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viernes, 24 de enero de 2014

Free for lance and for love


Etimológicamente hablando, la palabra freelance (o freelancer), deriva del precioso término medieval inglés free-independiente y lance-lanza aplicado a los mercenarios. Es decir, caballeros que no servían a ningún señor en concreto y cuyos servicios podían ser alquilados por cualquiera.  Hoy en día significa exactamente lo mismo. Tan orgullosa de ser uno de ellos que estoy por tatuarme la palabra sobre las tetas con letras góticas.

Los freelance y los mercenarios siempre han sido mirados con desprecio por los asalariados y los fieles a los amos. Se han creído mejores que nosotros porque su amo, el dinero, venía de un solo destinatario mientras el nuestro nunca se sabía de donde venía. ¿Qué es lo mejor de mi condición? Las cuatro primeras letras. Ese free se traduce en poder decir que no. Con todas las consecuencias, con todos los riesgos, sin saber lo que hay mañana, en caída libre por supuesto, sin paracaídas. El ser temerario y audaz no ha tenido ninguna recompensa en la sociedad. El ser valiente y decidido solo conlleva resquemor y odio por los que no lo son, pero, ¡ay!, y tanto que lo quisieran ser.  La recompensa de la audacia es personal, privada e intransferible. Ni siquiera la pareja te acompaña. Ni los hijos. Ellos no quieren patear aeropuertos y hangares de autobuses. No quieren empujar a 2.200 personas dentro del Museo Nacional de Arte de Cataluña, darles de comer y beber, divertirles, obligarles a hacer una absurda flashmove, despojarles de sus abrigos, volverselos a dar dos horas después sin perder ni uno y sacarlos planchaos en los autobuses correspondientes a sus hoteles antes de la medianoche para que a las 07.00 am del día siguiente estén listos para batalla en la Fira 2, la de Gran Via, no la otra.

Sólo te comprende otro freelance. Otro que tenga la sangre como tú. Roja. Si es de horchata no aguanta un World Mobile Congress en Barcelona con 75.000 asistentes. Ojos de halcón. Corazón de águila. Piernas de potranca. Garras de pantera y corazón de pan. La cabeza normal. No tienes que tener el cerebro de un ingeniero de la NASA ni falta que te hace. Pero todas las demás cualidades son exactamente igual de necesarias, justas y obligadas.

La energía la sacas de la experiencia y de los compañeros. Sin esos mercenarios locos como tú situados a tu costado más débil no eres nadie. Cada batalla son diferentes. Unos vienen y otros van. Unos valen más oro que otros. Unos te ganan por el pan del corazón y otros por sus garras. Todos son necesarios ante la avalancha de dos aviones con grupo de ucranianos y rusos coincidiendo en tiempo y espacio en la estrecha linea de conductores de la T1- La sonrisa de los ojos de mis mercenarios son mi aliento. Por esa sonrisa y la promesa de 20 minutos compartidos en la cantina entrego gustosa mis 12 horas de rigor del puto full day del aeropuerto.  

Hoy estoy en el sofá después de diez días del tirón. Pensando en qué no hacer para recuperarme de tantas horas de desgaste físico, intelectual, emocional y neuronal. Tantos desajustes de horarios. Tantas comidas escasas y abundantes. Tantos nombres y tantas caras. Tanta sociabilización impuesta. Tanto ir y venir. Tanta exposición buscada y encontrada. Tantas subidas y tantas bajadas. Tanta alegría y tanto cansancio. Es el reajuste a la realidad cotidiana, el volver a ser persona humana después de diez días de Superfreelancemasterdelputouniverso. 

Som la polla, que diría aquél.

Dedicado con mucho amor a todos los que son, los que van y los que vienen y en cariño particular (sin menospreciar a nadie) a mis favoritos por carácter afín que ellos saben los que son por que yo lo soy de ellos y en el humor y las heridas de guerra y amor nos reconocemos. Deseando que llegue WMC para morir por Samsung y por Ericsson

Fotografía tomada por mi en el aeropuerto la semana pasada. Es amor del clásico y bueno. Sin alardes y con silencios. Con detalles como las galletas veganas y los buenos horarios. Como asignar y ceder en turnos, compañeros de servicio y hoteles. Amor de la T1. Porque los freelance, aunque no nos casamos con nadie, también amamos.

Feliz fin de semana merecido.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Esa soberbia puñetera....

Tengo muchos, pero del que más me arrepiento, del que soy más consciente, del que cuando lo veo en alguien cercano a mí me repatea las tripas, el más odiado, el más enquistado en mí, de todos los pecados capitales, mi talón de pobre Aquiles es: la soberbia.

La palabra pecado también me enerva así que debería empezar a usar la palabra defecto en contra de virtud. Virtud no es eclesiástico, ¿o si? ¿Qué hay en la iglesia en contraposición a los pecados? ¿Nada? ¿Virtudes? Pero las virtudes son humanas, como los pecados. Si, pero los pecados, aunque humanos cometidos, son pecados por los ojos del Dios que lo juzga. Touché Dios. Solo cosas malas para castigar. (Aquí espero a un Enrique para debatir)  

Lo que me enrabia del tema eclesiástico es la culpa y el lenguaje. Me he criado en la cultura cristiana, apostólica y romana, por lo que mi lenguaje está plagado de Dios míos, Jesús, María y José, penitencia, santos, los nombrados pecados, arrepentimiento, confesión y un sinfín de palabras más del cotidiano día a día arraigadas en mi lengua y mi corazón.

Como últimamente escribo mucho y tengo un público de lo más diverso (en el blog, en face y en guasap) trato de cuidar mi lenguaje para no ofender cosa que no siempre consigo. Me cuido de mi lenguaje personal y del de los otros. Ahí me sale el puntito de soberbia castigadora justiciera (que no educadora) contra las faltas de ortografía de los otros. Me "carteo" con gente que ya acabó la escuela básica por lo que las faltas ortográficas son inaceptables (solo la canguro de Luc aún anda en el colegio y a ella le voy a dar un margen para empezar a tirarle de los pelos). El vocabulario se gana leyendo y eso no se le puede echar en cara a nadie. La falta de lectura, mi personal opinión, es directamente imputable a los padres. Si un hijo no ve que en su casa (que es su mundo real) se lee, si su madre jamás cogió un libro o un periódico delante de él, si por la noche no cayeron cuentos leídos con voces teatrales, entonces, ese niño, difícilmente será un niño lector y menos aun un adulto lector.

Los libros pierden lectores se pierden según estos crecen. Lo bueno es que, al crecer, los libros ganan escépticos, pacientes y permisivos. Esa tontada de que si cuando eres joven no eres de izquierdas, es que no tienes corazón y si a los 40 no eres de derechas, es que no tienes cabeza, obviamente la dijo uno de derechas.  Yo me debí dejar la cabeza en el culo pues cada día tengo menos de una y más del otro. (Esto va a levantar ampollas pero quien tenga ovarios o testículos que me lo discuta. No quedarse callados que yo lo hago público. No me da ninguna vergüenza). Mi mayor permisividad pasa por intentar ponerme en la piel del otro cosa que de adolescente jamás hacía. Pero... ¿de derechas? Jamás. Ni por la puta economía (perdón por la palabra economía)

La soberbia, de lo que iba este post. La soberbia me puede. Ese sabelotodismo que me rodea en alma y lenguaje corporal y verbal me mata a mí misma. ¿No me podré estar callada? Hoy analizaba una frase-opinión que di al azar y sin que me la pidieran sobre el gusto musical de una persona. Bueno. Me puse… que ni estuviera yo cursando bachillerato musical que empezó mi hermano Andrés. Lo mejor de la historia es que a la persona que le lanzaba mi perorata se la pelaba bastante mi opinión (musicalmente hablando). No me lo hizo saber en plan yo. No. Sonrió y siguió a la suya. Y yo me quedé con un “Pero bueno!!!” y unas ganas de seguir argumentando tremendas. Sencillamente para esa persona mi opinión no era válida ni estaba muy fundamentada (a decir verdad). A mí el gusto musical de esa persona me la pelaba bastante (siguiendo con el lenguaje soez y vulgar que me caracteriza, no nos pongamos muy académicos) así que ¿Cuál era el motivo de mi subida de gaseosa?  ¿Qué ganaba yo con aquello? ¿Me hacía bien ese aire de sabelotodo, autosuficiente y tratar a toda costa de quedar por encima del agua como el aceite? Ya puedo contestar (días después) que no. Quedé como la imbécil que soy. Esta persona de la que hablo ni se acuerda, seguramente, de la anécdota pero yo sí que me acuerdo. A la que le envenenó el comentario gratuito fue a mi.

Últimamente me analizo mucho. Los comportamientos, las emociones, los pensamientos, lo que está y lo que no está. Me sirve para darme cuenta de cómo de equivocada he estado durante 40 años y que al cambiar de opinión el mundo alrededor no se resquebraja (como cuando me hice vegetariana. Al 98% de los que estaban a mi lado se la peló, creo que solo le afectó a mi hijo), el mundo sigue su rueda que te rueda aunque yo ya no coma carne. "Ah, pues qué bien para ti". Suele ser el comentario mayoritario. Así que … si no pasa nada ¿para que muero en el intento de convencer y de demostrar mi supuesta superioridad?. ¿Y quién me ha dado el poder de ser yo la superior? Sólo y exclusivamente mi puta soberbia.

Ah! Queridos, reflexionemos. Yo me lo guiso yo me lo como. Bueno. Está bien lo que bien acaba. Reconociendo y agachando la testa una está mucho más guapa. Perdonándose y dejándose ser muuucho mejor.

Feliz lunes lunero de amor