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sábado, 5 de diciembre de 2015

De familias, soledades y navidades


En los televisivos, inocentes (para mi) y españoles años 70, que es cuando yo me inicié en las ventanas exteriores a mi mundo, la soledad en Navidad no existía. Todo el mundo tenía una familia más o menos amplia en números, más o menos ruidosa en hacerse notar, más o menos avenida en saberse callar.  Fue una peli americana la primera que puso una ventana fea en mis navidades infantiles. No recuerdo el título ni momento, no se si fue la angustiosa "Que bello es vivir", lo que si recuerdo es el recuerdo. La sensación gris y fría del blanco y negro. El sonido metálico, seco y preciso del doblaje. Las miradas extrañas de incomprensión de los personajes hacía la cámara o la nada pues nada es lo que había en sus habitaciones. Recuerdo alcohol y miseria. Y recuerdo como lo peor del mundo, la tristeza. 

Nadie quiere ser un triste. Y menos aún un niño. Desde pequeño te machacan con lo de "pues ya verás cuando crezcas. Total "solo" tienes que ir al cole y sacar buenas notas. Es tu única responsabilidad". Si eres un triste en esa edad piensas que además, encima, eres un imbécil, pues la vida es una mierda, lo que llega luego debe ser de suicidio colectivo. Los "mayores" están hechos de acero para los barcos para sobrevivir a la adultez. Eso piensas. Así que sacas sonrisa de dientes apretaicos de guasap y si algún adulto se atreve a mirar en tus ojos de charco y te pregunta "¿Te pasa algo?" agitas la cabeza muy rápido y dices nada, sonríes y giras el culo y te enfilas hacia el final del pasillo cantando como si estuvieras feliz y dejando a ese adulto murmurando "Vaya. Me tocó la esquizo"

Últimamente avanzamos un poco con eso de "lo que debe ser" y estamos entrando todos en terrenos de "lo que puede ser". Todos no. Hay gente muy piedra sin conciencia ni corazón ni falta que les hace piensan ellos. Espero que desaparezcan ya de la faz de la tierra y se lleven su grisor a más allá de los allendes mares. Películas como la última de Pixar "Del revés" (Inside out) nos dan (les dan) otra imagen de la realidad, un "Vaya, tristeza, soledad y alcoholismo no siempre van de la mano. Ni siquiera soledad y tristeza".

He aprendido a verme mirándome estos últimos años en momentos de magnifica tristeza estando con 40 personas a mi alrededor con soledad profunda. Me he visto fisicamente aislada riendo sin parar o plácidamente encamada durante un domingo entero gocheando en la cama con libros, te, galletas y pan con aceite, tomate y sal, un buen puñao de capítulos de series on line y levantarme al lunes siguiente en la dicha más absoluta. He conseguido zafarme de ¿Con quien pasas el fin de semana? ¿Qué hacemos este fin de semana? y que la respuesta "con nadie" o "nada" sea de victoria y no de fracaso.

Cumpleaños, navidades, san valentines y demás fechas sociales forzadas siguen acechando nuestra alma infantil. Uno no sabe cuando nació si no fuera por sus padres. Los cumpleaños te los celebran y no los celebras. Te obligan a pensar que el 22 de octubre es mágico de algún modo sólo porque llegaste. Pero de todas las fechas del mundo, la de el día, o noche, de Navidad es la más cabrona. Todo el mundo feliz por ahí, en casas de otros o en la propia (horror). Con gente hasta el reviente de la mesa auxiliar del saloncito. Sentados en taburetes de cocina o incluso en tronas del Ikea recicladas. Bebiendo hasta el coma hepático. Llenándose de grasa animal hasta la obturación sanguínea. Gastando los dineros que no se tienen en cosas que no se quieren y menos se necesitan. Cantando mal y pasando mucho, mucho frío por el camino (es una noche mu jodia para el frío, al menos en este lado del planeta). 

La de años que he dicho, este año no voy. No organizo. Este año no salgo. Digo que estoy mala. Me invento un plan alternativo. Prefiero un domingo tonto y malo con mi hermano Andrés de aperitivo en un bar guarrete de Montjuic que una Navidad con su pre stress, su stress y su post stress sentada a su lado sin que me mire. En aquel domingo nos amamos mucho más que en años enteros de Navidades.

Las expectativas de los otros son lo que nos joden vivos. Sed claros y suaves a la hora de explicarse nos hace más libres. Yo ya no como pavo relleno en Navidad. Otros no han vuelto a pasar una cena de navidad con ninguno de sus cinco hijos desde que se separaron y ha parecido "normal". Otros se han debido forzar a estar presentes (no estar presentes no cabe en los cálculos) mientras abren regalos todos los familiares y ellos no abren ninguno pues se han negado a participar en el ritual. Aguafiestas nos llaman si lo traemos a colación. Fingir y apretar los dientes es lo que se nos da bien. 

Yo ya no quiero ser la niña esquizo. Prefiero ser la adulta chalada. Estoy mucho más hecha a ese papel ya y sobre todo... soy mucho más feliz. Solo me apena la pena que pueda causar en otros mis acciones, pero, eso, tampoco es entera responsabilidad mía.

Sed felices, os lo merecéis. 




viernes, 27 de diciembre de 2013

Navidad, dulce Navidad, parte III


Este 2013 ha sido el primer año del resto de mi vida. Exactamente igual que el 2012, exactamente igual que el 2011. En cada día empezamos de cero, o deberíamos. El pasado solo cuenta para "reyirse" que dice Carmen (cómo muestra un botón la foto del fin de año de 1991) y el futuro para sonreír. Si del pasado solo sacas lágrimas, borra. Si el futuro te produce tristeza, cambia.

Este 24 de diciembre mi hijo no ha estado conmigo pero le he echado de menos lo justo y necesario. Esto es: a los 30 minutos de haber empezado la cena y que los otros 10 niños que había en casa de mi tía Carmita empezaran a corretear por todos lados, mi mente me jugó la mala pasada de recordarme que soy madre y me preguntó en eco "¿Se habrá comido Luc todo?". La segunda fue a las dos horas de haber empezado la cena cuando el cava y las bebidas espirituosas empezaban a aparecer, mi mente volvió a preguntar "Hace mucho que no veo a Luc ¿por donde andará?".  ¿La verdad? Mi hijo pasa de i cuando hay uno o más de dos niños a su alrededor. Y bien que hace.

En el teatrico no le eché de menos porque él odia los teatricos obligados y de haber estado mi madre le hubiera dado una paliza verbal considerable con lo de "Luc jomio, ves con tus primos. Canta un villancico en catalán que es muy bonito". Mi hijo baila solo y cuando nadie le ve. Y canta mientras dibuja o, a veces, nos arrancamos a interpretar un duo musical pero muy privado y para los dos. Si le grabase sería top trending viral en youtube en minutos pero entonces me dejaría de hablar para siempre y no me compensa.

En los regalos tampoco le eché de menos porque no creo en el consumismo navideño. Hija, que rancia, a parte de ser vegana ¿no crees en los regalos?. No. Creo en el amor, en las postales manuales y en los regalos los martes de abril y los sábados de agosto. En algunos santos pero no siempre y en algunos cumpleaños pero cuando pensé en ti. No se puede (debe) pretender que el mundo en general esté pendiente de ti SIEMPRE. Lo aprendí siendo muy pequeña y teniendo cuatro hermanos con los que compartir dos adultos.  A veces tu cumple caía en martes y la tarta era para 7. Otras no había tarta pero si muchos besos y especial amor. Otras caía en sábado y te llevaba tu padre al circo a ti y a cuatro amigas escogidas. ¿Mis hermanos? En casa con mi madre. No recuerdo regalos especiales esos días. Recuerdo amor e interés individual por parte de mis padres. Y de mis hermanos no recuerdo celos o envidias. Un día tú, el otro le tocaba a la gorda de Carmen. Tenía Cheetos y Fanta de naranja, joquemorro que dice ella, ¿para que quiere más?. A día de hoy le sigue haciendo feliz los Cheetos y los huevos fritos con patatas. Si quiere un bolso, se lo compra ella un miercoles de rebajas.

¿Qué he echado de menos?. He echado de menos a los que más nochebuenas han pasado conmigo en mi vida. A mis hermanos y a mi padre. Es así. ¿Cómo no me he muerto de la pena? Porque les veré en breve para que me den por culillo con el tema veganismo-lesbiano y porque me rodeé de un buen puñado de incondicionales de los 24 de diciembre de mi vida. Tíos y primos en un escenario siempre mágico y acogedor. La cocina-salón de La Chopera.

Carmi, como te dije ese día, el año que viene debería estar Luc, pero si finalmente no está tampoco pasa nada. Quien me iba a decir a mi el año pasado que mis Navidades este serían como son. ¿Quien sabe donde estaré? ¿Quien sabe donde estarás tú?, eso si, SIEMPRE que miro hacia atrás en las Navidades de mi vida es para reir. Mucho y a carcajadas. No me permitiré arruinarme las futuras por muy diferentes que estas vengan. Me lo debo a mi. Se lo debo a mi niño. Se lo debo a amigos cómo Ana, Álvaro y Vanessa. Ellos saben porqué. Ellos se deben seguir sonriendo cada día de su vida.

Buen rollo y risas, gente. Go Vegan!! (sobre todo en estas fechas) y gracias por leer.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Árbol de Navidad estilo La Bioguia


Para estas Navidades veganas y ecológicas donde las haya y siendo odiadora profunda del árbol de Navidad desde los tiempos remotos Amén, este año he decidido darle en el gusto a mi hijo y montar un árbol de Navidad sin talar o descolocar uno de verdad y sin tener en casa más plástico que en humor amarillo.

Ingredientes necesarios:


  1. Un niño con ganas de montar un árbol
  2. Una pared blanca o sin decoración (vale la puerta del armario a falta de pared lisa)
  3. Cartulina verde para el árbol y roja para el tiesto (la que había en casa)
  4. Blue tack
  5. Tranquilidad, paz y sosiego (lo más importante)
  6. Que te importe un huevo como quede el resultado final. Si le das alas lo sacará mejor que tú seguro

Cortamos las cartulinas en rectángulos y estos en triángulos isósceles no rectángulos porque al venir de un triangulo no dan los lados (esto es un chiste de mi época matemática que le va a hacer gracia sólo a el 1% de mis lectores, pero oye, me debo a las minorías también). El mantel arrugado y la mesa llena de cosas (como se puede observar en la foto) no es impedimento ni obstáculo par esta actividad casera de manualidades. Fantástico.  Es un poco: pensado, dicho y hecho. El niño encantado y tú cero estresada.

Blue tack por las tres esquinitas


Y empezar a pegar en la pared un poquito sin ton ni son. Ponte un cd a tono (música brasileña usamos nosotros) y tomate una infusión. Él te pedirá agua cada dos por tres. Lo normal, vamos.


Añade las tarjetas navideñas que tengas por casa. Recicla las del año pasado si aún no te mandaron muchas y pon en sitio de honor la de Silvia y Alejandro que es la chula de este año y además pega todo con la decoración verdi-roja tan Euskalduna que nos ha salido.


Después de la estrella te pide por favor mamá ¿puedo pintar? y a ti que se te ha subido el CD y la infusión a la cabeza y no puedes negarle nada que es Navidad dices que si que pintorronee la pared. Y entonces dibuja un niño que es él, soñando que Papaá Noel le traerá regalos. 





Tachan!. Felices fiestas a todos. Nos vamos leyendo. Mucho amor, mucho sosiego y recordad, si podeis elegir, elegir vegano :)

jueves, 2 de mayo de 2013

Dos de mayo


Hoy dos de mayo me vienen a la cabeza tantas emociones que son difíciles de manejar, a cual doy cancha, cual atajo, cual hago esperar, cual dejo que expanda. Empiezo con la floja. Hoy es el día de mi Comunidad Autónoma, Madrid, de la que me vio nacer en la calle O´Donnell. Cero connotaciones independentistas en el ambiente.  Es cierto que los madrileños nos alzamos contra los franceses, alzamiento que Goya retrató tan bien en "Los Fusilamientos del 2 de mayo", pero pocos madrileños salen a la calle con la banderita esa que nos han puesto emulando a la del general Patton (banderita con cero historia). 

Coincidiendo en tiempo con el 1 de mayo, día del trabajador, el dos de mayo, en Madrid, es el puente de mayo. Tal cual. A veces San Isidro también hace puente y mayo se convierte en Madrid en un mes tontucio y proclive al fiesteo. Otra cosa no, pero somos fiesteros. Somos cañeros y taperos, y bailongos y risueños. Cuando nos pasamos de rosca con todo, también somos chulapones, pero eso encierra en nosotros mucho encanto si nos sabes torear con gracia.

Ando tocada por la fiebre del dos de mayo por más motivos. Aterricé hace pocos días de mi Madrid querido donde fui a sorprender a mi huevo frito. Mi hermano Eduardo cumple hoy 40 años y como es puente anda de viaje por España, así que le sorprendimos yo y sus mil amigos en el jardín de su casa. Hacía mucho tiempo que no iba en exclusiva a fiestear. He bajado últimamente en varias ocasiones a trabajar y aunque hago muchos planes imaginarios, facebukeros y guasearios, a veces, la semana de congresos me come las horas y el cuerpo y o se desplazan a por mi al aeropuerto para tomar unos vinos en Barajas (como hizo la infatigable Mónica Barrios) o me vuelvo a Barcelona diciendo, otra vez será. Este finde pasado cumplí con mis objetivos principales y tuve que sacrificar tres colaterales. Desde aquí prometo a los tres (ellos saben quienes son) que en junio vuelvo y cumplo. 

Objetivo principal número uno: Reírme con Mari con dos botellas de vino en su cocina. Rafita se portó y se fue a estudiar solo incordiando lo justo y necesario. Rodrigo se portó aun mejor (ni incordió ni rechistó) y se llevó a Luc al salón a compartir juegos y colchón hinchable. Nos dieron las mil y monas de la mañana repasandonos la vida, queriéndonos mucho y riendo aún más. La foto del viernes no la puedo poner que Mari tiene una reputación que salvaguardar.

Objetivo principal número dos: Sorprender a Eduardito Huevo frito y de paso dejarme besar por mis primas y único primo varón que queda en Madrid. Los amigos de mi hermano están aleccionados desde hace más de treinta años de besarme si, pero muy de lejos. "No eres tú Ana" me dice mi hermano aún hoy "son ellos, que no me fío". Todos nos reímos y aún hoy, no se de quien se fía menos, si de ellos o de mi. Después de besar, abrazar y comer, bailamos hasta que los vecinos dijeron basta y el i-phone de Cris Cros echó humo.

Objetivo principal número tres: Comer con mi padre el domingo, y tomar café y meternos los unos con los otros, y dejar que me regañe por todo y por nada, y que me sonría como solo él me sabe sonreír  y que cocine en exclusiva para mi (ahora más en exclusiva que nunca), y que los niños le pongan la casa perdida de jugueticos, y que Edu y los Cruz Llosa al completo nos lleven al aeropuerto, Ay que no llegamos!!.

El dos de mayo del 2007 me puse de parto. Mi primera sonrisa tras pasar el 21 de abril y ver que no sería Aries es que me tocaría un Tauro (dime frick). Al traspasar la fecha de caducidad y ver que no salía empecé a pensar que ya que tenía un niño catalán, al menos que fuera del día de mi comunidad y puestos a pedir que los astros hicieran que me saliera tan rumboso como mi hermano Edu. El nene se arremolinó con su cordón umbilical y yo me tiré todo el dos de mayo para ver si ponía el huevo. Finalmente, mañana, tres de mayo, mi Luc cumplirá 6.
   

lunes, 10 de diciembre de 2012

Navidad, dulce Navidad, parte II


El día de año nuevo solía ser la primera de mis hermanos en levantarme para acurrucarme bajo la manta en el sofá y ver "La princesa prometida".  Cristina también la veía conmigo ya que siempre ha sido muy tempranera.  No sé que hacían mis padres en año nuevo porque no tengo ningún recuerdo de ninguno de los dos de ese día (curioso...) pero supongo que desaparecer no desaparecerían. Mi madre trabajaba de auxiliar en el hospital Ramón y Cajal de Madrid y tengo la vaga impresión que la guardia del día 31 o la del 1 se la comía con patatas por eso de tener 5 hijos y total tú María Cristina no vas a salir, ¿verdad?

Pero se equivocaban.  Mis padres no salían por que mis tíos Jose Ramón y María Elvira montaba unos fiestones en su casa en fin de año que padres e hijos nos quedábamos allí hasta bien pasadas las uvas.  La mayor parte de las veces la mayoría de nosotros nos lo hubiéramos pasado mejor continuando la fiesta en la calle Cariatides que marchándonos a donde fuera que tuviéramos la fiesta aquel año.

Mis tías son cocineras impresionantes y organizadoras natas.  Socialmente tampoco son cojas.  Ya lo dijo un año mi amigo Nacho que el  ir a casa Morci a celebrar fin de año era como asistir a las fiestas del embajador, Ferrero Rocher incluidos. El 24 de diciembre, en La Chopera, casa de Carmen y Agustín, cada año caía la pava o pavo, según se despertase el niño Jesús.  Más de un año había dos niños Jesuses en el Belén por lo que el sexo de la pava variaba según se situase el huevo hilao por lo bajini o por la parte de arriba con alcaparras por pezones. Mi tío Agustín siempre fue muy de mirar erótico festivo y sonrisa zalamera.  A mi me enseñó con 16 años a dar besos en la mejilla levantándome sobre la punta de un pie y flexionando hacia atrás la rodilla de la otra pierna.  Así, volteando la cara y soltando la risa clara se conquistaba al macho Español.  Que cosas tenía mi tío Agustín.  Aun hoy, en ocasiones que lo merezcan, alzo la pierna hacia atrás flexionando gentilmente la rodilla y sonrío acordándome de él.

En fin de año aparecía mi tía Amalia y su temible pintalabios carmín ultimo modelo.  Al llegar a casa de Mª Elvira y Jose Ramón nos asaltaban en el hall ella, su pintalabios y las caras cachondonas de mis primas con ojos de "no hay nada que hacer".  Yo temblaba si veía a Virginia con los labios rojos igualados a todas las Morcis.  Si Virginia había sucumbido, yo, no tenía nada que hacer.  Daba igual mi cara pálida y lechosa de 31 de diciembre, mi madrina no tenía piedad.  "Anaaaaaa" me perseguía "No llevas pintalabios hijaaaaaaaa".  Mi hermana Cristina se los pintaba de gris marengo o violeta luto antes que dejarse pillar, pero.... siempre pillaba.

Jose Ramón moreno y sonriente cuestionaba nuestros peinados.  "En esta familia todas decís que todas estáis guapas y no te das cuenta que eso es imposible? Alguna estará fea, digo yo, o algún día feo tendrá hasta la más guapa.  Y ese flequillo...." Mi tío odia el flequillo   Debe ser por que él es calvo.  Mª Elvira, su mujer, corría a nuestro socorro "Jose, déjalas  hombre" y nos plantaba una bandeja de montaditos con mermelada de pimientos hecha por ella o remontándome más años atrás, la fantástica mantequilla de anchoa.  A mi siempre me hacía gracia mi tio JR, sobre todo en fin de año, que estaba tan contento de tenernos en su casa un año más que ningún flequillo de sus amadas sobrinas le arruinaba el brindis.  Mª Elvira me desgranaba todas su recetas a mis oídos curiosos y quitaba importancia a su maravilloso, por sencillo y exquisito, mousse de limón.  

El 24, en La Chopera, cantábamos más que en fin de año.  Hacíamos el teatrico y pasábamos la gorra-pandereta al ritmo de "¿De quien es esa casa, que tiene tantos balcones? Es del tío Javier, que tiene muchos millones, al quiriquiquí, al quiricuanto, de aquí no me voy sin el aguinaldoooooo".  Javier cantaba con su mujer Luisa en árabe  vasco, catalán o francés.  Cuando era pequeña yo pensaba que se las inventaba pero resulta que no, que los dos se habían aprendido las diversas canciones en su lengua original. Se acompañaban con dos cucharas de palo que traían de casa como si fueran las baquetas de Ringo Starr.  Repartían papelitos y nos hacían cantar a todos.  Otros años repartían además CD´s  (este verano yo he cantado a voz en grito con mi marido L´estaca de Lluis Llach en mi coche camino de Francia de un CD grabado por mi tío Javier).  Cuando era pequeña quería un novio que cantara conmigo delante de todos sin que le diera vergüenza y me mirara como mi tío Javier miraba a mi tía Luisa al cantar.

En los años 90 los novios (eramos 8 chicas contra 2 chicos en edad de merecer. Había pues muchos más novios que novias) llegaban a una y otra casa habiéndose encomendado a dios o el diablo según sus creencias.  Mis tías les recibían folkloricas y cantarinas y mis tíos conciliadores "Las Morcis, es lo que tienen.  Son folloneras" (Yo creo que la madre de Jordi Évole es prima lejana de mi madre)

La vuelta a casa desde La Chopera era más divertida que desde Cariatides.  Seis Cruz-Morci apretados en el coche volvíamos a Caleruega comentando los regalos que nos habían tocado en el amigo invisible, si Miguel había ayudado a levantar el consomé con Laura cuando le dijo Carmita, si Macarena había crecido una barbaridad desde la última vez que la vimos, si tu sabes quien es Alvaro y quien es Adrian y ¿cómo los puedes confundir?, si la salsa de este año del pavo estaba más rica que la del año pasado, si el vino que había ganado el concurso de JR era del Lidl o era de bodega lujosa, si Agustín se había emocionado con el violín de Andrés, si mamá estaría afónica de cantar "esta noche ha llovido mañana hay barro" al día siguiente o no, si Coral dejaría de fumar el día que tenga hijas, si Virginia se comió más patas de centolla gracias a que se sentó al lado de Carmen a la que no le gustan y así se comió su ración, si Carolina debe dejar de estudiar ya la pobre, que es Navidad, si la abuela le dejará de decir a los novios que vengan cada año que aunque no son muy guapos se les ve buenas personas....

Las navidades son agotadoras, sudorosas, humeantes, calientes, frías de bronquitis, cargantes, alcohólicas  vociferantes, pero sobre todo, son muy, muy familiares, y si tienes la suerte de sentir a tu familia cerca, son mucho más felices.  Feliz Navidad a todos.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Navidad, Navidad, dulce Navidad....


Siempre me ha gustado la Navidad.  Cuando era pequeña más, la verdad.  Creo que porque la disfrutaba y no la analizaba, aunque oía en conversaciones de los mayores que "la Navidad es triste" o "se echan de menos a los que no están".  Cuando era niña mi principal motivo de alegría era no tener colegio y poder estar en casa sin hacer nada más que jugar y mangonear a mis cuatro hermanos. El verano es muy largo y al final aburre pero la Navidad es corta. Justo cuando se empieza a poner mal, allá por el 3 o 4 de enero van y vienen los reyes como puntilla final.

Para mi la Navidad era el momento de bajar a Jaén y que no hiciera calor y comer muchas, muchas cosas ricas.  La mayoría guardadas bajo un pañito en una bandeja de alpaca en la parte baja del armario del salón de casa de mi abuela Felisa o de mi tia Tere.  Cargada la bandeja de bolas de coco para mi hermana Cristinilla, alfajor caserísimo para los mayores, hojaldrinas de las de panadería para Carmen y su dedo chupador de azúcar  mantecados de huevo para mi y el resto de cosas y todas las nuestras para el ratón de mi hermano Eduarditogüevofrito.  A Andrés (mi hermano pequeño) no lo recuerdo comiendo mucho, pero lo cierto es que no comía ni en Navidad ni cuando no lo era, por eso mi madre le daba Desarrol que a mi primo Luis Felipe le había ido muy bien, decía mi tía Luisa, pero los genes de Andrés no iban a resultar ser los mismos que los de Luisfe.  Volvíamos cargados de chorizos de matanza, aceite, alcaparrones para mi madre (a los demás no nos gustaba a ninguno), patatas de Casa Paco para mi padre (o eso creía él que luego nos las comíamos nosotros) y una mezcla de olor a gasolina de la época (que entonces olía más), sudor de niño fogoso, y comida andaluza contundente.  A 60km por hora por la autovía de Andalucía un Madrid muy frió y muy luminoso nos esperaba a los 7 con los brazos abiertos.  

Con mis dos familias, la materna y la paterna, comíamos mucho, cantábamos una barbaridad y los niños jugabamos hasta caer rendidos.  Nosotros eramos cinco, pero por parte de madre eramos 17 primos y por parte de padre 11.  Los juegos,las injusticias, las rendiciones, los sobornos, los besos, las peleillas, los "Eduardito me ha pegadoooooooooooooo", estaban normalmente asegurados.  Y en Navidad más.

Con la edad llegó la adolescencia y los primeros novietes asomaron las cabeza muy precavidamente y en uno y otro destino (Jaén y Madrid) tuvieron que aguantar chanzas y bromas demostrando correa en dos familias matriarcales a la Española los hombres y las mujeres ser merecedoras de los "nuestros".  Más guapos no hay ninguno.

Yo adoro a mis tías y mis tíos y a mis abuelos, tres de los cuatro los disfruté hasta estar entrada en la adolescencia y por corriente de simpatía amé a mis primos y primas.  Todos me enseñaban en cada momento que podían que el amor, la risa y el perdón eran las armas de mis dos familias tan dispares a la vez pero tan iguales.

Hoy, a dos semanas de la Navidad, cuando ya solo me queda una abuela y vive en Málaga y yo en Barcelona, cuando mis padres ya no están juntos y mis tios y primos andan por toda la geografía española, hoy, estoy triste.  Y... luego sonrío  y recuerdo que lo más importante que tengo son todos ellos y que si cojo el teléfono y llamo a cualquiera, pero a cualquiera de ellos, sonreirán, me demostrarán lo que me quieren y la alegría que les da el que les haya llamado y entonces me daré cuenta que esta Navidad, aunque no esté cerca físicamente de muchos de ellos, todos, todos, estarán siempre espiritualmente conmigo.  Y yo tengo que ser capaz de enseñarle eso a mi hijo Luc.

Feliz Navidad a todos

Foto del belén de mi casa del año 2010 con "cielo" pintado por Luc