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viernes, 8 de febrero de 2013

El día de la marmota


El dos de febrero es el día de la marmota.  Para los de mi quinta y los grandes peliculeros, este día está unido sin remedio a las peripecias del feo de Bill Murray con la preciosa (y sosa) Andie MacDowell.  Bill se ve atrapado sin querer por un hechizo que no se acierta a explicar en la película al levantarse cada día de su vida en ese 2 de febrero en un pequeño pueblecito sitiado por la nieve.  Ni morirse puede, porque al día siguiente de intentarlo vuelve a ser 2 de febrero y está vivo y coleando. 

Esta película junto a "50 primeras citas" de Adam Sandler y Drew Barrymore, son mis películas absurdas favoritas cuando entras en el bucle del tiempo. Las dos son películas americanas de humor ácido con ese toque naif de ellos que chirría en nosotros taaaaaaan europeos pero que nos emboba como niños de 6 frente a una esponja que vive en una piña en el fondo del mar.  Lo compramos.  En la segunda no hay ningún conjuro inexplicable. Drew ha tenido un accidente y solo tiene memoria de 24 horas.  Ella cree que siempre es el día anterior al accidente y su padre y hermano la mantienen en esa duda.  Un día Adam se enamora de ella y se dedica a tener 50 primeras citas con la mujer de su vida. Encantador. Si tenéis oportunidad visionarla y disfrutarla.

Estoy inmersa en mi mes de la marmota.  Durante 21 días trabajaré en el mismo sitio, con el mismo horario y la misma gente.  No variaré ni gastronomía, ni horario de entrega, ni compañeros de reparto.  Así está contratado y así lo he dispuesto yo misma (que me podría haber dado fiesta algún día).  Cada mañana cojo la furgoneta, la cargo en el centro de producción y me encamino hacia Avinyonet del Penedés.  La foto que ilustra este post la he tomado en el mismo sitio cada día desde el 4 de febrero.  Me sigo parando con la furgoneta en medio de una loma y la sigo haciendo.  Me fascina Montserrat.  Las viñas peladas y con aspecto raquítico de febrero.  El vientazo que hace estos días en la zona. El sol brillante y espectacular que no calienta en este segundo mes del año pero ciega si conduces sin gafas de sol.

Por primera vez desde hace 14 años sé lo que voy a hacer a ciencia cierta cada día a no ser que me ponga mala o me estrelle en la nacional 340. Generalmente sé que voy a hacer cada día de mi vida laboral pero, como soy autónoma, hay mañanas que me levanto y me dan unas ganas terribles de hacer lavadoras, o de surcar peligros junto al pabellón 4 del Garraf, o comer un cocido con mi hermano Andrés, o mojarme los pies en la playa respirando muy adentro para llevármelo de vuelta a casa.  Ya os gustaría a muchos, ¿verdad?.  Pero una gran libertad implica una mayor responsabilidad y eso, a mi, me lo inculcaron a fuego lento tu mirada.

La libertad de "Tu verás lo que haces" en mi caso siempre se ha traducido en sopesa, analiza, busca pros y contras y si encuentras que lo puedes hacer mejor, cómpralo.  Por eso es tan importante para mi, que soy tan analista, cuadriculada, responsable y controladora, que otra persona (un cliente) haya tomado en mi lugar la decisión de como va a ser, quiera yo o no, mi mes de febrero.  Estoy feliz como una perdiz.

Cada día tengo dos horas de camino en furgoneta entre ida y vuelta. Y eso es lo mejor de este mes. Por nacional a la ida y por carreterilla comarcal atravesando el Garraf a la vuelta.  He ido con gran selección de música propia y escuchando la música en la radio moderna.  No queriendo saber nada del mundo exterior he dejado de lado las noticias que siempre he escuchado en la SER o en RAC1 para centrarme en las arbustos del camino, los giros de la carretera, los bares de menús adosados a el arcén, las ropas intimas secándose con los camiones al pasar y los tractores pesados que se atraviesan.  Me deleito con los giros de volante, las rayas mal dibujadas, los almendros en flor y el firme de la carretera con barrigas.  Todo me hace sonreír.  En la radio suenan canciones de hoy (no escucho M-80, que es lo que suelo escuchar) y me regocijo escuchando temas en los que las letras dicen exactamente lo mismo que decían los cantantes cuando yo tenía 15 años.  A todos nos pasa lo mismo.  Todos somos iguales.

Mi mes marmota me asemeja a la gente con rutina.  Me encorseta y me obliga a centrarme para no salir de ese momentáneo corsé.  Me gusta por que hace que me fije en la variedad del día, en cuantos zumos servimos hoy y si en los italianos toman muchas cocacolas zero y los franceses no.  Cuantificar un día del otro en parámetros medibles me reconforta y yo ¿soy otra? ¿soy mejor o peor? ¿soy más o menos mamá o profesional?.  Yo soy la suma de mis momentos y de los momentos de los que interaccionan conmigo.  Por eso en mi rutina no tengo que tomar decisiones y, por un mes, me puedo dejar llevar. Que gustico da....
     


miércoles, 31 de octubre de 2012

Cosas que nunca te cuentan




Hay cosas que no se cuentan.  Porque dan vergüenza, porque no tienen importancia o porque las das por sabidas en el que te escucha.  Para mí el descubrimiento de la penicilina de este último año (y he tenido varios) ha sido la copa menstrual.  Ese post será largo y extenso y estará (cuando lo escriba) llenito de detalles, que, me consta, ya hay muchas deseando que lo haga, pero aún no lo voy a escribir.  Os he dejado el link de la página que me instruyó en el tema y hago aquí especial mención a mi hermana Carmen que aunque la tía ha estado usándola durante 6 meses y se la ha regalado a sus 2 cuñadas antes que contármelo a mí, tuvo, por fin, la decencia de colgarme el post en Facebook.  Pero, bueno, como es mi hermana favorita, no me voy a enfadar con ella.  Yo me la he comprado ya pero hasta que la use tres meses haciendo ensayo y acierto y error no voy a escribir sobre el tema.  Una es una profesional, ¿o que os creíais?

Una cosa que no te cuentan los conductores a los que no tenemos carnet es la alucinante sensación cuando al día siguiente de sacarte el carnet de conducir, te montas en el coche.  Y la alucinante sensación no es que hayas aprobado (nadie que conozco piensa que ha aprobado con conocimiento de causa. Todos creen que bajó Dios y sopló en la oreja al examinador infundiéndole de gracia divina, y esta gracia divina les aprobó).  Ni siquiera la sensación de acojone total y que ahora el responsable eres tú y no los pies de tu profesor de autoescuela.  No.  La alucinante sensación es: Estas solo en el coche. 

Hasta ese momento nunca has estado solo en un coche que se mueva. No vale cuando tu madre te dejaba con los intermitentes en doble fila con la ya famosa frase “notemuevas.sivieneunguardiadilequetumadrevuelveahora”. Hablo de 1978 cuando las madres hacían esas cosas y a ti te creaba un estrés para toda la infancia y una tortícolis alucinante en la búsqueda del posible guardia que viniera a gritarte “¿¿¿¿¿PERO CÓMO ESTÁS TÚ SOLA EN UN COCHEEEEEEE??????.
 
Arrancas, miras dos veces por cada uno de los 3 o 4 espejos (según los modelos de los coches.  Mi madre solo tiene 2 espejos y uno torcido, pero mi madre es única) pones el intermitente unos 12 minutos antes de que te vayas a incorporar a la circulación y…. te incorporas.  Y en ese momento te giras para decirle al de al lado “Como mola ¿eh?” y no hay nadie al lado.  Ni tampoco atrás.  Entonces te das cuenta que puedes poner la música que quieras al volumen que quieras y lo mejor de todo: Puedes cantar a voz en grito como si estuvieras loca.  Y a nadie le importa.  

Es una sensación muy fuerte y muy especial que te dura mínimo los primeros 3 meses.  Luego se diluye y luego, mucho tiempo después, vas por la C-32 una mañana fría y lluviosa y te ves a ti misma cantando a toda pastilla cualquier pastelada de M-80 y te dices “Soy una pureta” y sonríes y te das cuenta que el día tiene mejor pinta que tan solo 10 minutos antes.