lunes, 14 de octubre de 2013

Mi espejo


Hablaba con una muy buena amiga sobre las personas y cosas que te llenan. Tras la conversación con ella me planteé que cuando decimos "Me siento vacía" o "Tal persona me llena" tendemos a poner cualidades positivas en los otros y negativas en nosotros mismos.

Últimamente observo que los demás son espejos de mi alma. Cuando hay algo que veo en otros que no me gusta, reflexiono sobre el porque no me gusta y me doy cuenta que ese algo está en mi. Soy yo. Es algo que no me gusta de mi propia persona. Si soy yo, entonces, tengo mano para poder cambiarlo. POr eso mismo dicen que la gente "nunca" cambia. Pero, en realidad no es verdad. Nos cambiamos nosotros mismos si somos conscientes. Si uno quiere ver sus fallos, sus errores, sus mezquindades, entonces, cambiará. Si no lo hace, le seguirán irritando las mismas cosas en los otros. Sus propias cosas.

Son geniales los refranes de abuela. Tan atinados. Tan sabios y antiguos. Me vienen a la cabeza a colación de este post "Dime de que presumes y te diré de que careces" y "Ve la paja en el ojo ajeno antes que el camello en el propio".

Hablemos de lo positivo. "Harry llena a Sally. La hace plenamente feliz. Yo, para mi no me gusta pero, chica, mírala a ella, ¿que le dará? Está radiante" Esta conversación entre amigas de Sally la he tenido yo más de una vez con más de una. Admito que algo si le da (a parte de buen sexo). Harry le da consciencia (hasta el sexo es más mental que corporal). Sin los demás no nos vemos. Para lo malo y francamente para lo bueno también. Pero la felicidad a Sally no se la da Harry. Se la da ella.

Con mi terapeuta hablábamos el otro día del llorar. ¿Por que lloro? ¿Lloro por una situación? ¿Por una persona?. Le/me respondí enseguida. "No. Lloro por mi. Porque me doy pena". Y si. Siempre he sabido eso. Y siempre he sabido salir de ese llanto vicioso por mi misma o comunicándome con alguien. Un alguien que sabe muy bien de mi. Que me conozca. Que sepa lo afortunada que ha sido mi vida. Lo feliz que he sido y soy y entonces ese alguien me dice ¿De que tienes pena?. De absolutamente nada. Nada por lo que llorar.

O si. El llanto me da consciencia. Toques de alerta. Asume lo que no te gusta de ti, Ana. Tú puedes cambiarlo. ¿Porque me comunico con unos u otros en particular? Porque me dicen lo que quiero oir en cada situación. Muchas veces no es agradable. No siempre es bueno. Soy muy exigente conmigo misma y con mis amistades. Considero que es duro ser amigo mio y seguir mis reglas. Cuando recurro a mis pilares de amor y amistad es sabiendo que, a veces, me van a leer la planilla.

Si ya sabes lo que te van a decir ¿No te lo puedes gestionar tu sola? La autosuficiencia. Hacia eso camino. Hacia que mi contacto con los demás sea para ser yo espejo de ellos y no tener que ser ellos siempre espejo mio. Servir de instrumento de concienciación de los otros. Como cuando trabajo los sentimientos con mi Luc.

Al explicarle a él conceptos como la tristeza, la soledad o la paciencia, me oigo y me maravillo ¿Cómo pretendo que un niño de 6 años digiera esto si yo ando con problemas para expresarlo? Pero es lo maravilloso de los hijos. Son espejos de puro amor. Cristalinos. Sin doblez. El más fidel. Son la mitad de ti. Te ves tan reconocible. Tan perfecta en su imagen.

Aprender de un hijo es un regalo y ves en cada momento de tu cotidianidad que es así. Que te enseñan ellos a ti en vez de tu a ellos. Tengo un amigo vegano que lo es porque su hija lo era. Ella le abrió la consciencia que él ya tenía dentro. Ella le sirvió de espejo y le mostró lo que él quería ser y cómo quería ser. Realmente él ya era así. Solamente que no se veía.

Haciendo la lectura de que todos hemos sido hijos en algún momento de nuestra vida (no todos somos o seremos padres) hemos de ser conscientes que TODOS hemos enseñado maravillas a aquellos que nos dieron la vida. Fuimos espejos y les permitimos ser conscientes de su felicidad, de sus debilidades y de sus logros y les ayudamos a crecer y a cambiar. ¿No es sencillamente maravilloso?

Feliz día consciente a todos.

jueves, 3 de octubre de 2013

Yo nunca


¿Habéis jugando alguna vez al "Yo nunca"?. Yo jugaba cuando tenía 19 años (estoy muy pesada con los 19, lo se, pero como dice mi amiga Susan Karpp los 40 son los nuevos 20, por eso que me tiro todo el rato de allá para acá para tomar conciencia de mi actualidad.... creo yo). El juego cumplía dos requisitos juvenilmente impecables. El primero que los otros bebieran y tú no mucho (para pillarles con la guardia baja). El segundo que confesaran algo que o bien tú sabías y querías que se hiciera público, o tú intuías y querías saber a ciencia cierta.

Si habías perdido en la anterior ronda empezabas tú. Cogías el litro de alcohol (corren por mis venas mujer....) y decías muy seria y en tú papel de Pachamama de la fiesta "Yo nunca...." Y ahí decías algo que nunca habías hecho. Empezabas con algo del estilo "Yo nunca me he ido a la cama con las lentillas puestas". Pasabas el litro y todos los que tenían gafas, menos algún friki de la higiene, bebían. Según se bebía o la gente se picaba (a las 3 rondas más o menos) empezaba todo a coger un cariz personal. Tú querías que bebiera "ese" que se había escapado en la ronda anterior, o alguien que estabas segura que había hecho algo escabroso y no lo quería decir.  Para no ser muy evidente atacabas a tu compañera de la vida que te las perdona todas. Tenías que buscar algo que tú no hubieras hecho y ella si. A veces era bastante difícil. "Yo nunca lo he hecho en el mar". El litro iba pasando de mano en mano con comentarios de "¿Nadie va a beber?" y ahí, tú compañera de la vida te miraba con cara de "Te vas a cagar hijadeputa" pero bebía, se reía y aumentaba el nivelón por la connotación sexual que tomaba el juego. Se dejaba de jugar cuando alguien con pareja decía "Ah ¿si? y ¿con quien?, ah pues si te gustaba bien callado que te lo tenías!" Y había que cambiar ipso facto de juego.

Me acordé del "Yo nunca" el día que me leí el último libro de Mara Torres, "La vida imaginaria". A Nata la deja Beto. Real y habitual como la vida misma. El libro arranca así. Tal cual. Pero Nata tiene una cabeza y una mente en la que cabe todo. ¿Que hubiera pasado si? ¿Que pasaría si?. En fin. La mente y la cabeza que tenemos todas. ¿Todos?. No. En eso los hombres son radicalmente distintos. Yo me he sentido tan escalofriantemente identificada con Nata (y con Mara que es la que lo escribió, no lo olvidemos) durante la lectura del libro que llegué a pensar que me habían grabado en mi día a día si no fuera por que no era mi vida realmente la que narraba sino la que yo me había imaginado muchas tardes y muchiiisimas mañanas. Lo hablé con mi hermana y con mi Mari y nos reímos mucho con las anécdotas comunes. Mi hermana había leído el libro en un momento personal muy distinto al mio. Mari no lo había leído pero se lo conté de pe a pa y ya es como si lo hubiera hecho. 

Nata se imagina que habla con Berto. Y se hace la conversación entera. Lo que ella le dice, lo que él le contesta. Ah, no, esa respuesta no le gusta. Volvamos atrás. Encarrilemos la conversación. Y cuando no la consigues encarrilar (aquí ya habla Nata/Mara y yo todas a una Fuenteovejuna) él te mira, tu le miras, le pones cara de "anda ven-acá-pa-cá" y él... él te tumba de un besazo mortal. Se te corta el aire (en la vida imaginaria y en la real). Se te para el mundo, que te quieres bajar. La gente aplaude, vitorean, jalean. Qué envidia de beso, hija. Y sonríes feliz y abres los ojos y estás en el dormitorio de tu casa en medio de un montón de ropa pensando que te pones por si lo ves. Que no le vas a ver, pava alelá, si vives en una ciudad de tres millones de habitantes y él está en la otra punta en diagonal de la  tuya. Chimpum. Me reí lo no escrito con ese momentazo. 

Nata tiene muchos "yo nuncas", como todos, claro está. Son cosas que ella jamás haría. Algunas por convicción, otras porque jamás se imagina que le podría pasar a ella. Es glorioso el momento en el que hay una persona que empieza a aparecer en su vida y de pronto él se presenta a la cita que tiene con ella ¡Con una camiseta de la selección Española de futbol!. Yo nunca saldría con un tipo que no solo tiene una camiseta de la selección Española de futbol si no que encima SE LA PONE! y no como camiseta para ir a dormir o andar por casa, NOOOOO, se la pone para salir con una tia!!. Tremendo. Nata. Yo tampoco. Yo tampoco saldría nunca con un tipo así. No os cuento como acaba por si lo queréis leer. Niñas, sobre todo, merece la pena.

Algunos de mis "yo nuncas" confesables: Yo nunca hablaría español con palabras en inglés como si se me hubieran escapado y fuera gilipollas (lo mismo para el catalán). Yo nunca sería tan intransigente para dejar de comer algo (huevo y leche sobretodo) por una cuestión de conciencia si no fuera por un tema de salud. Menuda gilipollez. Yo nunca haría yoga. Me pone de los nervios esa gente con su Ong, y su olor a incienso y su "te quedas relajadisimo". Relajadisimo de qué?. Yo nunca haría planes con otros padres solo porque mi hijo quiere estar con su hijo. Si hombre!, que mi hijo se adapte a mis amigos. Yo nunca querría a un perro como si fuera de mi familia. Un perro no es una persona. Yo nunca daré mi opinión a alguien sobre algo personal si no me la piden. Yo nunca me haré amiga de alguien en Facebook si no lo conozco en la vida real. Yo nunca le diré a mi hijo "porque lo digo yo y punto pelota". Yo nunca pondré una foto de Iker Casillas en mi perfil por mucho que España gane la Eurocopa. Antes muerta. Yo nunca me engancharé a una serie de zombies. Yo nunca cobraré en B. Yo nunca cambiaré en mis convicciones más básicas.  Yo nunca iré al psicólogo. Yo nunca te fallaré. Yo nunca tropezaré en esa piedra tan gorda dos veces seguidas. Yo nunca bailaré el Gangnam style. 

Alguno de mis "yo nuncas" que a día de hoy sigo cumpliendo: Yo nunca mataré a un ser humano. Yo nunca votaré al PP.

Feliz delirio de semana. Sed buenos y amables con vosotros. Con los demás os reflejareis.   

lunes, 30 de septiembre de 2013

Esa soberbia puñetera....

Tengo muchos, pero del que más me arrepiento, del que soy más consciente, del que cuando lo veo en alguien cercano a mí me repatea las tripas, el más odiado, el más enquistado en mí, de todos los pecados capitales, mi talón de pobre Aquiles es: la soberbia.

La palabra pecado también me enerva así que debería empezar a usar la palabra defecto en contra de virtud. Virtud no es eclesiástico, ¿o si? ¿Qué hay en la iglesia en contraposición a los pecados? ¿Nada? ¿Virtudes? Pero las virtudes son humanas, como los pecados. Si, pero los pecados, aunque humanos cometidos, son pecados por los ojos del Dios que lo juzga. Touché Dios. Solo cosas malas para castigar. (Aquí espero a un Enrique para debatir)  

Lo que me enrabia del tema eclesiástico es la culpa y el lenguaje. Me he criado en la cultura cristiana, apostólica y romana, por lo que mi lenguaje está plagado de Dios míos, Jesús, María y José, penitencia, santos, los nombrados pecados, arrepentimiento, confesión y un sinfín de palabras más del cotidiano día a día arraigadas en mi lengua y mi corazón.

Como últimamente escribo mucho y tengo un público de lo más diverso (en el blog, en face y en guasap) trato de cuidar mi lenguaje para no ofender cosa que no siempre consigo. Me cuido de mi lenguaje personal y del de los otros. Ahí me sale el puntito de soberbia castigadora justiciera (que no educadora) contra las faltas de ortografía de los otros. Me "carteo" con gente que ya acabó la escuela básica por lo que las faltas ortográficas son inaceptables (solo la canguro de Luc aún anda en el colegio y a ella le voy a dar un margen para empezar a tirarle de los pelos). El vocabulario se gana leyendo y eso no se le puede echar en cara a nadie. La falta de lectura, mi personal opinión, es directamente imputable a los padres. Si un hijo no ve que en su casa (que es su mundo real) se lee, si su madre jamás cogió un libro o un periódico delante de él, si por la noche no cayeron cuentos leídos con voces teatrales, entonces, ese niño, difícilmente será un niño lector y menos aun un adulto lector.

Los libros pierden lectores se pierden según estos crecen. Lo bueno es que, al crecer, los libros ganan escépticos, pacientes y permisivos. Esa tontada de que si cuando eres joven no eres de izquierdas, es que no tienes corazón y si a los 40 no eres de derechas, es que no tienes cabeza, obviamente la dijo uno de derechas.  Yo me debí dejar la cabeza en el culo pues cada día tengo menos de una y más del otro. (Esto va a levantar ampollas pero quien tenga ovarios o testículos que me lo discuta. No quedarse callados que yo lo hago público. No me da ninguna vergüenza). Mi mayor permisividad pasa por intentar ponerme en la piel del otro cosa que de adolescente jamás hacía. Pero... ¿de derechas? Jamás. Ni por la puta economía (perdón por la palabra economía)

La soberbia, de lo que iba este post. La soberbia me puede. Ese sabelotodismo que me rodea en alma y lenguaje corporal y verbal me mata a mí misma. ¿No me podré estar callada? Hoy analizaba una frase-opinión que di al azar y sin que me la pidieran sobre el gusto musical de una persona. Bueno. Me puse… que ni estuviera yo cursando bachillerato musical que empezó mi hermano Andrés. Lo mejor de la historia es que a la persona que le lanzaba mi perorata se la pelaba bastante mi opinión (musicalmente hablando). No me lo hizo saber en plan yo. No. Sonrió y siguió a la suya. Y yo me quedé con un “Pero bueno!!!” y unas ganas de seguir argumentando tremendas. Sencillamente para esa persona mi opinión no era válida ni estaba muy fundamentada (a decir verdad). A mí el gusto musical de esa persona me la pelaba bastante (siguiendo con el lenguaje soez y vulgar que me caracteriza, no nos pongamos muy académicos) así que ¿Cuál era el motivo de mi subida de gaseosa?  ¿Qué ganaba yo con aquello? ¿Me hacía bien ese aire de sabelotodo, autosuficiente y tratar a toda costa de quedar por encima del agua como el aceite? Ya puedo contestar (días después) que no. Quedé como la imbécil que soy. Esta persona de la que hablo ni se acuerda, seguramente, de la anécdota pero yo sí que me acuerdo. A la que le envenenó el comentario gratuito fue a mi.

Últimamente me analizo mucho. Los comportamientos, las emociones, los pensamientos, lo que está y lo que no está. Me sirve para darme cuenta de cómo de equivocada he estado durante 40 años y que al cambiar de opinión el mundo alrededor no se resquebraja (como cuando me hice vegetariana. Al 98% de los que estaban a mi lado se la peló, creo que solo le afectó a mi hijo), el mundo sigue su rueda que te rueda aunque yo ya no coma carne. "Ah, pues qué bien para ti". Suele ser el comentario mayoritario. Así que … si no pasa nada ¿para que muero en el intento de convencer y de demostrar mi supuesta superioridad?. ¿Y quién me ha dado el poder de ser yo la superior? Sólo y exclusivamente mi puta soberbia.

Ah! Queridos, reflexionemos. Yo me lo guiso yo me lo como. Bueno. Está bien lo que bien acaba. Reconociendo y agachando la testa una está mucho más guapa. Perdonándose y dejándose ser muuucho mejor.

Feliz lunes lunero de amor