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martes, 7 de enero de 2014

Pro derecho



Discutía el otro día con un amigo varón sobre el tema del aborto.  Discutía argumentando e intercambiando opiniones en privado y solos los dos.  Me desmontó, sin hablar directamente de ello, uno de mis axiomas sobre el tema. Y es que yo discutía personalizando y pensando que tenía más derechos a la discusión que él. Yo soy mujer, yo soy madre, yo he llevado un feto en mis entrañas. ¿Tengo más argumentos válidos que un hombre? ¿Que un cura?. Pues no, no los tengo.

No soy pro-aborto. No creo que nadie lo sea. "Mira, una embarazada, ojalá aborte". ¿Estamos locos?. Ni siquiera soy pro-vida, aunque me enerve hasta el infinito y más allá que algunos grupos se hayan alzado con ese título. No soy pro-vida por que estoy a favor de la eutanasia, ergo, caería en contradicción conmigo misma. Entonces ¿qué soy? Soy pro-derechos y pro-libertad individual. Nunca colectiva. El ser humano es libre hasta para decidir irse a lo alto de un monte y tirarse piedras contra la cabeza. Bien por él o ella.  No es libre de subirse al monte y tirarle piedras a la cabeza a otro. Bajo el lema no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti mismo vamos bien.

La iglesia opinando de vida cuando durante toda su historia con la quema de brujas, la inquisición, las penitencias autoinfligidas o el oscurantismo de la pederastia, ha estado demostrando que la vida humana le importa un comino, me produce risa. Pero, puede opinar. El estado Español con opiniones como comparar a los defensores de la antigua ley del aborto con Herodes y su masacre de inocentes (aquí un personaje bíblico ligado a Jesús de Nazareth y a las fechas que tocan) (frase de Juan Cotino Presidente de las Cortes Valencianas dicha en su blog el día 27 de diciembre) o declaraciones (todas las concernientes a este tema) como las de Ruiz-Gallardon (actual Ministro de Justicia) no puede opinar. Y, el Estado no puede porque legisla. Y menos aún puede opinar haciendo suyas las opiniones de una iglesia en un país que, recordemos todos por favor, es por la "sagrada" constitución (nomelatoquesporfavor) de 1978, aconfesional. 

Todo esto hace que me plantee si realmente esto es Matrix o una prueba de que Dios si que existe y está jugando a la desesperada con las fichas que le han tocado en estos tiempos (recordemos como jugó en los años 30 y 40 con la "bendita" laicidad Española y lo que nos trajo de represión y oscurantismo). De Ruiz-Gallardón rescato la que más me ha dolido: "Yo si que tendría un hijo con malformaciones graves. Sin dudarlo, ya que es una convicción personal". Exacto. Y no voy a entrar en porqué es esa su convicción personal, si tiene pasta para darle a su hijo malformado todas las necesidades de esta vida y la siguiente o que opina su mujer del tema. Una malformación grave no se nutre solo de amor al hijo y al santisimo, "diosproveerá"  ¿Porqué su convicción "personal" le ha llevado a reformar la ley de aborto y convertirla en la más restrictiva de toda Europa? Sólo están por detrás nuestro Malta, Andorra y el Vaticano. En estos tres países es ilegal abortar. Es la contra-reforma más restrictiva de toda la democracia Española. Anterior a esta reforma solo queda que sea ilegal. La OMS ha alertado de los peligros de exigir la autorización de terceros (¿terceros a ti para decidir por ti?) o presentar la denuncia previa por violación, solo llevaran a la clandestinidad y por lo tanto a más mortalidad. Que se jodan ¿no? pensarán algunos. Que no hubieran follado. Los llamados por ellos mismos "pro-vida" prefieren que muera una mujer embarazada a terminar con un óvulo fecundado. Es curioso porque se denomina ovulo (cuando no está fecundado), cigoto (al ser fecundado por un espermatozoide), embrión hasta las 8 semanas y ahí ya pasa a ser feto. Y se llama feto hasta el momento del parto. Cuando nace, esto es cuando sale, lo sacan del cuerpo de esa mujer y empieza a respirar por si solo, entonces ya es un ser humano.  

Y de eso se trata en su argumentación. De tiempos de vida. O eso nos quieren hacer creer con las fotos y vídeos de los fetos en las campañas pro-vida. Pero ¿que pasa después de ese nacimiento? Ah. A nadie le importa. En ese momento el feto pasa a ser niño y entonces, en ese momento se le asigna un nombre y dos apellidos y se le asigna unos padres (señores hombres/padres-a-poder-ser: anterior a ese momento a mi nadie legalmente autorizado, mi ex-suegra no cuenta, me preguntó qué hombre me había fecundado ese feto), se le registra en el hospital y posteriormente en el registro civil. Se le asigna médico. Se le hace la ficha de salud. Se le inscribe en el censo. Y empieza a tener derechos. Tiene derechos como ser vivo que es. Es curioso. Hasta ese mismo momento era solo la mujer que será madre la que importaba. Porque yo no era madre. Si Luc se llega a perder por el camino antes de nacer no se hubiera llamado Luc, no sería, no existiría y yo, no sería madre. ¿Estamos con esto?. Cuando yo estaba embarazada iba yo al ginecólogo que era mi médico. El que es ahora padre de mi hijo me acompañaba a veces pero, la verdad, podría ir mi hermana Cristina (de hecho alguna vez vino) o mi madre (de hecho alguna vez vino), pero la que siempre, siempre tuvo que ir fui yo. La que estaba embarazada era yo y se trataba de mi. De mi salud. No visitaba al feto un pediatra. En cuestiones de salud era yo la que importaba. En el momento que parí, recuerdo que me descoloqué un poco cuando a los pocos días me dieron cita con el pediatra para Luc si o si. Tenían que hacerle la revisión de la semana. ¿Y yo? Dije a la ginecóloga. "Tú no. Tú estás bien. Solo has parido". En ese momento Luc se convirtió en importante y en el ser frágil al que había que proteger. Me recogí los puntos provocados por el parto y la soberbia como pude y empecé a comprender lo que era ser madre.  

Mi madre ha parido cinco hijos y no se si habrá perdido algún feto o cigoto por el camino. Lo que si recuerdo es que siendo yo adolescente (allá por mis doce) alguien con muy mala baba le preguntó que como es que siendo tan de izquierdas ella y mi padre habían tenido cinco hijos, ¿no estaba ella a favor del derecho a la interrupción del embarazo? y ella, muy gitana rubia, se incendió. Dijo que por supuesto que lo estaba y lo que lo había estado cuando era niña y empezó a entender lo que era eso, y cuando fue adolescente y cuando se caso y tuvo uno, y tres y hasta cinco hijos, y que lo seguiría estando cuando fuera abuela (lo está). Ella estaba (está) a favor de que otras mujeres, si quieren, por las causas que consideren oportunas ellas, puedan tener la opción de interrumpir o no ese embarazo con unas ciertas garantías y que ni la iglesia entonces, el padre de la mujer (esa "tercera persona" de la contrareforma actual) o la pareja pudiera opinar sobre su cuerpo y el cigoto, embrión o feto (según el tiempo de gestación, pero nunca niño) que llevaba dentro.

Como yo he mamado eso y me han dado siempre alas para leer y discutir y argumentar, me encuentro escribiendo sobre este tema sin despeinarme y a los que les ofenden mis opiniones os digo. Pensad a que a mi me ofenden muchas veces las vuestras. Quid pro quo Clarice, que decía aquel.

Feliz pseudo lunes de enero y gracias por leer

Había muchas imágenes para ilustrar este post, pero la Espe siempre da muuucho más juego por si sola sin tener que recurrir a otras mujeres más sensatas. Imagen sacada del blog http://www.ojosdehumanoide.com/iglesia

lunes, 14 de octubre de 2013

Mi espejo


Hablaba con una muy buena amiga sobre las personas y cosas que te llenan. Tras la conversación con ella me planteé que cuando decimos "Me siento vacía" o "Tal persona me llena" tendemos a poner cualidades positivas en los otros y negativas en nosotros mismos.

Últimamente observo que los demás son espejos de mi alma. Cuando hay algo que veo en otros que no me gusta, reflexiono sobre el porque no me gusta y me doy cuenta que ese algo está en mi. Soy yo. Es algo que no me gusta de mi propia persona. Si soy yo, entonces, tengo mano para poder cambiarlo. POr eso mismo dicen que la gente "nunca" cambia. Pero, en realidad no es verdad. Nos cambiamos nosotros mismos si somos conscientes. Si uno quiere ver sus fallos, sus errores, sus mezquindades, entonces, cambiará. Si no lo hace, le seguirán irritando las mismas cosas en los otros. Sus propias cosas.

Son geniales los refranes de abuela. Tan atinados. Tan sabios y antiguos. Me vienen a la cabeza a colación de este post "Dime de que presumes y te diré de que careces" y "Ve la paja en el ojo ajeno antes que el camello en el propio".

Hablemos de lo positivo. "Harry llena a Sally. La hace plenamente feliz. Yo, para mi no me gusta pero, chica, mírala a ella, ¿que le dará? Está radiante" Esta conversación entre amigas de Sally la he tenido yo más de una vez con más de una. Admito que algo si le da (a parte de buen sexo). Harry le da consciencia (hasta el sexo es más mental que corporal). Sin los demás no nos vemos. Para lo malo y francamente para lo bueno también. Pero la felicidad a Sally no se la da Harry. Se la da ella.

Con mi terapeuta hablábamos el otro día del llorar. ¿Por que lloro? ¿Lloro por una situación? ¿Por una persona?. Le/me respondí enseguida. "No. Lloro por mi. Porque me doy pena". Y si. Siempre he sabido eso. Y siempre he sabido salir de ese llanto vicioso por mi misma o comunicándome con alguien. Un alguien que sabe muy bien de mi. Que me conozca. Que sepa lo afortunada que ha sido mi vida. Lo feliz que he sido y soy y entonces ese alguien me dice ¿De que tienes pena?. De absolutamente nada. Nada por lo que llorar.

O si. El llanto me da consciencia. Toques de alerta. Asume lo que no te gusta de ti, Ana. Tú puedes cambiarlo. ¿Porque me comunico con unos u otros en particular? Porque me dicen lo que quiero oir en cada situación. Muchas veces no es agradable. No siempre es bueno. Soy muy exigente conmigo misma y con mis amistades. Considero que es duro ser amigo mio y seguir mis reglas. Cuando recurro a mis pilares de amor y amistad es sabiendo que, a veces, me van a leer la planilla.

Si ya sabes lo que te van a decir ¿No te lo puedes gestionar tu sola? La autosuficiencia. Hacia eso camino. Hacia que mi contacto con los demás sea para ser yo espejo de ellos y no tener que ser ellos siempre espejo mio. Servir de instrumento de concienciación de los otros. Como cuando trabajo los sentimientos con mi Luc.

Al explicarle a él conceptos como la tristeza, la soledad o la paciencia, me oigo y me maravillo ¿Cómo pretendo que un niño de 6 años digiera esto si yo ando con problemas para expresarlo? Pero es lo maravilloso de los hijos. Son espejos de puro amor. Cristalinos. Sin doblez. El más fidel. Son la mitad de ti. Te ves tan reconocible. Tan perfecta en su imagen.

Aprender de un hijo es un regalo y ves en cada momento de tu cotidianidad que es así. Que te enseñan ellos a ti en vez de tu a ellos. Tengo un amigo vegano que lo es porque su hija lo era. Ella le abrió la consciencia que él ya tenía dentro. Ella le sirvió de espejo y le mostró lo que él quería ser y cómo quería ser. Realmente él ya era así. Solamente que no se veía.

Haciendo la lectura de que todos hemos sido hijos en algún momento de nuestra vida (no todos somos o seremos padres) hemos de ser conscientes que TODOS hemos enseñado maravillas a aquellos que nos dieron la vida. Fuimos espejos y les permitimos ser conscientes de su felicidad, de sus debilidades y de sus logros y les ayudamos a crecer y a cambiar. ¿No es sencillamente maravilloso?

Feliz día consciente a todos.

jueves, 3 de octubre de 2013

Yo nunca


¿Habéis jugando alguna vez al "Yo nunca"?. Yo jugaba cuando tenía 19 años (estoy muy pesada con los 19, lo se, pero como dice mi amiga Susan Karpp los 40 son los nuevos 20, por eso que me tiro todo el rato de allá para acá para tomar conciencia de mi actualidad.... creo yo). El juego cumplía dos requisitos juvenilmente impecables. El primero que los otros bebieran y tú no mucho (para pillarles con la guardia baja). El segundo que confesaran algo que o bien tú sabías y querías que se hiciera público, o tú intuías y querías saber a ciencia cierta.

Si habías perdido en la anterior ronda empezabas tú. Cogías el litro de alcohol (corren por mis venas mujer....) y decías muy seria y en tú papel de Pachamama de la fiesta "Yo nunca...." Y ahí decías algo que nunca habías hecho. Empezabas con algo del estilo "Yo nunca me he ido a la cama con las lentillas puestas". Pasabas el litro y todos los que tenían gafas, menos algún friki de la higiene, bebían. Según se bebía o la gente se picaba (a las 3 rondas más o menos) empezaba todo a coger un cariz personal. Tú querías que bebiera "ese" que se había escapado en la ronda anterior, o alguien que estabas segura que había hecho algo escabroso y no lo quería decir.  Para no ser muy evidente atacabas a tu compañera de la vida que te las perdona todas. Tenías que buscar algo que tú no hubieras hecho y ella si. A veces era bastante difícil. "Yo nunca lo he hecho en el mar". El litro iba pasando de mano en mano con comentarios de "¿Nadie va a beber?" y ahí, tú compañera de la vida te miraba con cara de "Te vas a cagar hijadeputa" pero bebía, se reía y aumentaba el nivelón por la connotación sexual que tomaba el juego. Se dejaba de jugar cuando alguien con pareja decía "Ah ¿si? y ¿con quien?, ah pues si te gustaba bien callado que te lo tenías!" Y había que cambiar ipso facto de juego.

Me acordé del "Yo nunca" el día que me leí el último libro de Mara Torres, "La vida imaginaria". A Nata la deja Beto. Real y habitual como la vida misma. El libro arranca así. Tal cual. Pero Nata tiene una cabeza y una mente en la que cabe todo. ¿Que hubiera pasado si? ¿Que pasaría si?. En fin. La mente y la cabeza que tenemos todas. ¿Todos?. No. En eso los hombres son radicalmente distintos. Yo me he sentido tan escalofriantemente identificada con Nata (y con Mara que es la que lo escribió, no lo olvidemos) durante la lectura del libro que llegué a pensar que me habían grabado en mi día a día si no fuera por que no era mi vida realmente la que narraba sino la que yo me había imaginado muchas tardes y muchiiisimas mañanas. Lo hablé con mi hermana y con mi Mari y nos reímos mucho con las anécdotas comunes. Mi hermana había leído el libro en un momento personal muy distinto al mio. Mari no lo había leído pero se lo conté de pe a pa y ya es como si lo hubiera hecho. 

Nata se imagina que habla con Berto. Y se hace la conversación entera. Lo que ella le dice, lo que él le contesta. Ah, no, esa respuesta no le gusta. Volvamos atrás. Encarrilemos la conversación. Y cuando no la consigues encarrilar (aquí ya habla Nata/Mara y yo todas a una Fuenteovejuna) él te mira, tu le miras, le pones cara de "anda ven-acá-pa-cá" y él... él te tumba de un besazo mortal. Se te corta el aire (en la vida imaginaria y en la real). Se te para el mundo, que te quieres bajar. La gente aplaude, vitorean, jalean. Qué envidia de beso, hija. Y sonríes feliz y abres los ojos y estás en el dormitorio de tu casa en medio de un montón de ropa pensando que te pones por si lo ves. Que no le vas a ver, pava alelá, si vives en una ciudad de tres millones de habitantes y él está en la otra punta en diagonal de la  tuya. Chimpum. Me reí lo no escrito con ese momentazo. 

Nata tiene muchos "yo nuncas", como todos, claro está. Son cosas que ella jamás haría. Algunas por convicción, otras porque jamás se imagina que le podría pasar a ella. Es glorioso el momento en el que hay una persona que empieza a aparecer en su vida y de pronto él se presenta a la cita que tiene con ella ¡Con una camiseta de la selección Española de futbol!. Yo nunca saldría con un tipo que no solo tiene una camiseta de la selección Española de futbol si no que encima SE LA PONE! y no como camiseta para ir a dormir o andar por casa, NOOOOO, se la pone para salir con una tia!!. Tremendo. Nata. Yo tampoco. Yo tampoco saldría nunca con un tipo así. No os cuento como acaba por si lo queréis leer. Niñas, sobre todo, merece la pena.

Algunos de mis "yo nuncas" confesables: Yo nunca hablaría español con palabras en inglés como si se me hubieran escapado y fuera gilipollas (lo mismo para el catalán). Yo nunca sería tan intransigente para dejar de comer algo (huevo y leche sobretodo) por una cuestión de conciencia si no fuera por un tema de salud. Menuda gilipollez. Yo nunca haría yoga. Me pone de los nervios esa gente con su Ong, y su olor a incienso y su "te quedas relajadisimo". Relajadisimo de qué?. Yo nunca haría planes con otros padres solo porque mi hijo quiere estar con su hijo. Si hombre!, que mi hijo se adapte a mis amigos. Yo nunca querría a un perro como si fuera de mi familia. Un perro no es una persona. Yo nunca daré mi opinión a alguien sobre algo personal si no me la piden. Yo nunca me haré amiga de alguien en Facebook si no lo conozco en la vida real. Yo nunca le diré a mi hijo "porque lo digo yo y punto pelota". Yo nunca pondré una foto de Iker Casillas en mi perfil por mucho que España gane la Eurocopa. Antes muerta. Yo nunca me engancharé a una serie de zombies. Yo nunca cobraré en B. Yo nunca cambiaré en mis convicciones más básicas.  Yo nunca iré al psicólogo. Yo nunca te fallaré. Yo nunca tropezaré en esa piedra tan gorda dos veces seguidas. Yo nunca bailaré el Gangnam style. 

Alguno de mis "yo nuncas" que a día de hoy sigo cumpliendo: Yo nunca mataré a un ser humano. Yo nunca votaré al PP.

Feliz delirio de semana. Sed buenos y amables con vosotros. Con los demás os reflejareis.   

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mejor sola

¿Qué mal acompañada? Ni siquiera. Mejor Sola. Este es mi gran descubrimiento del año. Ni siquiera ser todo lo vegana que puedo ser, supera el tema “no estar acompañada”. Ni el yoga. Ni la concienciación social. Ni la terapia personal con una profesional. Ni los cambios en mi persona. La visión real de la soledad en el ser humano es lo que me ha dejado boquiabierta en este fantástico 2013.

Desde que recuerdo, la visión, no sólo de las relaciones de los demás si no las de uno consigo mismo, han pasado en mi cerebro marcadas por la sociedad, las películas, las canciones, los libros, los ejemplos de padres y amigos y, cómo no, el terrible vocabulario.

Las frases “ser una solterona”, “quedarse para vestir santos”, “no ha podido rehacer su vida”, “no tiene perrito que le ladre” y “no hay quien la/le aguante” tienen un toque tan peyorativo, negativo y amargo, que una, sin mucho análisis, tiene que deducir que estar en soledad es una auténtica mierda.

En mi adolescencia “el ser rara” equivalía al “no hay quien la aguante” por lo que tardé tiempo en encontrar a alguien “que me aguantara”. Yo era rara, claro está. Y quería encontrarlo. Vaya si quería. Lo triste era que muy probablemente no lo quería por amar. No (no sabía nada del amor romántico). Lo quería por ser aceptada. A mí no me habían besado. A mí no me habían “pedido de salir”. Ni siquiera tenía la absoluta certeza de haberle gustado a algún chico de un modo especial. Claro. Si le hubiera gustado a algún chico de un modo especial este me hubiera escrito alguna carta (de moda en los 80), me hubiera dicho algo, se lo hubiera dicho a mi mejor amiga, me hubiera intentado besar, se hubiera plantado debajo de mi ventana con un radiocasete a todo volumen y me hubiera rogado que no me marchara del pueblo a la universidad de Harvard sin decirle que le quería. Esto es. Me esperaba lo que veía en las pelis. Lo que mis amigas me fantaseaban.  Y yo, bonica era, con una fantasía de otra persona me hacía mi mundo Michael Ende particular.

Tardé, para los cánones de la época, bastante en que me besaran y mi primer beso fue un horror y mi primer “¿Quieres salir conmigo?” (justo dos semanas previas a ese beso) fue un espanto. Es igual. A partir de ahí busqué mi Serendipity en cada chico que me hacía tilín. Me enamoré. Me dejaron. Dejé. 

El rosario de perlas habitual de veinteañera. Sufrí lo indecible. Disfruté lo inenarrable. Narré a amigas y primas lo inexplicable y gracias a ese amor desgarrador decidí ser escritora. Nada mejor que escribir sobre algo que a todos les pasa.

Pensé que el amor tenía que ser así. Así me lo habían enseñado. Así me lo contaban. Así lo vivía yo. A mi alrededor las únicas personas “adultas” sin pareja era gays (ocultados encima, como si fuera vergonzoso) o realmente amargantes con patas. Yo no era gay. Yo no quería ser amarga (lo soy un poco, la verdad). Había una persona a la que yo admiraba por inteligente, con gran carácter y maravilloso modo de vida. Una madre separada divina. Pero decidió quitarse de en medio de la vida nunca supe si por qué no logró aprender lo que era que la hubieran dejado por otra.  Me pareció terrible que alguien a quien yo admiraba y que me hubiera gustado ser se eliminase de un plumazo de la tierra. Así que hay que transformarse para ser lo que los otros esperan de ti y conseguir ¿lo que tú esperas de ti?

Hay que estudiar, trabajar, triunfar, tener un hijo, tener pareja, tener coche… casa…. ¿De verdad “hay que”? Hay que ser feliz. Mira en eso si estoy de acuerdo. Pero para ser feliz no hay que amar a un hombre. No hay que tener pareja. No hay que tener un proyecto de vida en común con alguien. Ni siquiera hay que tener un hijo (y mi hijo es una de las mayores fuentes de felicidad en mi vida, a sus 6 años). No. Para ser feliz hay que amar. Hay que amarse a uno mismo.

Decía el gran Kilian Jornet que la montaña con otra persona es intensísima. Puedes compartir con esa persona los sentimientos y emociones que te embargan en la cumbre pero estás tan pendiente de esa persona (de sus reacciones, de sus emociones, de su seguridad) que no estás pendiente de ti. Se te escapa lo que la montaña hace por ti. Lo que te ayuda a interiorizar, a pensar, a decidir, a disfrutar plenamente. En soledad la montaña te ayuda a crecer.

Los niños no pueden estar solos. Los adultos sí. No es ninguna pena. Es totalmente necesario. Es gratificante realizar cosas por uno mismo. Es madurez. Y cuando uno está maduro, tranquilo, feliz consigo mismo, entonces, ese uno, puede darse. Porque para darse hay que tener y para tener hay que crear desde el interior.

Entonces amigos, colegas de trabajo, familiares, hombres y mujeres de tu vida, entonces, ellos te compartirán y te disfrutarán. Te darán esa enorme recompensa que es el amor de los otros. Pero sin renunciar a ti. Sin dejarte vaciar por el camino. Sin hipotecarte.

Sé que muchos leerán estas palabras sin entenderlas. Creyendo que son palabras de despechada: “Bah, las uvas están verdes” dijo la zorra.  Pensando que la pareja en completa sintonía, los abuelitos viejitos que se dan la mano a los 90 años y se mueren con una semana de diferencia uno del otro, es el colmo de lo más en felicidad. Pero, señores, a cada cual le hacen felices cosas muy diferentes y ¿sabéis que me hace feliz a mi? Pues yo.

Y mientras me llegan los 90 pienso disfrutarme mucho, quererme mucho, reírme de mi misma mucho, leerme, escucharme, visionarme. Y me encontraré con gente que me disfrute, me quiera, me ría, me lea, me escuche y me vea. Y si no tengo que firmar un contrato de por vida con esas personas, mejor. 

Porque el que obliga a firmar a otro está sentando las bases de la culpa futura. Yo lo he hecho “Si me quieres, entonces harás esto”. Y para culpas ya tenemos a otros. No jodamos más con el amor, por favor.

Feliz miércoles que huele a viernes


miércoles, 5 de junio de 2013

La primera vez


La primera persona vegetariana lo suficientemente cercana a mí como para que recuerde su nombre fue mi ex cuñada Sheila. La conocí hace más de diez años y en aquel entonces España era radicalmente tercermundista en el asunto vegetariano. No se sabía que había distinciones entre unos y otros y, en general, se pensaba que era una opción de salud y que si apartabas el trozo de pollo de la paella, el arroz te lo podías comer y que además el calamar no es carne ¿no? ¿Pero tú no eras vegetariana? ¿Por qué no te puedes comer el calamar que no es de carne? 

Sheila era vegana. No comía ni huevos, ni leche, ni sus derivados, yogures, mantequilla, nata, helados etc. En España con una dieta así a finales de los materialistas 90 estabas bien jodido para comer algo fuera de casa que no fueran espárragos plancha, champiñones al ajillo o pimientos asados. En un restaurante le llegaron a servir una paella de verduras hecha con fumet de pescado y la cara de ella, que venía de San Francisco, USA, fue todo un poema.  No hablaba ni una patata de español así que me tocó hacer de intermediaria y mentirle diciendo que las berenjenas rebozadas que acababan de llegar a la mesa en una tasca inmunda de La Latina en Madrid se había frito, "of course", en una freidora diferente que los boquerones que se zampaba mi hermano de dos en dos.

Deduje que las veganas estaban un poco chaladas aunque ella me caía muy bien. Era vegetariana desde niña pues su madre era vegetariana. Su padre, en palabras de mi hermana Cristina que lo conoció en San Francisco, era un calco de Homer Simpson. Huelga decir que estaban divorciados (¿Homer versus vegana?). En aquel entonces me intrigaba algo los motivos pero no tanto como para darle más carrete a Sheila del ya necesario.

En mi vida me he encontrado con clientes y compañeros vegetarianos en el transcurso de mi trabajo. Me he dedicado a solucionarles el problema e incluso a adelantarme a sus necesidades. Si sabía que había musulmanes en un grupo pues iba a cocina a ver cuál era la opción u opciones que había. Ensalada de lechuga y tomate de primero y parrillada de verduras de segundo. Un planazo, vamos. Oye que los musulmanes no comen cerdo pero pollo si, y los alérgicos al marisco pueden tomar pescado. No hay que darles también la parrillada y al celiaco ¿porque le das la ensalada si el primero que está tomando el grupo no tiene gluten?  Es igual. Los “raros” caen en el mismo saco. Que no toquen los cojones o que se queden en su casa. Esa es la frase que en un 90% de las veces me he tragado en eventos propios y ajenos. Celiacos y diabéticos si, vegetarianos tocacojones no. Un vegetariano lo es por pose. Porque podría no serlo. Es opcional, ¿no?

Casi el 90% de los vegetarianos que me he encontrado trabajando son bastante flexibles. Saben que van a comer fatal y están resignados. Si en vez de preguntarle “¿Es usted EL vegetariano?” como si fuera un apestado le sonríes al hacerlo, a veces, la que se sienta a su lado me ha hecho la gran pregunta americana (me suele pasar bastante con yankies) “Which is the vegetarian option?” Y, claro, aquí en España, en catering (no hablo de restaurantes donde si hay opciones), no hay “option”. O lo has pedido antes o no hay tu tía para ti. “¿Lo eres o no?” porque si no lo eres te vas a comer solomillaco de ternera quieras o no y después de llevar 10 días de congreso lo que quieres es ir a la cama máximo con una sopa en el cuerpo. Pues no. No option.

Yo a mis compañeros los tengo bastante fichados a nivel gastronómico. A los que no comen nada. A los que si no comen antes de la una no rinden. A los que les sienta mal el pan y, por supuesto, a los vegetarianos. Me acuerdo de un evento a otro, así que, cuando sé quien está trabajando esa noche, voy a cocina a informar. “Oye que si os sobran opciones vegetarianas del cliente, que en el staff, por favor, hay dos vegetarianos y 8 frutas de postre, por favor :)” Solo quieren el coulant de chocolate alguna que esté en un momento álgido del mes o si hace mucho frio o se tiene más hambre un que caracol en un espejo. Si no es en esos tres supuestos, todos queremos fruta de postre.

Tengo, pues, una predisposición hacia el débil, el diferente, el especial, al que la gente tiene tirria por eso mismo “Es que VA de especial”. Con no digo con amor (no lancemos las campanas al vuelo), sino con cariñete, es tan fácil cambiar la cena de gala de alguien por algo especial que a mí no me cuesta nada hacerlo, y como nadie lo suele hacer, casi todos se acuerdan de mi de un evento a otro. Ah, no, me dicen que es por el por culo que doy habitualmente. Puede ser.

Al tener a mi hijo hace ya 6 años me volví una chalada de los productos naturales y declaré la guerra a las carnes envasadas y a los huevos de gallina puteada. Salían carísimos comparados con los productos “habituales” en las líneas del supermercado. Pero por mi hijo mato y pago. Al llegar a Gavá tuvimos la suerte de descubrir que estábamos rodeados de payeses y huertos por doquier. Producto “kilometro cero” pasó a ser mi obsesión. El agua de Fuji bebida aquí y no en Fuji, mi enemigo acérrimo.

Mi amiga Angels fue la que me despertó la conciencia. La conciencia de qué comemos y porqué lo comemos. Se puede elegir y tienes derecho a hacerlo. La conocí como carnívora hace años y hace dos la re descubrí como vegetariana. Me puse a investigar. Curiosidad mortal. Paciente como pocas cosas, mi Angels, se tiró muchos congresos contándome batallitas personales de porque si y porque no, de que si que le gusta el jamón pero que no se lo come y de que por qué no se lo come aunque le guste (momentazo muslo, ¿te acuerdas Angels?). Sonriendo con tranquilidad zen, y contestando a todo. Yo dándole la murga e intentando comprender. Luego descubrí a Luisa, otra compañera de trabajo también muy centrada y feliz y vegetariana. Niñas con carácter. Niñas con brío. Nada de lánguidas a las que le falta sangre (es lo que decíamos de Sheila, eso y que le debíamos pasar un bocata de chorizo, angelico…). Pedazo de tías. Y sonriendo y sin desfallecer. ¿Cómo aguantan sin comer carne? Debe ser el yoga, pensé.

Hace un año estuve retirada tres días de circulación en un sitio en el que desconecté por completo del exterior y entre otras cosas desayuné, comí y cené vegano. Eso quiere decir que no había leche para un café con leche aunque el cachondo de Tomás cada poco decía “¿Hace un cortadito?”, ni había mantequilla para las tostadas y el arroz no se hacía con fumet de pescado, ni había quesos, ni siquiera tortilla de patatas. Salí pletórica. Espiritualmente me vino de cine el sitio y el taller que impartió Carol, pero corporalmente me sentí bastante mejor.

Poco a poco ha ido calando y de repente un día me encontré hablándolo con una amiga que no era vegetariana y decía “Estaría genial, ¿verdad?” Y ¿Por qué no? El porque si lo tenía clarísimo. El porque no también. Era miedo al qué dirán. Mi familia, mi circulo más cercano (el lejano me importa un pito, claro está), mi circulo profesional, porque claro, tengo un catering, vendo solomillos y ¿no los como?.

Me di una bofetada en mi alma guerrera y luchadora cuando asumí que lo único que me separaba de intentarlo era el miedo. Miedo al qué dirán y al fracaso de intentarlo y no lograrlo. Estúdialo Ana, me dijo alguien. Hazte un análisis de antes y después por si te falta una vitamina a las pocas semanas. Jesús, ni que fuera a irme de expedición a Marte en cohete.  Basta ya, pensé.


Un domingo me pasaron los mejillones por delante, mejillones que por otro lado me encantaban y no cogí ninguno. Como en las comidas familiares priva mucho “el tonto el que no lo lea”, los mejillones volaron y nadie se percató que yo no tomara. La fideuá me la comí con caldo de pescado, obvio, pero no me comí muchos animales, ni rape, ni escamarlanes. Esa noche cené ensalada. Aquella fideuá a trozos fue la última comida no vegetariana que hice. Hace ya dos meses y medio.

Salud y vida. seguiré informando de la nueva actividad. 

lunes, 15 de abril de 2013

Sueños vividos, sueños cumplidos

"La flor groga" Manel

"Ja sabem com t'agrada aixecar el braç i calcular el pol d'on ve el vent,
Ja hem gaudit de l'estil que exhibeixes quan marxes corrents.

Ja hem entès que ets una ànima errant que abandona les cases quan tothom dorm,
Que t'agrada menjar quan hi ha gana i dormir si ve son.
Però pensa't-ho bé que després, tard o d'hora, sempre arriba el moment
Quan s'obre com una flor rara el penediment
I entens, com si totes les bruixes del món coincidissin llegint-te el futur,
Que és cosa de temps que et sorprenguis pensant que ho tenies,
Que jo creia en tu.

Ja sabem que tres mil aventures bateguen rabioses lluny d'aquest racó,
Que els guerrers s'avorreixen si no hi ha una mica d'acció.
Ja hem previst que només moriràs si algú et clava una daga daurada en el cor
I que on t'enterri una bona gent hi creixerà un roure fort.
I és quasi entranyable que oblidis tan ràpid que sempre arriba el moment
Quan s'obre com una flor groga el penediment.
Si ho saps com si totes les bruixes del món t'estiguessin llençant un conjur,
Una rima ancestral que et farà recordar que ho tenies,
Que jo creia en tu.

Si em llevés i fos rei, reuniria les Corts per incloure en el codi penal
Que es prohibeixi a la gent 'nar pel món buscant res que no pugui anomenar.
Que la por estaria allà però, potser, per variar, aprendríem a passar-la junts
I no et veuria mai més explicant-me que bé estaves quan ho tenies,
Quan jo creia en tu."

"La flor amarilla" Manel. 

"Ya sabemos cómo te gusta levantar el brazo y calcular el polo de donde viene el viento, 
ya hemos disfrutado del estilo que exhibes cuando te marchas corriendo.
Ya hemos entendido que eres un alma errante que abandona las casas cuando todos duermen, 
que te gusta comer cuando hay hambre y dormir si viene sueño.
Pero piénsalo bien que después, tarde o temprano, 
siempre llega el momento cuando se abre como una flor rara el arrepentimiento
y entiendes, como si todas las brujas del mundo coincidieran al leerte el futuro,
que es cuestión de tiempo que te sorprendas pensando que lo tenías,
que yo creía en ti.

Ya sabemos que tres mil aventuras palpitan rabiosas lejos de este rincón,
que los guerreros se aburren si no hay un poco de acción.
Ya hemos previsto que solo morirás si alguien te clava una daga dorada en el corazón
y que donde te entierre una buena gente, crecerá un roble fuerte.
Y es casi entrañable, que olvides tan rápido, que siempre llega el momento
cuando se abre como una flor amarilla el arrepentimiento.
Si lo sabes, como si todas las brujas del mundo te estuviesen lanzando un conjuro,
una rima ancestral que te hará recordar que lo tenías,
que yo creía en ti.

Si al despertar fuese rey, reuniría a las Cortes para incluir en el código penal
que se prohíba a la gente ir por el mundo buscando algo que no sepa nombrar.
Que el miedo estaría ahí pero, quizá, para variar, aprenderíamos a pasarlo juntos
y no te vería nunca más explicándome que bien que estabas cuando lo tenías,
cuando yo creía en ti."

Esta canción de Manel me provoca mucho cada vez que la oigo. Me provoca rabia por la pasividad que desprende.  Por el reproche que te hace de que al creer él en ti, te tenga que valer para acallar tus guerreros. Porque las aventuras son rabiosas para el que se queda, pero no para el que las vive. Me provoca dolor la flor amarilla, por que el arrepentimiento es la mayor de las penas sobre todo cuando es usada como lanzadera de miedo. Ese "ya sabes que después, tarde o temprano, esa flor se abrirá". Las brujas te recordarán como te recuerdo yo que ya lo tenías. Pero creo que no. Que no lo tenías. Y que, aunque tu creyeras en mi a mi eso no me valía. Que es mejor morirse si alguien te clava una daga de oro en el pecho y ver crecer un roble de él, que morirse convertido en polvo.  

Y la sigo escuchando por que hay muchas letras de Manel que me indican que son sabios, pero, en casi todas, son cobardes, y les comprendo, porque yo también soy cobarde. No debemos cortarles las alas a los que vuelan con conjuros, ni con leyes en las cortes, y menos con la escusa de que no saben como nombrar a aquello que solo se puede sentir. ¿Que hay de las emociones y los sentimientos que no se pueden explicar? ¿Que no se pueden medir? ¿Que solo pueden fluir? ¿Que hay de malo en comer cuando haya hambre y dormir cuando tengas sueño? 

Será cuestión de tiempo pero, a lo mejor, quizás, con suerte, la flor amarilla no florece, y entonces sonreirás pensando: ahora, ahora es cuando lo tengo. Y quien creía en ti, si aún te sigue, volverá a creer, aunque, entonces, tal vez, el miedo lo hayas pasado solo y no juntos.

miércoles, 30 de enero de 2013

Pere Gila vuelve al pabellón 4


Ayer volví a pasear por el Garraf de la mano de Manel.  Me crucé por el camino con tres corredores en un paseo de una hora de duración.  En soledad y feliz, era un vacío humano solamente llenado por Manel y la naturaleza.  La misión de la mañana era "despejar el cap" y cumplir la promesa realizada a Amalia en un post anterior.  Como bien dice ella cumplo siempre mis promesas (me puede la boca y el orgullo).  Esta promesa en particular me apetecía mucho hacerla por gusto personal y por habérsela hecho a mi madrina.

Imprimí a la mañana el post de "Naturaleza domada, humanidad salvaje" y le añadí una nota para indicarle a la persona que lo encontrara que estaríamos más que contentos mis lectores, y una servidora, si nos hiciera el favor de contactarnos mediante un comentario en el blog, contándonos la historia del pabellón cuatro.


El cielo de ayer 29 de enero era majestuoso.  Los cuatro pabellones me esperaban igual de silenciosos que un mes antes pero mucho más tétricos.  Ayer iba caminando sola y me asaltó la idea de que nadie sabía que estaba allí y que lo mismo me salia un tipo con una azada a defender sus ficus.  Respiré hondo y pensé que con mi post impreso y mi sonrisa de martes le encandilaría.  Llegué más o menos frescachuela hasta la puerta del pabellón cuatro y ante el candado volví a oír la voz de mi marido.  "¿Te vas a meter ahí que hay un candado?". Debo ser más acojonadilla de lo que creo porque tuve que tirar de memoria para recordar que alguien me había dicho (creo que fue Stu) que Pere Gila era toda una intrépida y cerré los ojos pensando "Va a entrar Pere Gila y no yo".


Con el viento las hojas del escrito se volaban y el celo se me pegaba en los dedos.  La respiración se me agitaba y el corazón se desbocaba como si estuviera cometiendo adulterio. Nena, me dije, pareces tonta. Sonreí y busqué algo con lo que aguantar los dos folios mejor que el celo cutre salchichero. La próxima vez, nota mental, traigo cinta de feria de esas para la moqueta. Ja, segunda nota mental, como que va ha haber una segunda vez. Unos tiestecicos tuvieron a bien suplir a la cinta de feria.



Desanduve lo caminado con ligereza de piernas y risa en el corazón y al llegar a Gavá me dio pena que mi paseo se hubiera acabado ya.  Me hubiera tirado el día entero escuchando las historias de Manel susurradas a mis oídos. 

La verdad es que no tengo muchas esperanzas de que quien lo encuentre le vea la "gracia" a decirnos nada.  O que el viento se lo lleve.  Pero no lo he hecho por eso.  Hay veces que uno hace las cosas por que siente que las debe hacer y confía en que el destino y la vida vayan desmadejando el ovillo mientras uno mira divertido desde el otro lado dejando pasar el viento, el agua, las hojas, el sol, la luna.... la vida.  De pronto una tarde ya no te acuerdas de por que fuiste al pabellón cuatro y solo te queda el recuerdo de la canción en el corazón y el sol en la cara. 

Este post va dedicado, como no, a mi madrina rumbera Amalia Morcillo y a mi amiguita imaginaria Stu, que me sopló valor intrépido cuando más me hacía falta.