El dos de febrero es el día de la marmota. Para los de mi quinta y los grandes peliculeros, este día está unido sin remedio a las peripecias del feo de Bill Murray con la preciosa (y sosa) Andie MacDowell. Bill se ve atrapado sin querer por un hechizo que no se acierta a explicar en la película al levantarse cada día de su vida en ese 2 de febrero en un pequeño pueblecito sitiado por la nieve. Ni morirse puede, porque al día siguiente de intentarlo vuelve a ser 2 de febrero y está vivo y coleando.
Esta película junto a "50 primeras citas" de Adam Sandler y Drew Barrymore, son mis películas absurdas favoritas cuando entras en el bucle del tiempo. Las dos son películas americanas de humor ácido con ese toque naif de ellos que chirría en nosotros taaaaaaan europeos pero que nos emboba como niños de 6 frente a una esponja que vive en una piña en el fondo del mar. Lo compramos. En la segunda no hay ningún conjuro inexplicable. Drew ha tenido un accidente y solo tiene memoria de 24 horas. Ella cree que siempre es el día anterior al accidente y su padre y hermano la mantienen en esa duda. Un día Adam se enamora de ella y se dedica a tener 50 primeras citas con la mujer de su vida. Encantador. Si tenéis oportunidad visionarla y disfrutarla.
Estoy inmersa en mi mes de la marmota. Durante 21 días trabajaré en el mismo sitio, con el mismo horario y la misma gente. No variaré ni gastronomía, ni horario de entrega, ni compañeros de reparto. Así está contratado y así lo he dispuesto yo misma (que me podría haber dado fiesta algún día). Cada mañana cojo la furgoneta, la cargo en el centro de producción y me encamino hacia Avinyonet del Penedés. La foto que ilustra este post la he tomado en el mismo sitio cada día desde el 4 de febrero. Me sigo parando con la furgoneta en medio de una loma y la sigo haciendo. Me fascina Montserrat. Las viñas peladas y con aspecto raquítico de febrero. El vientazo que hace estos días en la zona. El sol brillante y espectacular que no calienta en este segundo mes del año pero ciega si conduces sin gafas de sol.
Por primera vez desde hace 14 años sé lo que voy a hacer a ciencia cierta cada día a no ser que me ponga mala o me estrelle en la nacional 340. Generalmente sé que voy a hacer cada día de mi vida laboral pero, como soy autónoma, hay mañanas que me levanto y me dan unas ganas terribles de hacer lavadoras, o de surcar peligros junto al pabellón 4 del Garraf, o comer un cocido con mi hermano Andrés, o mojarme los pies en la playa respirando muy adentro para llevármelo de vuelta a casa. Ya os gustaría a muchos, ¿verdad?. Pero una gran libertad implica una mayor responsabilidad y eso, a mi, me lo inculcaron a fuego lento tu mirada.
La libertad de "Tu verás lo que haces" en mi caso siempre se ha traducido en sopesa, analiza, busca pros y contras y si encuentras que lo puedes hacer mejor, cómpralo. Por eso es tan importante para mi, que soy tan analista, cuadriculada, responsable y controladora, que otra persona (un cliente) haya tomado en mi lugar la decisión de como va a ser, quiera yo o no, mi mes de febrero. Estoy feliz como una perdiz.
Cada día tengo dos horas de camino en furgoneta entre ida y vuelta. Y eso es lo mejor de este mes. Por nacional a la ida y por carreterilla comarcal atravesando el Garraf a la vuelta. He ido con gran selección de música propia y escuchando la música en la radio moderna. No queriendo saber nada del mundo exterior he dejado de lado las noticias que siempre he escuchado en la SER o en RAC1 para centrarme en las arbustos del camino, los giros de la carretera, los bares de menús adosados a el arcén, las ropas intimas secándose con los camiones al pasar y los tractores pesados que se atraviesan. Me deleito con los giros de volante, las rayas mal dibujadas, los almendros en flor y el firme de la carretera con barrigas. Todo me hace sonreír. En la radio suenan canciones de hoy (no escucho M-80, que es lo que suelo escuchar) y me regocijo escuchando temas en los que las letras dicen exactamente lo mismo que decían los cantantes cuando yo tenía 15 años. A todos nos pasa lo mismo. Todos somos iguales.
Mi mes marmota me asemeja a la gente con rutina. Me encorseta y me obliga a centrarme para no salir de ese momentáneo corsé. Me gusta por que hace que me fije en la variedad del día, en cuantos zumos servimos hoy y si en los italianos toman muchas cocacolas zero y los franceses no. Cuantificar un día del otro en parámetros medibles me reconforta y yo ¿soy otra? ¿soy mejor o peor? ¿soy más o menos mamá o profesional?. Yo soy la suma de mis momentos y de los momentos de los que interaccionan conmigo. Por eso en mi rutina no tengo que tomar decisiones y, por un mes, me puedo dejar llevar. Que gustico da....

