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jueves, 8 de enero de 2015

Me cago en el hombre



BANSKY

Hace 25 años yo quería ser periodista. Hace 30, escritora. Hace 35, feliz. Está claro que las expectativas que tenía de mi misma fueron decreciendo hasta que cuando contaba con 41 decidí invertir el orden de los factores para que me cuadrara mejor el resultado y el presupuesto. Hoy escribo para ser feliz entre otras cosas. Mi padre me presentó a dos personas que habían estudiado la carrera universitaria de periodismo y trabajaban de otra cosa. Uno de fotógrafo en un medio que odiaba. La otra de profesora en un módulo que no la hacía muy feliz tampoco. Les conocí y me pegó un bajón como dicen hoy en día que no veas. Si me pasase hoy le metería un block a mi padre que se iba a enterar y luego le desbloquearía pasadas las 24 horas de rigor porque le quiero mucho y aunque lo hizo por mi bien, por eso de "conoce la realidad que te espera", el hablar con esas personas fue un antes y un después en mi decisión de estudiar Ciencias Exactas en la Autónoma de Madrid. Vueltecicas que da la vida.

Esta mañana de enero, heladora como pocas en los últimos meses, pero como casi todas las mañanas de enero de mi vida, me he levantado con el alma en los pies y con el corazón agujereado por la pena. Todo lo atrasado lo he pospuesto más aún. Y me he ido a picar cebolla. Y dos ajos. Y un pimiento verde. Y tres tomates. Y con ese aceitico bueno genuino de Jaén me he puesto a sofreirme la congoja. Mientras meditaba mirando la sartén he escrito este texto. Ahora toda la casa huele a lentejas haciendo chupchup mientras intento conjurar a los lobos de Caperucita para sacarla feliz de la casa hacía el bosque antes de que se vaya a trabajar donde Willie Wonka.

Yo ya no creo en Dios. Ni en el de aquí ni el los de los otros,claro está. Ni un poco. Ya no me duele ni me saca los colores. Ya no me justifico ante los míos porque antes creyera y ahora no. Ya me importa un comino. Si hubiera puesto de título "Me cago en Dios y me llevo dos" aparte de plagiar a una tuitera que se llama Sor Furcia, hubierais empezado a leerme de otro ánimo. Con más o menos enfado u ofensa o risas en la boca.

Yo hoy no me río. Y eso es una pena. Ayer mataron a 12 personas que dibujaban, creaban, opinaban, voceaban, trabajaban y respiraban por nosotros. Al menos por mi lo hacían. Por eso me siento tan tocada hoy. Tan próxima a ellos. A los que les lloran. A los que se rebelan. A los que sacan la lengua por el culo ante la nueva barbarie del hombre. Y muchos son capaces de volver a hacer humor para mostrarles a los monstruos terrenales que de todo nos podemos reír. De absolutamente todo. Y ¿sabéis por qué? Por que la risa no mata. La risa eleva y hace eco hasta más allá de la existencia. Porque esas personas no están pero sus seres queridos siempre sonreirán al acordarse de ellos. Porque lucharon por la libertad de todos nosotros. Para que yo pueda decir me cago en Dios y quedarme así de ancha. Como si me hubiera tragado dos.

Dice el cómico Ricky Gervais "Toda persona tiene derecho a creer lo que quiera.... Y todas las demás personas tienen el derecho a encontrarlo ridículamente estúpido". Brindo por ello. Por mi derecho a discernir. Incluso por el tuyo a no compartir mi texto. Y si te ofendes al leerlo, como decía Rhett Butler "Francamente, querida, me importa un bledo".

Amen. Siempre. Sin tilde. Y... nos vemos en los bares.  



lunes, 30 de septiembre de 2013

Esa soberbia puñetera....

Tengo muchos, pero del que más me arrepiento, del que soy más consciente, del que cuando lo veo en alguien cercano a mí me repatea las tripas, el más odiado, el más enquistado en mí, de todos los pecados capitales, mi talón de pobre Aquiles es: la soberbia.

La palabra pecado también me enerva así que debería empezar a usar la palabra defecto en contra de virtud. Virtud no es eclesiástico, ¿o si? ¿Qué hay en la iglesia en contraposición a los pecados? ¿Nada? ¿Virtudes? Pero las virtudes son humanas, como los pecados. Si, pero los pecados, aunque humanos cometidos, son pecados por los ojos del Dios que lo juzga. Touché Dios. Solo cosas malas para castigar. (Aquí espero a un Enrique para debatir)  

Lo que me enrabia del tema eclesiástico es la culpa y el lenguaje. Me he criado en la cultura cristiana, apostólica y romana, por lo que mi lenguaje está plagado de Dios míos, Jesús, María y José, penitencia, santos, los nombrados pecados, arrepentimiento, confesión y un sinfín de palabras más del cotidiano día a día arraigadas en mi lengua y mi corazón.

Como últimamente escribo mucho y tengo un público de lo más diverso (en el blog, en face y en guasap) trato de cuidar mi lenguaje para no ofender cosa que no siempre consigo. Me cuido de mi lenguaje personal y del de los otros. Ahí me sale el puntito de soberbia castigadora justiciera (que no educadora) contra las faltas de ortografía de los otros. Me "carteo" con gente que ya acabó la escuela básica por lo que las faltas ortográficas son inaceptables (solo la canguro de Luc aún anda en el colegio y a ella le voy a dar un margen para empezar a tirarle de los pelos). El vocabulario se gana leyendo y eso no se le puede echar en cara a nadie. La falta de lectura, mi personal opinión, es directamente imputable a los padres. Si un hijo no ve que en su casa (que es su mundo real) se lee, si su madre jamás cogió un libro o un periódico delante de él, si por la noche no cayeron cuentos leídos con voces teatrales, entonces, ese niño, difícilmente será un niño lector y menos aun un adulto lector.

Los libros pierden lectores se pierden según estos crecen. Lo bueno es que, al crecer, los libros ganan escépticos, pacientes y permisivos. Esa tontada de que si cuando eres joven no eres de izquierdas, es que no tienes corazón y si a los 40 no eres de derechas, es que no tienes cabeza, obviamente la dijo uno de derechas.  Yo me debí dejar la cabeza en el culo pues cada día tengo menos de una y más del otro. (Esto va a levantar ampollas pero quien tenga ovarios o testículos que me lo discuta. No quedarse callados que yo lo hago público. No me da ninguna vergüenza). Mi mayor permisividad pasa por intentar ponerme en la piel del otro cosa que de adolescente jamás hacía. Pero... ¿de derechas? Jamás. Ni por la puta economía (perdón por la palabra economía)

La soberbia, de lo que iba este post. La soberbia me puede. Ese sabelotodismo que me rodea en alma y lenguaje corporal y verbal me mata a mí misma. ¿No me podré estar callada? Hoy analizaba una frase-opinión que di al azar y sin que me la pidieran sobre el gusto musical de una persona. Bueno. Me puse… que ni estuviera yo cursando bachillerato musical que empezó mi hermano Andrés. Lo mejor de la historia es que a la persona que le lanzaba mi perorata se la pelaba bastante mi opinión (musicalmente hablando). No me lo hizo saber en plan yo. No. Sonrió y siguió a la suya. Y yo me quedé con un “Pero bueno!!!” y unas ganas de seguir argumentando tremendas. Sencillamente para esa persona mi opinión no era válida ni estaba muy fundamentada (a decir verdad). A mí el gusto musical de esa persona me la pelaba bastante (siguiendo con el lenguaje soez y vulgar que me caracteriza, no nos pongamos muy académicos) así que ¿Cuál era el motivo de mi subida de gaseosa?  ¿Qué ganaba yo con aquello? ¿Me hacía bien ese aire de sabelotodo, autosuficiente y tratar a toda costa de quedar por encima del agua como el aceite? Ya puedo contestar (días después) que no. Quedé como la imbécil que soy. Esta persona de la que hablo ni se acuerda, seguramente, de la anécdota pero yo sí que me acuerdo. A la que le envenenó el comentario gratuito fue a mi.

Últimamente me analizo mucho. Los comportamientos, las emociones, los pensamientos, lo que está y lo que no está. Me sirve para darme cuenta de cómo de equivocada he estado durante 40 años y que al cambiar de opinión el mundo alrededor no se resquebraja (como cuando me hice vegetariana. Al 98% de los que estaban a mi lado se la peló, creo que solo le afectó a mi hijo), el mundo sigue su rueda que te rueda aunque yo ya no coma carne. "Ah, pues qué bien para ti". Suele ser el comentario mayoritario. Así que … si no pasa nada ¿para que muero en el intento de convencer y de demostrar mi supuesta superioridad?. ¿Y quién me ha dado el poder de ser yo la superior? Sólo y exclusivamente mi puta soberbia.

Ah! Queridos, reflexionemos. Yo me lo guiso yo me lo como. Bueno. Está bien lo que bien acaba. Reconociendo y agachando la testa una está mucho más guapa. Perdonándose y dejándose ser muuucho mejor.

Feliz lunes lunero de amor    


martes, 21 de mayo de 2013

Personas como yo


- Como dice Porcia: "El don de la clemencia no se impone" Acto IV, escena 1 de El Mercader de Venecia (...) - dijo Richard Abbott.

Yo me puse del lado de Shylock. el parlamento de Porcia sobre la "clemencia" era insulsa hipocresía cristiana (...). En tanto que Shylock da en el clavo: el odio hacia él le ha enseñado a odiar. ¡Y con toda la razón!. "Soy judío" dice Shylock, acto III, escena 1. "Un judío, ¿no tiene ojos? Un judío, ¿no tiene manos, órganos, miembros, sentidos, deseos, emociones?" ¡Me encanta ese parlamento! (...)

-¿Qué dice Shylock?- Pregunté a Richard Abbott. (Yo sabía muy bien qué decía Shylock, y Richard había entendido hacía tiempo hasta qué punto me identificaba yo con eso.)

- "Si nos pincháis, ¿no sangramos?", pregunta Shylock. "Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos?. Si nos envenenáis, ¿no morimos?"

- De acuerdo, Bill, ya lo sé, ya lo sé. Eres uno de esos que reclaman su "libra de carne"- dijo Richard. 

-"Y si nos ofendéis" -proseguí con las palabras textuales de Shylock-, "¿no vamos a vengarnos? Si en lo demás somos como vosotros, también lo seremos en eso"- 

"Personas como yo" John Irving p (344)

La frase recurrente de mi adorado John sale justo en la página 343 "Eres intolerante con la intolerancia, ¿o no, Bill?".  Tan identificada estaba yo en el pasado con esa frase que se repite libro tras libro desde el Garp de "El mundo según Garp" que hasta estaba orgullosa de ella y la hacía un poco mía: "Hola soy Ana Cruz, mucho gusto. Intolerante-con-la-intolerancia, me llaman". Sé que no es nada de lo que estar orgulloso. Es bien estúpido ser un pavo real de una cosa como la intolerancia. Al final te conviertes en el carnicero que no quieres y cargas tus ascos y tus miedos contra los gatos en vez de contra las ratas (nazis versus judíos). Te conviertes en uno de ellos al reclamar tu libra de carne.

Siempre amiga de las minorías, de los grandes grupos mundiales me clasifico en al menos dos. Soy mujer (versus hombre) y soy del sur (versus norte). De los otros grupos me incluyo no en la mayoría, pero si en la reinante en este planeta.  Soy heterosexual, soy blanca y soy europea. Estos grupos no los he elegido. Me gusten o no, yo soy así. Si pudiera elegir probablemente sería homosexual y seguramente sería bisexual y decididamente no sería Europea. Pero, ya he dicho, no se puede elegir. Si no se puede elegir ¿porque miramos con odio y resquemor a los que están en otro grupo sin elección? ¿Y si fuese por elección? ¿Porqué la suya, Real Madrid-Barça, es más deleznable que la nuestra?  

Con el tiempo y una caña (la edad, ¡ay! ese si es un divino tesoro y no la hormonal juventud) he aprendido que la intolerancia no se puede pasar por alto, pero que no se frena siendo intolerante. Me enervan hasta la ebullición de mi sangre blancucha europea grupos políticos de representación ciudadana como el de Josep Anglada de Plataforma per Catalunya con frases públicas como "Nos va a tocar a los valientes expulsar a los musulmanes de nuestro país. [...] Un moro por el simple hecho de hablar en nuestra lengua podría convertirse en catalán [...] Y yo digo que nada de eso, ¡que un musulmán siempre será un musulmán! [...] Aquí ya no cabe ni un solo inmigrante más, hay que expulsar de una vez por todas a todos los inmigrantes ilegales.". La respuesta a este señor no es mi sangre bulle que te bulle. Es no votarle. Es entrevistarle con inteligencia. Es desarmarle. 

Para desarmarle (como hizo Michael Moore con Charlton Heston en Bowling for Columbine), para entrevistarle con inteligencia (como hace Jordi Évole en su programa semanal "Salvados") y para no votarle, lo mejor que podemos hacer es leer. Leer. Beber de la historia.  Tener memoria. Contarnos unos a otros lo que pasó. Explicarlo con palabras tiernas a los niños. Con dibujos de ratas, con números de economistas, con diarios de la época, con películas y documentales. Saber que de aquellas lluvias, aquellos lodos y que si a Alemania no la hubieran machacado tanto económicamente tras la primera guerra mundial, a lo mejor Hitler no habría tenido necesidad de querer cobrarse su "libra de carne". Bien se la cobró. Para acabar sepultado bajo un montón de escombros atrapado en un bunker como una rata.    

Pensemos antes de odiar. Amemos sin pensar. Sintamos que todos somos iguales, por que lo somos. Si nos pinchan, sangramos y si nos hacen cosquillas, reímos, como dijo William Shakespeare hace más de 400 años. Todos. De las mayores proezas y de las peores bajezas. ¿Quien quieres ser?

Imagen del libro-comic "Maus" de Art Spiegelman sacada de la web http://www.casadellibro.com/libro-maus/9788439720713/1139973

jueves, 9 de mayo de 2013

Creer y sentir


Creo que lo que creía no es lo que sentía. Al cumplir años se te agolpan los recuerdos y las emociones, pasadas y soñadas, se entremezclan con las futuras deseadas y las imaginadas. ¿Que pasó realmente? ¿Que te creías que pasaba? ¿Que imágenes implantaste en tu cabeza de las que viste? ¿Cuales te imaginaste  ¿Cuales te contaron? ¿Que venía innato en ti? ¿Que mamaste?

Ayer hablaba con Mercedes de la religión del año que viene. Hay que decidir si queremos que los niños den clase de religión en el cole o de ética. Siendo ella negra cubana espiritual con 152 dioses en su conocimiento pero uno en su corazón, me chocó que su preocupación fuera "el temario". Antes de decirle si yo quería que mi hijo hiciera o no religión en el colegio le contesté que mi preocupación no era esa, sino quien. Quien le explicaría qué a mi hijo. Desde que nació se lo he explicado yo. Como su padre y yo tenemos diferentes creencias pero las suyas no son muy talibanas, me ha dejado hacer. Básicamente historia de la religión católica y judía que es la que me sé. Moisés y su huida de Egipto, Herodes y su matanza de niños, los romanos cargándose en la cruz "al Jesús de navidad"... Ahora que lo relato me doy cuenta de lo sangrienta que es la historia religiosa, al menos la que le gusta a mi hijo. El arca de Noé también le gusta pero menos. Curioso.

El amor, la energía, el poder de la naturaleza, el sentir de las piedras y del mar, el calor de los animales, la no crueldad, la compasión y el hacer el bien, la buena fe, el perdonar y tantas otras cosas atribuidas a la religión católica se las he intentado enseñar con hechos y sin palabras. Aquí, en España, está muy denostada la palabra Dios. Es más, se usa como insulto cuando te pillas un dedo con un martillo, cuando te cae el aguacero de primavera sin paraguas a mano, o cuando te pegan un polvazo que te vuelve loca y no sabes si atribuirlo a uno o a otro (a Dios o a tu pareja, quiero decir). Bromas a parte, de Dios en general no está muy bien visto hablar. Si crees en él y comulgas con la iglesia católica eres un facha recalcitrante. Si eres de izquierdas progre, eres atea. Punto pelota.

A los 16 años de cara a un verano tontucio mi amiga Cristina Cristobal (¡qué nombre tan bien traído para este post!, ni a huevo... curioso....) me invitó a realizar el Camino de Santiago (concretamente 209km saliendo de Ponferrada, León) con unos compañeros de la catequesis de su confirmación. Ni muerta. Mi primera reacción. Prefería quedarme en Madrid pasando calor que caminando con unos chalados beatos del Opus. Viene Álvaro. Me dijo Cristina. Ah, pensé. Álvaro es todo menos beato y del Opus. Probemos a conocerlos pues. Me fui para el parque donde quedaban por las tardes de brazos cruzados y cara de a mi no me vais a convencer pero quiero ver que tal pega Cristina y Álvaro con vosotros, panda de sosazos.

Fue uno de los mejores veranos de mi adolescencia. Me perdí en no se cuantas etapas por no seguir las directrices de Antonio y Juan Carlos, los monitores de 24 años que cargaron con las hormonas disparedas de 11 chicos y 2 chicas de 16 años (¡Que valor!). 17 días andando con la mochila a cuestas y hablando gallego con las señoras del país, las vacas, las hierbas, las montañas y los peregrinos holandeses que se nos cruzaron, los ríos  el polvo del camino y los compañeros. Fue antes que Juan Pablo II viniera a España a ponerlo de moda y Aznar ni siquiera existía. En aquella época "el camino" (así lo nombraban, curioso.....) era todavía de los pueblos que atravesaba y de los caminantes que lo poblaban.

Cuando por la noche mis compañeros de viaje hablaban a la luz de la hoguera de Dios, yo, hacia mutis por el foro y me retiraba a pasar frío y miedo, a imaginar meigas y a visionar caballeros con espada. Ya les advertí cual San Pablo recaudador que a mi no me convertirían  Ellos sonreían y me dejaban estar. Pasados los días entablé amistad y cual atea declarada se me puso en la cabeza hacer dudar a Juan Carlos de la fe con mis argumentos científicos desde la manzana y la costilla de Adán, hasta la resurrección y el pan con vino. Al acabar el viaje Juan Carlos estaba harto de mi pero me adoraba (esas cosas se ven) y me dijo la frase "Nunca en mi vida he visto a alguien con una fe tan personal como la tuya" Anda la ostia (con perdón) pero ¿la fe no es personal?. Pues no. Y eso fue lo que me separó de la iglesia católica. Los dogmas de fe, las culpas para todos repartidas, el Papa siendo infalible y hablando ex cathedra (que hace la torta de un pan que ninguno habla por boca de Dios, así que no deberíamos hacerle mucho caso), los oropeles, la poca humildad, los látigos, la inquisición, deja, deja, yo no quiero ser católica. Vale, pues no creo.

Pero siento. Y al ser mayor y hacerme más vieja, pelleja y sabia (algo tiene que tener cumplir experiencias) me doy cuenta que lo que me decía Juan Carlos era un piropo enorme. Yo creía. Hablaba con mi Dios de bolsillo y a Ana le valía. Me consolaba, me asesoraba, me inspiraba, me hacia reír (era un cachondo mi Dios), me envalentonaba, me frenaba, y me hacía ver lo maravilloso del mundo y de mi alrededor. Lo rechacé. Me rechacé. 

Y a vueltas de esas volví a tener la cara que tengo en esta foto de cuando tenía 3 o 4 años. Muchas de las cosas que salen en esa foto (menos el mar que no sale y es mi pilar fundamental, siendo de secano.... curioso....) son mis armas de destrucción masiva contra el odio y la debilidad. Hay ángeles, hay paz, hay música, hay un olivo, hay plantas. Hay calcetines rojos pasión. Hay vestido blanco de poca maldad.

Hoy vuelvo al olivo. Llámalo exis, llámalo energía, como dice Sabina. Es mía y creo que en el cole a Luc se lo van a enseñar muy mal. Mientras, cuando vamos a los pueblos del Pirineo o de Francia, veo una iglesia, miro a su padre con ojos de cordero degollao y el niño tira de mi para que entremos.  Mirando cuadros, estatuas y rosetones con mandalas, le voy contando lo del martirio de San Esteban o como San Cristobal cruzó al niño sobre su hombros, y yo ¿como me acuerdo de estas cosas? Que susto de cabeza que tengo.... curioso....

Que el eterno sol os ilumine, y el amor os rodee y la pura luz interior, guíe vuestro camino.