbie, no tenemos ninguna mucho aprecio.  Últimamente Toy Story 3 hizo algo en el favor de los Ken del mundo marcándose un baile con pase de atuendos, más o menos masculinos, memorable.  Para seguir que allá por los noventa todo el mundo te daba la paliza a todas horas sobre si te habías leído o no el novelón de “Los pilares de la tierra” y ponían los ojos en blanco cuando decías que no y que además no lo pensabas leer porque tenias al Follett atragantao.  No lo entendían. Y yo me enfurruñaba aún más.  Yo era (soy, pero menos) muy enfadica.

Un día estando sola y aburrida en un verano tostón, alguien me lo pasó (creo que fue Mari) y no me quedaron muchos argumentos y si muchas horas de tedio y me lo empecé a leer.  No recuerdo el año ni las circunstancias.  Recuerdo el  momento en el que el Sr Follett me enganchó.  Fue cuando, tras una descripción muy minuciosa y realista a lo escritor histórico que se ha empollado unos buenos tochazos idem, y que me tenían medio aburrida medio interesada (soy muy, muy de la novela mágica-espiritual-carnal de los escritores hispanoamericanos), mi amigo Ken, narró el parto de la mujer de Tom (es al principio, no voy a hacer ningún spoiler muy grave) y describió unos paños muy particulares y su forma de usarlo.  Me pareció tan tierno.  Tan poco masculino y tan poco yankie.  Miré la solapa del libro y sonreí.  Ken es Galés.

Ahora todo el mundo está dando la matraca con “Los pilares de la tierra”, otra vez, pues el año pasado emitieron una serie en televisión basada en el libro que no está mal del todo.  He de reconocer que tras mi espanto inicial ante la idea, me enganché.  Mis amigos Ana y Javier a través de Facebook comentándola on-line hacía que la disfrutara aún más.  Ya sé que on-line no es lo mismo que con tus amigos en el sofá y unas cervezas y patatas fritas (yo no como palomitas) pero con 40 años, un hijo de 5 y viviendo en ciudades distintas, Facebook, me proporcionaba esas noches unas risas muy cómplices con mis dos amigos.

La segunda parte de ese libro, “Un mundo sin fin”, engancha sobre todo porque Ken continua muy bien las tramas a lo patio de vecino y sabes lo que le pasa a todo el mundo veinte años después.  Siempre se carga a alguien importante y siempre violan a la más guapa, orgullosa y valiente y esta luego toma venganza de una manera nada sanguinaria pero a veces muy cruel.  Vamos lo que nos gustaría a todos.  Pero no es ni la mitad de bueno que el primero.  Se deja leer.

A diferencia del cine que ya no hay nada que merezca la pena ver, con los libros, pasa al contrario.  Sí que hay mucha basura con grandes inversiones en marketing que si no te los lees no habrá cambiado tú vida, pero en general, como no es el negociazo del mundo ya que la gente cada vez lee menos libros, al lector, le cuelan menos porquerías que al espectador.

Cuento esto por que Ken no es García Márquez.  La verdad es que no le llega ni a la suela de los zapatos y ¿entretiene? Pues sí, mucho. Quitando las muertes un poco sin ton ni son y el tono un poco machista disfrazado de progre, he de decir que las novelas entretienen y enganchan.  En una dura noche de invierno bajo las mantas ¿qué más quieres? (bueno, si, puedes querer a Dani Mateo que he visto en mi anterior post que este despertaba pasiones de uno y otro calibre)

Me acabo de terminar el magnífico “El invierno del mundo” regalo ansiado de mi cumpleaños regalado por mi Mari Carmen.  Es el segundo libro de la trilogía “The Century” (El Siglo).  El primero es “La caída de los gigantes”.  La trilogía tienen chicha y trama, mucha trama.  Desde la primera guerra mundial y la revolución bolchevique, Ken te guía a través de la segunda, la guerra civil y el nacimiento de la desastrosa bomba atómica para acabar con la guerra fría y el final del siglo XX.   ¿Lo mejor? Te lleva de la mano de cinco familias, abuelos, padres e hijos.  Las familias son: una galesa (como no, querido Ken), una estadounidense, una inglesa, una rusa y una alemana.  Hay políticos, soldados, mineros, nobles, bastardos, vamos, cocktail completito.

¿Merece la pena? Leer, siempre, merece la pena, aunque solo sean los twits de mi amado Dani, pero chicos… démosle a la vida un poco más de valor y memoria.  Sobre todo memoria histórica.  Nos hace falta recordar mucho lo que otros, nuestros abuelos y padres, han pasado. ¿Qué coño es eso de no ir a votar?, en fin que me desvío del post.  Buena lectura a todos

Imagen sacada de http://properaparadacultura.blogspot.com.es/2012/09/el-invierno-del-mundo-ken-follet.html

jueves, 4 de octubre de 2012

"Suite francesa" Irène Némirovsky

Hace ya tres años que mi madre me regaló "Suite francesa" de Irène Némirovsky y si actualmente alguien me pide opinión sobre que libro leer o comprar sigo diciendo: Este.

Nacida en Kiev en 1903 y huyendo de la revolución bolchevique, su familia se establece en París en 1919.  Dice la solapa del libro que recibió una educación exquisita y que se licenció en Letras por la Sorbona.  En 1929 con tan solo 26 años publica su primera novela y comienza una brillante carrera convirtiéndola en una de las escritoras con mayor prestigio de Francia. 

Suite francesa se publicó en 2004.  Irène había dejado el manuscrito a sus dos hijas en una maleta y estas lo conservaron por decenios antes de decidirse a publicarla.

Cuando mi madre me la regaló y me dijo "Leetela, Ana" le pregunté "¿De que va?" y me contestó algo de la Francia ocupada en la 2ª guerra mundial "Paso.  Que palo me da la 2ª guerra mundial y todas su pelis y sus infinitos documentales".  "Leetela, hija mia".  Me leí la novela de un tirón.

Irène escribió Suite francesa en 1942 pensando en un libro de 1.000 páginas dividido en cinco partes.  Solo pudo acabar dos.  El 13 de julio la detienen los gendarmes franceses y la deportan al campo de concentración de Auschwitz donde la asesinarán el 17 de agosto de 1942.



Lo peor es el final de su vida, lo mejor lo que nos ha quedado, su obra.  Escrita en tonos grises, blancos y negros, hay franceses valientes y cobardes, judíos avariciosos y generosos, nazis incultos y cultivados, nobles innobles y campesinos odiosos.  "Narra la ocupación nazi en tiempo real contada por alguien que no pudo tener ni la distancia ni la perspectiva del tiempo, ni sabía el final que la novela de su propia vida le iba a deparar." (texto tomado de la contra del libro)  

En la foto que he elegido está con sus hijas Denise y Élisabeth.  Su marido y padre de las niñas Michel Epstein fue detenido y asesinado meses más tarde.  Murió el 6 de noviembre de 1942.  Hasta el último día de su vida Michel pensó que podría salvar a Irène.  Se presentó en el "campo de trabajo" para ocupar el lugar de su mujer y que esta pudiera volver a casa con sus hijas.

Nada más.  Eso es todo.  Altamente recomendable

martes, 2 de octubre de 2012

Especia tres: los libros


Siempre que mi marido me pregunta que quiero para reyes o mi cumple digo lo mismo: Un libro y él siempre me responde lo mismo: No se cual comprarte.  Yo no leo.  Y yo siempre pienso lo mismo:


Soy muy intransigente con la intransigencia como lo era Garp de "El mundo según Garp" de John Irving pero con la edad menos, menos mal, por que era muy incongruente conmigo misma.  De ahí que a pesar de lo que pienso/pensaba me enamoré de mi marido y aquí estamos tan ricamente casados uno contra el otro, uno leyendo y el otro no.

Le conocí después de pasar por otro novio que la primera noche de amor me confesó que su libro favorito era uno que le había dado su madre antes de abandonar su Barcelona natal (nos conocimos en Inglaterra) y lo llevaba con él en la mochila (si, lo admito era un mochilero muy atractivo).  Sacó el libro de la mochila y casi me caigo redonda.  Yo había estado leyendo ese mismo libro semanas antes.  Estábamos en sintonía total!!!.  En este post no pongo el nombre del libro por que ahora me da una vergüenza terrible lo cursi que era, tan poco yo misma, ni siquiera para la época en la que yo rondaba los 25.  El mochilero y yo compartimos 14 meses de amor (el embarazo de la elefanta) y no él volvió a coger muchos más libros. 

Conclusión: los hombres no leen.  Los que me he cruzado en mi vida.  Los de la generación anterior si leen.  Será que como no podían hacer otra cosa… ya sabéis aquello de que no había tele y no se podía pecar de otro modo, pues leían.

Leer para mi es no básico, sino VITAL.  Leo todo lo que me cae en las manos, champús, instrucciones de como montar un bey-blade hasta los ingredientes de un paquete de lentejas.  Blogs, periódicos, facebooks de amigos, de enemigos que se los dejan abiertos, el guasap del movil de mi marido, los folletos del club de mugendo de Gavá, los del club de los abuelos que te regalan un jamón y una excursión con paella por 20€ (este folleto me lo leo muy bien porque no lo entiendo. No sé, luego deben matarte para hacer parrillada contigo para la próxima excursión y cuadrar los costes)... y un largo etcetera.  Pero lo que más gustico me da leer son los libros.

Así que mi especia tres será: Hablar de los libros que me gustan, y de los que me he dejado a medias también (son pocos).  Quedamos pues con especia uno la jardinería y la dos la gastronomía.  Por ahora las tres especias de mi vida.  Recordar que tengo cinco dedos, o diez según dé de sí el blog.  

Este post está dedicado con especial amor a Silvia, la nueva comisionista de la biblioteca de su escuela ¿Se dice así?